Yves Montand
70 años ()Cantar y actuar, todo es empezar
Hay cantantes que actúan mal, y actores que cantan fatal. También están los que hacen lo que pueden, aunque sobresaliendo solo en uno de los dos terrenos. Yves Montand logró brillar cuando cantaba y también se convirtió en estrella de la pantalla gracias a un magnetismo especial, que solo unos pocos elegidos poseen.
Yves Montand nació con el nombre de Ivo Livi en 1921 en la localidad italiana de Monsummano Terme, en la Toscana, pero dos años después sus padres, de condición obrera, emigraron a Francia, en parte por sus simpatías comunistas que no casaban con el reciente ascenso de Benito Mussolini al poder. Era el más pequeño de tres hermanos. Instalados en Marsella, salir adelante no era fácil e Ivo, siendo aún un niño desempeñó oficios variopintos, aprovechando que aparentaba más edad, como repostero, ayudante de peluquería y trabajador en los muelles. Desde edad temprana le gustaba el cine y la música, y era un gran admirador de los números de claqué de Fred Astaire.
Con 17 años se convierte en animador de un music-hall, donde se atreve a cantar y hacer imitaciones de actores como Fernandel o de personajes de Walt Disney. Es en esta época cuando nace su nombre artístico. Ivo se transforma en el más francés Yves. Mientras que Montand será un homenaje a su madre, cuando le llamaba para subir a casa, “Monta”, aunque también podría verse como un apelativo premonitorio de su intención de crecer y hacerse un hueco en el mundo del espectáculo.
Yves se toma muy en serio sus posibilidades cantarinas, tomando clases de Marguerite Francelli, y no lo hace mal en el escenario, con el apoyo de Francis Trottebas, más conocido como Berlingot. Creerá en él el productor Émile Audiffred, y podrá desarrollar su carrera a pesar del estallido de la Segunda Guerra Mundial y de la necesidad de adaptarse al régimen de Vichy. En 1944 se instala en París y tiene un encuentro decisivo en su carrera, la cantante Édith Piaf, como la que también tendrá una relación sentimental. Podrá grabar su primer disco y cantar en el Teatro L'Étoile, además de debutar en el cine junto a ella con Étoile sans lumière (1946). Del mismo año es su trabajo a las órdenes de Marcel Carné Las puertas de la noche. De todos momentos en estos años es su carrera como cantante la que se consolida, con títulos míticos como “Las feuilles mortes” de 1949, y su asociación al pianista Bob Castella y al guitarrista Henri Crolla.
Casi por casualidad conocerá en 1949 a quien será el amor de su vida, la actriz Simone Signoret, la única mujer con la que se casó, y eso que en su vida abundaron los romances, entre otras con Marilyn Monroe, con la que rodaría El multimillonario (1960). Ella se divorció del director Yves Allégret, con quien tenía una hija. Juntos harían el montaje teatral de “Las brujas de Salem”, que también tuvo versión cinematográfica, y que se basaba en una obra de Arthur Miller, el marido de la Monroe.
De todos modos, quizá he adelantado acontecimientos, así que volviendo atrás hay que señalar 1953 como el momento en que Montand alcanzó el estrellato en el cine gracias al tenso thriller El salario del miedo, de Henri-Georges Clouzot, que triunfó en Cannes. También son momentos de crecer en ideas, para quien no había tenido una formación intelectual ni había pasado por la universidad. Su unión con Signoret supuso conocer, además de a Miller, a otros intelectuales de izquierdas, como Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Jorge Semprún, y artistas de vanguardia como Luis Buñuel. Y se le presentó junto a su esposa la posibilidad de viajar a la Unión Soviética y a los países de su órbita, para representar la obra de Salem. El chasco fue grande, pudo constatar los horrores del estalinismo que aplastaban movimientos como el de la Primavera de Praga, de modo que Montand acabó evolucionando con los años a posiciones más liberales. De todos modos esto no le impidió seguir siendo un artistas comprometido con la izquierda, como demuestran su filmes con Costa-Gavras, Z (1969), La confesión (1970) y Estado de sitio (1972). Y tiene joyas con grandes cineastas galos como Jean-Pierre Melville (Círculo rojo, 1970) o Claude Sautet (Ella, yo y... el otro, 1970).
Resulta impactante el thriller sobre un magnicidio presidencial I... como Icaro (1979), de Henri Verneuil, o el díptico rural de 1986 basado en Marcel Pagnol de El manantial de las colinas y La venganza de Manon. Poco antes, en 1985, había muerto su esposa de un cáncer de páncreas. En el rodaje del segundo film se une a su joven ayudante Carole Amiel, con la que tendrá a su único hijo, Valentin, que nace cuando el actor cuenta ya 67 años. Montand moriría inesperadamente de un infarto a los 70 años, cuando estaba en pleno rodaje del que sería su último film, IP5: L'île aux pachydermes, que llegaría a las pantallas en 1992.
