Michael Connelly es un popular escritor de best-sellers, emocionantes thrillers al más puro estilo John Grisham . Últimamente se habla de él porque
Michael Connelly es un popular escritor de best-sellers, emocionantes thrillers al más puro estilo John Grisham. Últimamente se habla de él porque se ha estrenado en Estados Unidos El inocente (The Lincoln Lawyer), film que en España llegará a las pantallas el 13 de mayo. Y también porque, listillos que son el hombre y sus editores, ha hecho coincidir el lanzamiento de la peli con el de su última novela, “The Fifth Witness”, o sea, “El quinto testigo”, que protagoniza el abogado Mickey Haller, o sea, el mismo personaje al que da vida en el film Matthew McCounaghey.
Y por cierto, que según cuenta con pelos y señales Alexandra Alter en The Wall Street Journal, Connelly ha aprovechado su nuevo libro para tener su particular ajuste de cuentas con Hollywood. Y es que el hombre, a pesar de lo prolífico de su producción literaria, no ha sido muy llevado al cine, apenas se puede señalar la peli de Clint Eastwood, no demasiado memorable, Deuda de sangre. El novelista tuvo la mala idea de vender los derechos de su personaje de papel más conocido, el detective de homicidios Harry Bosch, a la Paramount, para que hicieran películas... que nunca se hicieron. Así que Bosch ha dormido en el limbo años y años, para desesperación de Connelly, pues existen hasta 16 novelas del personaje. Finalmente ha llegado a un acuerdo con el estudio para recuperar los derechos, y está negociando una posible serie televisiva con la compañía sueca Yellow Bird, que está detrás de la adaptación de la trilogía Millenium y las andanzas del inspector Wallander.
En cualquier caso, Connelly se despacha a gusto en “El quinto testigo” con su experiencia hollywoodiense, o al menos la ha aprovechado sabiamente para su ficción. En efecto, el abogado Mickey Haller debe defender a una mujer acusada de matar al tipo que iba a ejecutar la hipoteca que pesaba sobre su casa. Para financiar los costes del juicio, Haller tiene la idea de vender los derechos del caso a un estudio de Hollywood; pero descubre que su cliente se le ha adelantado con la misma idea, con lo que se plantea demandar al estudio por fraude. Divertido guiño, Haller tiene al mismo agente hollywoodiense que Connelly, Joel Gotler.
