Joaquim de Almeida
69 añosEl gran robaescenas
El representante más internacional del cine luso ha robado escenas a Harrison Ford, Marcello Mastroianni, Michael Caine y Richard Gere entre otros. Por su fluidez en diferentes idiomas, ha trabajado en películas de numerosas nacionalidades, pero siempre con la misma solvencia. Joaquim de Almeida acumula papeles memorables.
Nacido el 15 de marzo de 1957 en São Sebastião da Pedreira, Lisboa, Portugal Joaquim Antonio Portugal Baptista de Almeida –su nombre completo– es hijo de dos farmacéuticos. Estudió en el Conservatorio de la capital lusa, hasta que éste cerró sus puertas durante dos años, tras la revolución democrática de 1974. Tras un año en Viena, se mudó a Nueva York, donde se matriculó en Lee Strasberg Theatre and Film Institute. “Para pagarme las clases trabajé en un bar, y ahí tenía clientes de numerosas nacionalidades, así que aprendí varios idiomas, entre ellos el español. Eso luego me ha servido de mucho para trabajar en numerosos países”, comenta el actor.
Inició su singladura en el teatro, pero a diferencia de otros actores, Joaquim de Almeida se mudó en cuanto pudo al cine, y no echa de menos los escenarios. “Nunca fui un gran amante de este género, y desde hace muchos años no lo practico. Siempre estuve más interesado en trabajar frente a las cámaras. Las funciones nunca acabaron de convencerme, porque se acababa muy tarde. A mí siempre me gustó acostarme temprano y disfrutar de las mañanas”, confiesa. Al fin consiguió debutar en el cine en 1979, con American Man (Un hombre americano), drama que pasó desapercibido. Poco después, daría la campanada con Cónsul honorario, adaptación de la novela de Graham Greene, donde estaba acompañado por Michael Caine, Richard Gere y Bob Hoskins. Daba vida a León, sacerdote reconvertido en líder rebelde en Argentina. Dos ilustres cineastas italianos, los hermanos Taviani, le reclutaron para Good Morning, Babilonia, donde encarnaba a Andrea Bonnano, que tras el cierre de la cantera familiar viajaba con su hermano a Hollywood, donde ambos empezarían a trabajar para la industria del cine.
En los 90, Joaquim de Almeida se convirtió en habitual de las películas españolas, con títulos como El día que nací yo, El rey pasmado, El maestro de esgrima, Una estación de paso, y Sombras en una batalla. “Recuerdo con mucho cariño mis numerosos viajes a España de aquella época, porque llamé la atención de los mejores directores, que me daban papeles complejos”, explica. De ahí pasó a villano oficial de Hollywood, en filmes como Peligro inminente, donde bordaba al coronel Felix Cortez, que le ponía las cosas difíciles a Harrison Ford, y Desperado, donde se enfrentaba a Antonio Banderas. “No me gusta hacer de malo, pero en Hollywood siempre me quieren para eso”, reconoce. Fue también un almirante en Tras la línea enemiga, junto a Gene Hackman. Ofreció uno de sus mejores trabajos en la cinta francesa Sostiene Pereira, adaptación de la novela de Antonio Tabucchi, que protagonizó junto a Marcello Mastroianni. Daba vida a Manuel, camarero de un café que charla con el protagonista, un periodista cultural, sobre política. También brillaba como militar en Capitanes de abril, una de las pocas películas portuguesas que ha interpretado. “Me gustaría rodar más, pero en Portugal no se hace cine”, se lamenta.
Divorciado de Andrea Nemetz, con quien tuvo una hija, Ana, el actor se unió a Anne Rogoshan, y a Cecília Gonçalves, madre de Lourenço, su otro retoño. Ha dado vida a personajes reales, como en Che: Guerrilla se convirtió en el político peruano René Barrientos, y el padre Ferreira, cura local, en Fátima, de Marco Pontecorvo. Por otro lado, Joaquim de Almeida ha destacado en el terreno de las series, con una aparición memorable en 24 como Ramón Salazar, el despiadado líder de un cartel de la droga que es encarcelado y luego liberado por Jack Bauer, y en El ala oeste de la Casa Blanca, donde se convertía en Carlos Carrio, funcionario de la embajada argentina. Además, en Fast & Furious 5 se convirtió en uno de los villanos más recordados de la saga, Hernán Reyes, corrupto político brasileño. Acumula más de 140 títulos de crédito pero sigue rodando a buen ritmo. “Con los años evalúo las dificultades del papel. Cuando resultan muy complicados prefiero no aceptar, pero a veces me quedo ensimismado leyendo el guión, y al final digo que sí, sin importarme si lo voy a pasar mal”.
