10/11/2011
por José María Aresté
Apasionante libro autobiográfico del coprotagonista de Feliz Navidad Mr. Lawrence y músico y compositor de bandas sonoras inolvidables como las de El último emperador o Tacones lejanos.
Obra autobiográfica del compositor japonés Ryuichi Sakamoto (Tokio, 1952), se trata de un breve libro de memorias, que cobra forma a partir de las entrevistas que el director de la revista Engine, Masafumi Suzuki, mantiene con él. Libro que se lee con mucho agrado, su estructura recuerda un poco a las memorias de otro ilustre compatriota, Akira Kurosawa, que las publicó bajo el título de “Casi una autobiografía”. En efecto, de modo más o menos cronológico, y con apartados más o menos breves donde hay sabrosas anécdotas, Sakamoto desgrana sus recuerdos con frases claras y sencillas. Y revela cómo desde niño muestra aptitudes para la música, aunque él hasta mucho más tarde no se planteará una dedicación profesional en este terreno, aún queda mucho para su inmersión futura en la música étnica y electrónica.
Hay encanto en saber como de chaval juega a La gran evasión, Steve McQueen es un referente canónico de belleza para él. Su primera obra musical nace de un proyecto escolar, cuidar a un conejito. Descubre a Bach, Debussy, los Beatles. Con una profesora aprende a tocar el piano. Pero lo cierto es que Sakamoto no exhibe la típica pose de quien asegura que siempre supo que lo suyo era la música. Incluso menciona que la dejó una temporada, o que dudaba emprender estudios de este tipo porque podía ser una carga onerosa para su familia. El autor habla de las luchas estudiantiles en torno al 68, que le tocan de lleno, de sus lecturas muy de la época, incluido “El manifiesto comunista”, de sus ligues juveniles. Y también de su acercamiento al cine, disfruta con las películas de Ken Takakura, y con el estilo rompedor de Jean-Luc Godard, quizá el descubrimiento del cineasta va parejo a su propia evolución en el gusto musical. Confiesa Sakamoto que le encantaba el cine de Yasujiro Ozu, pero que coincidía con Toru Takemitsu en pensar que ambos algún día deberían reescribir la música de sus películas.
Hay sinceridad en su descripción de un encuentro primerizo con música vanguardista: “La música que interpretaron era como si Yuji Takahashi lanzara dentro del piano una pelota de béisbol y esta fuera sonando al rebotar por dentro. Y como si un despertador sonara dentro del piano.” A la sorpresa seguiría la mente abierta a sonidos insospechados, y al minimalismo. Aunque matriculado en la tranquila Facultad de Música, Sakamoto frecuentaba la de Bellas Artes, más movidita con las revueltas universitarias. Por supuesto, el autor dedica páginas a la gestación de la YMO, la Yellow Magic Orchestra, que impulsó en 1978 con Haruomi Hosono y Yukihiro Takahashi, de la que surgen discos y conciertos, un amplio reconocimiento.
Para el cinéfilo resultan especialmente interesantes las páginas dedicadas a Feliz Navidad Mr. Lawrence (1983), película de Nagisha Oshima. El director le pidió que actuara en el film, y él le dijo que vale, pero que también quería componer la música, algo a lo que accedió, pese a que su experiencia en bandas sonoras era nula. De hecho pidió consejo al productor Jeremy Thomas, que le aconsejó se preparara viendo Ciudadano Kane. Por supuesto la conexión Thomas permitió el encuentro con Bernardo Bertolucci, para quien haría un buen puñado de bandas sonoras, entre ellas la oscarizada El último emperador (1987). Curiosamente al principio en este film sólo iba a tener un pequeño papel como actor, pero acabó componiendo una estupenda partitura, aunque admite con humildad que “no sé qué música ni cómo se tocaba en aquella época...”; y como Bertolucci le dijo “el escenario es China, pero es una película europea” trabajó con tal pauta.
Señalaré finalmente que Sakamoto alude a 1992 como su “Spanish Year” por su colaboración con la música de la Olimpiada de Barcelona, y su trabajo para Pedro Almodóvar en Tacones lejanos.
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