George Sanders
65 años ()Su flema británica, mezclada con una pizca de misterio, le convirtieron en uno de los grandes secundarios del Hollywood clásico. A George Sanders se le conoce como el crítico teatral de “Eva al desnudo”, pero dejó para el recuerdo varias interpretaciones memorables. Imposible de encasillar, Alfred Hitchcock, Fritz Lang, Roberto Rossellini y Joseph L. Mankiewicz le sacaron buen partido en la pantalla.
Él mismo escribió en un libro autobiográfico que “El tres de julio de 1906, en San Petersburgo (Rusia), tenía lugar un hecho de importancia capital: un niño de asombrosa belleza y encanto infinito estaba a punto de nacer”. Tras el estallido de la Revolución Rusa en 1917, George Sanders viajó al país natal de su familia, Reino Unido, donde recibió su educación en el Brighton College. Después de graduarse, incursionó en el mundo laboral trabajando en una agencia de publicidad. Fue allí donde la entonces aspirante a actriz Greer Garson (inolvidable protagonista de La señora Miniver) le sugirió explorar la actuación, influencia que marcaría el inicio de su carrera en las artes escénicas.
En 1934, George Sanders empezó a destacar como aristócrata en Lloyd’s de Londres. Poca gente sabe que interpretó a Simon Templar, El Santo, mucho antes de que se pusiera en marcha la serie protagonizada por Roger Moore, en The Saint Strikes Back, The Saint of London y El nuevo caso del Santo (no fue el primero, Louis Hayward encarnó al personaje en Sombras de Nueva York). Dio vida a un oficial de la marina, junto a Edward G. Robinson en Confessions of a Nazi Spy, de Anatole Litvak, antes de que el maestro Alfred Hitchcock se fijara en él para dos personajes memorables, el primo de la fallecida lady De Winter (y atención, spoiler, también amante), en Rebeca, y el reportero Scott Folliott, en Enviado especial. Se puso tan de moda que protagonizó una nueva franquicia, iniciada con El intrépido halcón, donde da vida a un sagaz detective, Guy Lawrence, que volvería a interpretar en Los diamantes del halcón, El halcón inicia el vuelo y El hermano del halcón.
Otro de los grandes, Jean Renoir, le convierte en George Lambert, amante de Maureen O’Hara, arrestado por los nazis, en Esta tierra es mía. Y el mismísmo Cecil B. De Mille le hizo gobernador de Gaza, en Sansón y Dalila. Se le dio especialmente bien interpretar al único pirata, Bill Leech, que no sigue el juego a los ingleses, en El cisne negro, donde apenas se le reconoce con su peluca pelirroja. Bordó el papel de Miles Fairley, el mujeriego del que se enamora Gene Tierney, en la memorable El fantasma y la Sra. Muir de Joseph L. Mankiewicz. Este realizador le convierte también en Addison DeWitt, el tipo que cuenta todo sobre Eva, en Eva al desnudo. “Para aquellos de ustedes que no leen, que no van al teatro, que no escuchan programas de radio, que, en definitiva, no saben nada del mundo en que viven, será necesario que me presente: mi nombre es Addison DeWitt, y puede decirse que vivo en el teatro, aunque no intervengo ni actúo en él. Soy crítico comentarista, algo esencial para el teatro”. Por este trabajo recibió el Oscar al actor secundario.
Divorciado en 1959 de Susan Larson, se unió a la actriz Zsa Zsa Gabor, con quien protagonizó La muerte de un sinvergüenza. Después se casó con Benita Hume, viuda de Ronald Colman. Él mismo reconoció con ironía en sus memorias “Un sinvergüenza profesional” de 1960 que de las mujeres le atraía sobre todo su dinero. Quizás por eso se le daban bien los villanos, como Fedor Mikhailovich Petroff de Extraña confesión (Douglas Sirk, 1944). Le dio tiempo también a dar vida al mejor Lord Robert Darlington de El abanico de Lady Windermere, memorable adaptación de la obra de Oscar Wilde que rodó Otto Preminger.
En los años 50 continúa la buena racha de George Sanders, pues fue un contrabandista en Jack, el negro, codirigida por Julien Duvivier y el español José Antonio Nieves Conde, ladrón en El milagro del cuadro, de Richard Brooks, caballero templario en Ivanhoe, de Richard Thorpe, y sobre todo trasunto del director Roberto Rossellini, como esposo en crisis matrimonial de Ingrid Bergman en la magistral Te querré siempre. Con Fritz Lang dio vida a un lord, compinche de piratas, en Los contrabandistas del Moonfleet, y al responsable de una agencia de noticias en Mientras Nueva York duerme. Resulta increíble la cantidad de papeles de primera que dejó para el recuerdo George Sanders. Para los amantes del buen cine no pasó desapercibido su rol como hermano celoso del protagonista en Salomón y la reina de Saba, ni el profesor del clásico del terror El pueblo de los malditos.
En los 60 le llaman menos para el cine, así que se refugia en televisión en series como Viaje al fondo del mar o El agente de CIPOL, y hasta fue un villano, Mister Freezer, en Batman. Disney le reclutó para poner la voz al temible Shere Khan, en El libro de la selva. A finales de la década, George Sanders se enfrenta a una serie de tragedias personales, como las muertes de su hermano, de su madre y de Benita Hume, su tercera esposa. Además, atraviesa problemas financieros por una inversión fallida y le diagnosticaron Alzheimer, lo que le hunde en una terrible depresión. Llegó a contraer un matrimonio que duró 30 días con Magda Gabor, hermana de Zsa Zsa. A los 65 años pone fin a su vida, el 25 de abril de 1972, con una sobredosis de barbitúricos, en el Hotel Rey Don Jaime de Castelldefels (Barcelona). “Querido mundo, he vivido demasiado tiempo. Prolongarlo sería un aburrimiento. Os dejo con vuestros conflictos, vuestra basura y vuestro estiércol”, escribió en su desoladora nota de suicidio.
