Visto que las películas de Oliver Stone suelen estar bastante escoradas hacia posiciones izquierdistas, con críticas a la actuación gubernamental de su país durante la guerra de Vietnam, las teorías de la conspiración del asesinato de Kennedy, o su vitriólico retrato de Nixon, no sería descabellado pensar que su próximo trabajo, W, dedicado al actual inquilino de la Casa Blanca George W. Bush, va a ser demoledor.
Sin embargo Stone, tal vez cara a no ahuyentar a determinada ala del público, intenta mostrarse comedido a la hora de explicar sus intenciones. Según explica a Entertainment Weekly –cuyo último número muestra en portada a los actores Josh Brolin y Elizabeth Banks caracterizados como el presidente y su esposa Laura–, “Bush quizá resulte ser el peor presidente de la historia. Creo que la historia le juzgará muy duramente. Pero eso no significa que la historia de su vida no sea interesante. Es casi capriana, la historia de un tipo que se encontraba con unos talentos muy limitados, exceptuado el de saber venderse. El hecho de que se sobrepusiera a la sombra de su padre y al peso del apellido familiar… no puedes dejar de admirar su tenacidad. Hay una cualidad en él casi de Andy Griffith, el personaje de Un rostro en la multitud. Si Fitzgerald viviera hoy, podría ser que escribiera de él. Es como una especie de reverso de Gatsby.”
Desdse luego tanta explicación y fuentes de referencia resultan apasionantes, aunque siempre queda la duda de hasta qué punto Stone quiere emular al Michael Moore de Fahrenheit 9/11 y sabotear al candidato presidencial republicano, John McCain, en la cita electoral del 4 de noviembre de 2008. El director quiere huir en cualquier caso de la inevitable imagen oportunista, y declara una y otra vez que simplemente le fascina la historia, y que él no va contra nadie. Es de suponer que Bush se quedaría la mar de contento si Stone le trata con la misma deferencia que a Fidel Castro en sus documentales sobre el dictador cubano…
En un mundo cinematográfico donde toda película que se precie de superproducción debe incluir abundante parafernalia digital, y un montaje brioso donde los planos pueden durar, como te descuides, microsegundos, es una verdadera bofetada moral que Steven Spielberg confiese que su inspiración para las películas de Indiana Jones proviene de… ¡el cine cómico mudo! Dice el cineasta en el New York Times que ha hecho las escenas de Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal tomando como referencia el slapstick, el modo de hacer de Charles Chaplin, Buster Keaton y compañía: “Todo debe suceder ante los ojos del espectador, sin ningún corte”, pues “cada vez que la cámara cambia el ángulo, tienes la sensación de que algo va mal, de que te van a engañar con lo que sigue”.
Así que el secreto al que los genios de antaño se ceñían casi por obligación –rodar planos largos y arriesgados, donde el público tenía la seguridad de que esas acrobacias y persecuciones ocurrían de verdad–, es también la fórmula Indiana Jones: “No hay ilusión; lo que ves es lo que pasa. Mis películas nunca están montadas de forma frenética, como muchos títulos de acción hoy. (…) Para imprimir la comedia que quiero para los filmes de Indy, hay que hacerlo a la antigua usanza. He estudiado mucho las viejas películas que me hacían reír, y tienes que escenificar las cosas en planos enteros, y dejar que el público edite. Cada plano es como si fuera un número de circo.” Pues eso, que tomen nota los directores modernillos, capaces de agotar a cualquiera.
La moda de revisitar la propia obra cinematográfica crece y crece… Ahora le llega el turno al hongkonés Wong Kar Wai, que va a presentar en Cannes la nueva versión del film Ashes of Time, que originalmente data de 1994, y que para la ocasión ha rebautizado como Ashes of Time Redux (las cenizas del tiempo reconducidas). Se trata curiosamente de la misma denominación que utilizó otro asiduo y premiado en Cannes, Francis Ford Coppola, que entregó una versión ampliada de Apocalypse Now con el título Apocalypse Now Redux. Como saben los seguidores de Wong Kar Wai, se trata de una historia de artes marciales, donde contó con algunos de sus colaboradores habituales, como el actor Tony Leung, o el director de fotografía Christopher Doyle. Por lo que se ve el director no quedó contento con la versión que llegó a los cines, y ahora por fin va a poder presentar una a su completo gusto.
Como digo, no es el primer cineasta que sigue esta tendencia. Un abonado a la cosa de dar vueltas a la propia obra es sin duda Ridley Scott, de cuyo Blade Runner se conocen más versiones que del chiquilicuatre ése. Últimamente, de cada peli que hace ofrece luego una versión diferente en DVD, ahí están para probarlo la reciente American Gangster, pero también El reino de los cielos o Gladiator.
Desde luego, los hay entusiastas. No seré yo quien niegue que Iron Man es una película entretenida, y hasta puede que más que la media (siempre que admitamos que dicha media no es para tirar cohetes). Lo que me parece un poco fuertecillo es que salga el crítico de Entertainment Weekly, Ken Tucker, y postule la película para los Oscar. Y no se refiere el tipo a los premios técnicos, esos del Oscar al ruido más estruendoso (categoría en la que sin duda merece un galardón), sino a los apartados más importantes. Lo curioso es que el tal Tucker, un hombre con un sueño que parece una pesadilla, justifica la cosa recordando que los últimos años las ceremonias de entrega de los Oscar las ve muy poquita gente, y piensa que tal situación podría remediarse de premiar a las películas de verano de gran presupuesto de los estudios. “Eh, Hollywood y Academia”, dice Tucker en plan gran descubrimiento y tal. “Echad un vistazo más en serio a los peliculones veraniegos. Y tomáoslos, ejem, en serio. En lo que a mí concierne, la interpretación de Downey debería estar presente en cualquier lista breve de potenciales nominados al Oscar.” Pues nada, ahí queda eso, después de rebajar de envergadura a las películas que hacen los estudios, el siguiente paso es convertir la estatuilla dorada en estatuilla de hierro.
El último alarde de imaginación de Hollywood, aún no exprimido del todo su habitual recurso al terror oriental, es la adaptación de películas y series de animación japonesas. Los productores de turno se han dado cuenta del éxito de los Pokémon y demás, de que hay muchos fans del manga y sucedáneos; y se aprestan a convertir aquello en pelis con actores reales, esperando que el público vaya en manada a verlas. Ha abierto la nueva temporada Speed Racer, de los hermanos Wachowski, basada en la serie Meteoro (1967). Pero que nadie piense que se trata de una isla en el océano cinematográfico. Pronto aquello será un archipiélago tan poblado que resultará difícil distinguir el agua. Leonardo DiCaprio va a producir dos películas basadas en Akira. Y Steven Spielberg va a hacer lo propio con Ghost in the Shell. También está por llegar la versión hollywoodiense de Dragonball, con Justin Chatwin y Emmy Rossum.