90 min. | Documental
Público apropiado: Jóvenes
6/10
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Año: 2010
País: Alemania, Canadá, EE.UU., Francia, Reino Unido
Dirección: Werner Herzog
Argumento: Judith Thurman (Artículo)
Guión: Werner Herzog
Música: Ernst Reijseger
Fotografía: Peter Zeitlinger
Distribuye en cine: Wanda
Distribuye en otros formatos (DVD, Blu-ray): Cameo
6/10
El arte de ayer y de siempre
En 1994 un equipo de científicos liderado por Jean-Marie Chauvet descubrió una cueva junto a Pont D’Arc, en el sur de Francia, que albergaba en su interior pinturas rupestres de gran belleza, antiquísimas y en perfecto estado, ya que el lugar habría quedado sellado por causas naturales hace miles de años. Bautizada como cueva Chauvet en honor a su descubridor, el cineasta alemán Werner Herzog obtuvo quince años después los permisos necesarios para rodar en su interior con cámaras 3D, todo un privilegio ya que el lugar es de acceso restringido por razones de conversación, y porque los expertos siguen trabajando sobre lo allí encontrado.
Auténtico especialista en rodar documentales desafiantes y extremos, La cueva de los sueños olvidados aúna dos de sus temas favoritos: la naturaleza desafiante y la grandeza del espíritu humano, manifestada a través del arte, que estaban presentes en sus trabajos más tempranos (El país del silencio y la oscuridad, El gran éxtasis del escultor de madera Steiner) hasta los más recientes (Grizzly Man, Encuentros en el fin del mundo). Con su voz profunda de narrador, Herzog comparte con el espectador la emoción de penetrar en un lugar único -qué gran uso del silencio para amplificar los ruidos de la cueva e incluir los latidos del corazón y la música-, y las impresiones que le producen las pinturas que ve, los restos óseos. Su erudición se combina con su alma de artista y sus ideas sobre el hombre, considerando la imposibilidad de saber como éra la vida del hombre del Paleolítico, y la obligación de imaginar, intuir cosas, como la de unos animales de ocho patas, que en su impresión de movimiento serían una especie de “protocine”.
La cueva de los sueños olvidados nos brinda un nuevo encuentro con el Herzog inquieto, que encadena preguntas a los expertos que tiene ante sí, y que se permite suaves ironías, por ejemplo acerca de las armas que debían servir a nuestros ancestros para cazar animales. El alemán demuestra ser un hombre abierto al misterio, que sabe que la ciencia no puede dar todas las respuestas. Resulta significativo a tal respecto el comentario que incluye sobre el aborigen australiano, que interrogado sobre las razones por las que pinta al modo del hombre primitivo, responde que él no pinta, es el espíritu. Pues a tal respecto, se subraya esa apertura a la trascendencia, que tendría sus manifestaciones en el arte y, tal vez, en ceremonias cultuales, como parecen sugerir figurillas y una piedra a modo de altar.
Herzog logra algo no fácil, hacer entretenidas la divulgación de la historia de la cueva y las preguntas sobre el hombre que suscita, nunca resulta pedante o adopta poses de sabelotodo. El recurso al 3D en La cueva de los sueños olvidados tiene todo su sentido, si el hombre prehistórico aprovechaba el relieve de la roca para crear sus figuras de animales, Herzog usa bien la tridimensionalidad para meter al público en la historia, con los campos de vides, los pasillos de los archivos, y dentro de la cueva en los estrechos pasadizos y en las amplias cámaras, de modo que casi se pueda tocar una increíbles obras de arte de 30.000 años de antigüedad.
6/10
6/10
Ringo Kid
| 01/07/2012 20:11

6/10
afsbayd
| 28/06/2012 18:27

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