18/05/2011
por José María Aresté
Abundan los libros con todo lo que hay que saber sobre la escritura de guiones cinematográficos. Son en cambio más raros, al menos en España, los dedicados específicamente a la concepción de series televisivas. Por eso este libro de la profesional Pamela Anderson viene a cubrir una importante laguna.
Cómo escribir una serie dramática de televisión (Pamela Douglas, Alba, 421 págs)
Dos razones a mi juicio explican la poca abundancia de libros que ofrezcan herramientas para escritores de series televisivas. Tradicionalmente la pequeña pantalla se ha considerado el destino del aspirante a guionista de cine que no lograba realizar su sueño, y se veía obligado a desempeñar un oficio de segunda, los apresurados guiones que exige una serie televisiva, siempre necesitada de nuevos capítulos. Por otro lado, se tendía a pensar que si uno sabe escribir para cine, también sabrá hacerlo para tele, y aunque evidentemente algo de cierto hay en tal idea, no es exacta ni mucho menos, las características de una película cerrada y una serie que puede emitirse durante varios años, son evidentemente diferentes.
Pero está claro que en el imaginario creativo actual existe la idea de que el cine de Hollywood se ha adocenado, repitiendo siempre las mismas fórmulas, mientras que el terreno televisivo permite experimentar con todo tipo de “cultivos”, historias sorprendentes arriesgadas. Ahí están para demostrarlo Los Soprano, Urgencias, Policías de Nueva York, 24, El ala oeste de la Casa Blanca, The Wire, Dexter, Perdidos, por citar sólo unos pocos títulos de indudable calidad. Y como una serie se prolonga en el tiempo, cuenta con múltiples personajes que evolucionan paulatinamente, exige escribir deprisa y lo que se escriba debe poder rodarse deprisa, etcétera, hay muchos elementos específicos que merecen ser detallados.
Es lo que hace Pamela Anderson con el conocimiento que le brinda haber trabajado como editora de historias televisivas, y su condición de profesora, que le permita usar bien las herramientas pedagógicas. Por ejemplo proponiendo tramas descabelladas, o escenas que cualquier ejecutivo televisivo tumbaría inmediatamente, recurso de reducción al absurdo que funciona muy bien para luego proponer soluciones adecuadas.
La autora, que deja a un lado las sitcoms y aborda exclusivamente las series dramáticas, se pone en el lugar del lector, y hace bien. Y se pone en el lugar de quien debe aprobar una serie, y también hace bien. Da todos los puntos de vista, de modo ameno. Y ofrece ejemplos ilustrativos, resultan iluminadores los casos de Policías de Nueva York. Anderson alterna lecciones teóricas, la propuesta de herramientas como las plantillas, los ejemplos, y las entrevistas con exitosos creadores de series como Steven Bochco o Damon Lidenlof. También distingue las series cuyas tramas principales y secundarias se prolongan en varios episodios, de las procedimentales, tipo CSI: Las Vegas y parientes, en que mayormente domina un caso forense que se cierra en cada episodio.
Está claro que el espectador llega a conocer a los personajes de una serie, lo que obliga a los guionistas a saber escuchar su voz, lo que hacen o podrían hacer, y lo que nunca harían. Esto no quita que se pueda sorprender con una salida inesperada, pero hay que saber moverse dentro de lo razonable. Abundan los consejos prácticos, ya sea a la hora de escribir un piloto, de soltar un argumento que uno ha creado pero que no llegará a desarrollar, o de tratar temas que uno conozca o pueda llegar a dominar. Es evidente que la autora piensa sobre todo en el mercado americano, pero mucho de lo que dice tiene una validez universal.
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