12/03/2012
por José María Aresté

Un libro dirigido a actores o aspirantes a serlo no puede ser por menos de provocador con semejante título, absolutamente paradójico. En efecto, Harold Guskin invita con sus consejos a crear los personajes con la guía del instinto, evitando cualquier cosa parecida a la sobreactuación.
Cómo dejar de actuar (Harold, Guskin, Alba, 275 págs)
Quien escribe estas líneas no es actor, a no ser que se considere que todos los seres humanos, en cierta medida lo somos, cosa por otra parte bastante cierta. En cualquier caso, uno observa varias cosas en este entretenido e instructivo libro escrito por un profesional en el entrenamiento de actores como es Harold Guskin. Por un lado, algo muy de agradecer, no está escrito contra nada ni contra nadie. Considera el autor que cada actor debe encontrar su propio método para lograr las mejores interpretaciones, no existen sendas únicas, hay que estar abiertos para encontrar la que mejor sirve a cada cual. Es más, reconoce Guskin su deuda con el mítico Konstantin Stanislavsky y su invitación a la introspección, marcando objetivos y el superobjetivo en un personaje, y buceando en experiencias personales que puedan ayudar a la composición. Pero dicho esto, él propone una aproximación más fresca, guiada por el instinto, donde el actor debería lograr seguir siendo él mismo a la hora de encarnar a un personaje, con la meta siempre en mente de arrancar a ese personaje del texto y hacerlo propio.
Dicho así, lo que propone Guskin parece sencillo de decir y muy complicado de hacer. Pero es su forma de trabajar, consistente en buscar la verdad del personaje, decir las frases con naturalidad sin engolamiento, aspirando y espirando aire, pensando qué estado anímico lleva a decir las cosas, pero sin construcciones teóricas, sino dejándose llevar por lo que surge en cada lectura o en un ensayo, en un proceso de exploración donde no se deben poner cortapisas o crear barreras artificiales basadas en lo que se supone que debe ser un personaje.
Tengo la sensación de que aprovechará mejor este libro el actor con algo de experiencia, que tal vez se encuentra empantanado en su proceso creativo, que ve sus actuaciones algo artificiosas. Porque verá que Guskin entiende sus desafíos y les da respuesta con múltiples y atractivos ejemplos de algunos de los actores que han trabajado con él, como Kevin Kline, Glenn Close, Bridget Fonda, Peter Fonda y Matt Dillon. Hay ejemplos muy gráficos, algunos conmovedores, como la explicación del gran trabajo que hizo Peter Fonda en El oro de Ulises, en que logra atrapar la "pena tierna" de su personaje viudo cuando prepara a su invitada una taza de té con un unas tazas y cucharillas que habían permanecido largo tiempo sin ser usadas.
Guskin no es un teórico, sino que con entusiasmo y convicción ofrece consejos prácticos acerca de la mejor actitud a la hora de acudir a una audición, el modo de pelear por ese papel con el que alguien ha soñado toda su vida, o los casos particulares del cine y la televisión. Propone muchos ejercicios para ganar en confianza basados en textos de teatro, y da consejos tan sabios como el que sigue: "Evitad desperdiciar vuestra energía con una dedicación excesiva a 'la industria'. Concentraos en evolucionar como actores y como seres humanos.". Al final, añadiría yo, creo que leyendo la mente de Guskin, importa sobre todo ser buenas personas.
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