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Elefante blanco

Elefante blanco

110 min. | Drama

Público apropiado: Jóvenes-adultos

6/106/10

Recomendar (113) | No recomendar (73)

Año: 2012

País: Argentina, España

Dirección: Pablo Trapero

Intérpretes: Ricardo Darín, Martina Gusman, Jérémie Renier

Guión: Pablo Trapero, Alejandro Fadel, Martín Mauregui, Santiago Mitre

Música: Michael Nyman

Fotografía: Guillermo Nieto

Distribuye en cine: Altafilms

Distribuye en otros formatos (DVD, Blu-ray): Paramount

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Principales intérpretes

Contenidos (de 0 a 4 ¿qué es esto?)

Acción 1 | Amor 3 | Lágrimas 2 | Risas 0 | Sexo 2 | Violencia 2

Sinopsis oficial

Elefante blanco

La historia de amistad de dos curas, Julián y Nicolás, que tras sobrevivir un intento de asesinato por parte del ejército durante su trabajo en Centroamérica, se asientan en una barriada de Buenos Aires para desarrollar su apostolado y labor social.

Allí conocen a Luciana, con quien lucharán mano a mano contra la corrupción, mal endémico de la zona. Su trabajo les enfrentará a la jerarquía eclesiástica y a los poderes gubernamentales y policiales arriesgando su vida por defender su compromiso y lealtad hacia los vecinos del barrio.

Galería de imágenes

Crítica decine21.com

6/106/10

La misión del siglo XXI

“Elefante blanco” es el nombre con el que se conoce un gran hospital en Ciudad Oculta, una barriada deprimida de Buenos Aires, que nunca terminó de construirse pese a las promesas de varios gobiernos, y que sólo sirve para que recalen allí los sin techo y los drogadictos. Trabaja como párroco de la zona Julián, que cuida con caridad de sus fieles y realiza una importante labor de promoción junto a otros sacerdotes y la asistente social Luciana, impulsando la construcción de viviendas populares. Se sumará al grupo Nicolás, un sacerdote buen amigo de Julián, traumatizado por la matanza que se produjo en una aldea en la selva en la que ejercía su ministerio, como no pudo hacer nada arrastra cierto complejo de culpa. Julián piensa en Nicolás como su sustituto para un futuro quizá no tan lejano, pues se encuentra gravemente enfermo. Pero resulta imposible controlar y preverlo todo: la violencia del entorno, la falta de recursos que debería aportar el obispado, la debilidad de la carne, la necesidad de afecto que todos tenemos, el silencio de Dios y las paradojas de la existencia humana, nos llevan por caminos inesperados.

Ambiciosa película de uno los cineastas argentinos de mayor prestigio, Pablo Trapero (El bonaerense, Leonera, Carancho), también coautor del guión. En la producción se encuentra Juan Gordon, que anduvo detrás de También la lluvia, lo que no parece casual, pues ambas películas plantean las dificultades para que cale el mensaje social de la Iglesia. Las andanzas de los curas protagonistas se inspiran en un sacerdote auténtico, Carlos Mugica, creador de la iglesia de Cristo Obrero, asesinado a tiros en 1974, y que rezaba la oración “Señor, quiero morir por ellos, ayúdame a vivir para ellos”, citada varias veces en el film.

Se puede decir que Elefante blanco tiene puntos a su favor y en su contra. En el primer apartado destaca el formidable diseño de producción, se trata de una película de envergadura, con elegantes planos secuencia, y algunas escenas de acción muy dinámicas y bien coreografiadas. Trata además un tema serio, y lo hace de forma seria; resulta altamente llamativa la ausencia de de cualquier cosa parecida al maniqueísmo, en la narración vemos seres humanos creíbles con virtudes y defectos, sean los sacerdotes “a pie de obra”, la asistente social, el obispo, los obreros, los drogatas, la policía, los mafiosos... Ninguno es una caricatura de sí mismo, lo que resulta muy de agradecer.

Por supuesto en Elefante blanco se centra el tiro en unos personajes, tres: Julián (Ricardo Darín, en su buena línea habitual), el sacerdote enfermo, piadoso y preocupado por todos, unido a su obispo pero impaciente, cuya fragilidad se hace patente al escuchar una curación milagrosa atribuida al padre Mugica, pues para él su tumor progresa; Nicolás (Jérémie Renier, creíble en su evolución, aunque ésta sea medianamente previsible), el sacerdote recién llegado de la selva, que ha sufrido una verdadera crisis que le hace ansiar la acción y un afecto humano palpable, que se pueda tocar; y Luciana (Martina Gusman, la que más díficil lo tiene, los rasgos de su personajes son más simples, aparte de que le toca ser mirada como la esposa de Pablo Trapero), que parece moverse sólo por noble motivos humanos, a la que intriga qué puede llevar a dos hombres como Julián y Nicolás a renunciar a una vida más cómodo, y que vivirá una aventura amorosa de porvenir dudoso.

Y sin embargo... Hay algo cansino en la narración de Elefante blanco, que parece avanzar con el paso pesado típico de este animal. De modo que se trasluce una sensación de reiteración, de dar vueltas a lo mismo, tal vez con la intención de crear la deseada atmósfera opresiva, fatalista, de lo difícil, casi imposible, que resulta cambiar las cosas, aunque no falten las buenas intenciones. También existen algunas soluciones de guión algo elementales, como el modo de precipitar las cosas hacia un final algo forzado, aunque, es justo reconocerlo, existe un esfuerzo real por evitar el tópico.


Comentarios de los usuarios (4)

7/10  7/10

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5/10  5/10   Chemy | 21/01/2013 22:14

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Empiezo por decir que el papel de cura le pega a Ricardo Darín como a un Cristo dos pistolas,aunque, como es un actorazo, lo salva con elegancia y dignidad; tengo la impresión de haber visto una historia incompleta,muy llena de imágenes,muy bien rodada, pero carente de chispa; a éste relato le falta alma (cosa cueriosa teniendo en cuenta que los protagonistas son curas); la relación amorosa entre el Padre Nicolás y la Asistente Social se ve venir de lejos, y cuando llega, uno se derrrumba, porque de nuevo se recurre al tema manido y vulgar: el sexo entre el cura enamorado y la atractiva amiga que trabaja con el; creo que se podía haber dado otro giro a la historia sin necesidad de caer en lo ordinario; cierto que la peli no se ceba en la historia amorosa, sobre la que pasa con cierto decoro, y se centra mas bien en las dudas y vacilaciones del Padre Nicolás, atormentado por sobrevivir a la masacre con la que la historia da comienzo, y vocacionalmente poco curtido como para resistir las tentaciones de la guapa Asistenta Social; aparte de ésto y de cierto trasfondo político del relato, el film está bien rodado; refleja con total fidelidad el ambiente barriobajero y suburbial de un barrio de Buenos Aires, y traslada al espectador con frialdad estudiada los crimenes, odios y venganzas que alli se cuecen, y de los que acaban por ser víctimas también los curas. Sin un final definido, como si no se supiera concluir el particular drama de los protagonistas, la película queda como un interrogante, un poco vacia, como sin chispa.....

8/10  8/10   e.munoz | 02/08/2012 17:43

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peli que llega y azota la conciencia. sabes que hay cosas que están bien y que están mal, pero entiendes a quienes hacen ambas cosas. xq son personajes-personas. no hay espacio para el juicio facil, o externo. cada personaje es parte de ti, y te sacude la conciencia. viva el cine argentino.

6/10  6/10   kierkegaardunamuno | 26/07/2012 11:18

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Lo mejor: Ricardo Darín, simplemente perfecto. Lo peor: el filme, está un tanto deslavazado y se ve a trompicones.

7/10  7/10   toupaipai | 15/07/2012 18:47

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Debo confesar que nunca hasta ahora me he sentido especialmente atraído por el cine social, o más bien, por su representación más aceptada y común en estos días. No sé todavía si se trata de un rechazo de plano al cine de denuncia, a la utilización del celuloide como arma arrojadiza política. Al fin y al cabo, siempre he preferido los thrillers a pie de calle de Sidney Lumet que con la militancia de Ken Loach o la pose fatalista de Iñárritu que, ideologías aparte (y pese al formidable talento con la cámara del segundo), siempre se me ha antojado afectada de un falso objetivismo que, puesto en primer término como está en aquellos, simplemente me saca de la película, cuando no de mis casillas.

Sin embargo, el argentino Pablo Trapero consigue a cada paso obnubilarme con la inmediatez (elaboradísima y nada casual) que transmite su puesta en escena, repleta de espectaculares y expresivos planos secuencia; atraparme con su capacidad para informar gracias a su talento para crear ambientes, y a partir de eso de llevarme a su territorio ideológico (a menudo irreprochable) mediante cintas de ficción dinámicas, oscuras y palpitantes. Lo consiguió en la extraordinaria Carancho y lo ha vuelto a hacer en Elefante Blanco, un drama que denuncia las lamentables condiciones de vida de 30.000 personas en una barriada de Buenos Aires, y los heroicos esfuerzos de dos párrocos en plena crisis personal, interpretados por Ricardo Darín y Jeremy Renier (precisamente un actor vinculado al realismo experimental de los Dardenne), para cambiar un ápice de esa situación.

Al igual que en Carancho, Trapero narra la lucha de los dos protagonistas como si se tratase casi de una cinta bélica, una buddy-movie fatalista, un relato policiaco ambientado en esa olla a presión que es el elefante blanco del título, un barrio marginal inacabado y repleto de bandas de delincuentes. Elefante blanco es un drama social narrado con la tensión de un thriller, poblado por unos personajes a los que pillamos con el pie cambiado y en pleno momento de debate interno, siempre insertados en un mundo real en proceso de descomposición. Pero lo que brilla es su talento para crear lugares y ambientes verosímiles sin ofrecer la impresión de que nos encontramos ante un ejercicio de estilo.

El comienzo de la película es, en este sentido, formidable: en un puñado de planos, Trapero se las arregla para presentar a ambos curas con una música de tensión ascendente que a un servidor le recordó al más siniestro Carter Burwell, el músico de la particular épica de los hermanos Coen. Poco después, el argentino recurre a uno de sus brillantes planos secuencia para presentarnos el Elefante Blanco del título, que es como se denomina a la gigantesca barriada que hacina a miles de personas en las afueras de Buenos Aires. Y pese a su deuda realista, Trapero muestra un dominio simbólico y visual digno de un Spielberg: en otro momento de la cinta, y de nuevo mediante un estupendo plano secuencia, Nicolás (Renier) debe rescatar el cuerpo sin vida de un vecino en manos de una banda rival, para lo cual debe atravesar varias puertas y estancias como si de un descenso al infierno se tratase.

No obstante, Elefante Blanco resulta un filme menos compacto que Carancho. El romance entre Renier y Gusman es quizá un inserto necesario, pero no deja de ser eso, un inserto que alarga un poco más la película. Trapero sabe mostrar muy bien la crisis de fe de los dos héroes, pero por el camino incurre en alguna contradicción en cuanto a sus posicionamientos. No obstante, incluso en esos titubeos de fondo –la religión es un peso muy grande que Trapero no sabe muy bien si tocar-, el realizador cuenta con la presencia de Ricardo Darín, un actor cuyo carisma y aplomo -no tengo ninguna duda- es el de una estrella de cine.

DVD / Blu-ray Disc

Distribuye: Paramount

Extras: Español 5.1. Entrevistas.

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