13/02/2012
por José María Aresté

Puede que sea una buena noticia para la justicia en España, pero el reciente nombramiento de Eduardo Torres-Dulce como el Fiscal General del Estado va a privar a los cinéfilos, durante una temporada, de los inteligentes comentarios de este gran conocedor de las películas. Por fortuna, podemos degustar su reciente libro fordiano "Jinetes en el cielo".
A la hora de publicar libros de cine en solitario, Eduardo Torres-Dulce se hace esperar, queda ya lejana la aparición de su estupenda obra “Armas, mujeres y relojes suizos”. Todos los que le conocemos sabemos de su amor por John Ford, de modo que no extraña saber que ha estado dedicado durante años a rastrear y recoger material con idea de dar a conocer las bases literarias del cine del irlandés, y que sus múltiples ocupaciones no le han permitido seguir la tarea con tanta atención como hubiera deseado. También, reconocido que existen obras, si no definitivas sobre Ford, sí muy exhaustivas y con manejo de interesantísima documentación, se ha decidido finalmente a centrar el tiro en las películas que conforman la llamada trilogía de la caballería, o sea, Fort Apache (1948), La legión invencible (1949) y Río Grande (1950). En su momento, octubre de 2000, yo me atreví a dedicar un artículo a este tema en la revista Cinerama, que entonces dirigía, pero, admitámoslo sin ambajes, la obra de Torres-Dulce es de otra categoría, resulta apabullante, no sólo en datos y conocimiento directo de los relatos de James Warner Bellah en que se basó Ford, sino también en sus ricas consideraciones acerca de la mirada única de este grandísimo cineasta.
De modo que, por supuesto, el objeto central del libro de Torres-Dulce es la susodicha trilogía, pero eso no impide apoyar sus afirmaciones con referencias a otros títulos de Ford, que conforman hechos como su respeto y consideración de los indios (Sargento negro) o su sentimentalismo irlandés y su espiritualidad católica (Los tres padrinos, cuyo se encajó entre Fort Apache y La legión invencible; El joven Lincoln y El juez Priest, con las visitas a las tumbas familiares, algo presente en La legión invencible).
Escribe el autor sin complejos, al igual que Ford rodaba sin complejos. Torres-Dulce comparte la gran humanidad del cine de Ford y sus valores, tan bien representados en el marco de la vida cotidiana en un puesto fronterizo, con el cumplimiento del deber y la fidelidad a las tradiciones, el espíritu de sacrificio y el aprecio de la vida hogareña. En ese compartir la mirada crítica a la perturbación que puede venir de los llegados del Este, se podría detectar una alusión velada del autor a la alteración producida por la modernidad, mucho más recientemente, a hábitos y actitudes que hoy, algunos, consideran anticuados.
No es éste el sitio para desgranar todas las propuestas e intuciones de Torres-Dulce con su mirada a la trilogía, pero vale la pena poner el acento en sus consideraciones sobre la puesta en escena, la concepción de la narrativa de Fort Apache como una serie de interrupciones, o su calificación de La legión invencible como road western movie de trazos impresionistas, una audacia para describir a alguien al que tanto influyó estéticamente el expresionismo. También sabe llamar la atención sobre el anticipo en Fort Apache al “Print the Legend” que se pudo ver en El hombre que mató a Liberty Valance. Y en Río Grande destaca los temas tan fordianos de la construcción y reconstrucción de la familia, y de las heridas del amor perdido.
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