60 años estuvo en activo el que fuera uno de los grandes
pioneros del cine francés. Abel Gance fue autor de obras emblemáticas que aún
hoy día consiguen sorprender por su potencia visual.
Nacido en la capital francesa el 25 de octubre de 1889, Abel
Gance fue el hijo ilegítimo de un acaudalado médico y de una humilde
trabajadora. Pasó su infancia con sus abuelos hasta que su madre contrajo
matrimonio con un chófer y se mudó a vivir con ellos. Como su padre real le
ayudaba económicamente, pudo costearse una buena educación.
Apasionado del cine, empezó como guionista y actor, hasta
que en 1911 fundó su productora, y
dirigió su opera prima, La digue, un
drama costumbrista. Es mucho más interesante su segundo trabajo Le
négre blanc, una denuncia del racismo
protagonizada por un niño negro maltratado por blancos.
Abel Gance fue un fiel seguidor de David W. Griffith, sus
hallazgos narrativos y sus espectaculares reconstrucciones históricas. Su
influencia es patente en titulos como Yo acuso -que Gance logró proyectarle al propio Griffith- sobre la I Guerra
Mundial, y La rueda, una espectacular superproducción sobre un
maquinista enamorado de su hija adoptiva.
Poco después de Au secours!, parodia del cine de terror con el francés Max Linder -la primera gran
estrella del celuloide- decidió sacar adelante su proyecto más ambicioso, Napoleón, exhaustiva biografía del emperador francés. Gran
admirador del personaje histórico, Gance pretendía un enorme realismo, y
secuencias de masas que reconstruyeran con pelos y señales los hechos
históricos, al estilo de El nacimiento de una nación. El gran coste que iba a tener el film le hizo
decantarse por rodar hasta la campaña de Italia, en 1796, y que el film fuera
el primero de una serie de 6 títulos, que
por falta de éxito no pudo llevar a cabo.
El film es todo un hito de la Historia del Séptimo Arte por
sus innovadoras imágenes. Por ejemplo, Gance filma una persecución desde una
cámara emplazada a lomos de un caballo, rueda una batalla cámara en mano, etc.
Se lleva la palma la secuencia final, rodada en un sistema panorámico inventado
por él mismo, que se basaba en juntar tres pantallas y otros tantos
proyectores. Lo denominó Polyvision, y es un ilustre precedente del Cinerama y el
Cinemascope. El propio Gance interpretó en el film al revolucionario Louis de
Saint-Just.
Aunque
no conectó con el público, y no logró filmar las continuaciones, retomó a
Napoleón en 1960 con Austerlitz, que reconstruye la celebérrima
batalla. Y es que Gance siguió en activo con la llegada del sonoro, dirigiendo
varios filmes, como Lucrèce Borgia, Un gran amor de Beethoven y sobre
todo, Cyrano y D'artagnan, que reúne a los famosos
personajes de Rostand y Dumas. El cineasta --que tuvo una influencia decisiva
en los directores que vinieron a continuación- falleció el 10 de noviembre de
1981 en París.