El cine tiene sin duda una deuda con Alain Resnais por su contribución a la innovación del lenguaje fímico.
Reconocido realizador francés y maestro del
lenguaje fílmico, Alain Resnais es otro innovador de la narrativa cinematográfica
tradicional. Nacido en Vannes (Bretaña francesa), el 3 de junio de 1922, y cinéfilo
desde los trece años, formó parte de la primera promoción del famoso IDHEC de
París.
Tras cultivar la fotografía, rodó una serie de
películas en 16 mm sobre el surrealismo. Famoso documentalista (Noche y niebla, Toute la mémoire du monde) y renovador asimismo del cortometraje de
arte (son muy célebres los dedicados a Van Gogh -Oscar de Hollywood al mejor
documental-, Gauguin y el Guernica), ha contribuido enormemente al progreso de
la sintaxis del arte de las imágenes, también como montador.
Se inició en el largometraje paralelamente a
la "Nouvelle Vague" y a la denominada "Rivière Gauche": Agnès Varda, Alain
Robbe-Grillet, Marguerite Duras, Chris Marker..., que estaba formada por
intelectuales de izquierda que añadían a la vanguardia, la literatura y la
experimentación.
Conocido como el "cineasta del tiempo",
Resnais ha llevado los problemas de la memoria y del recuerdo a límites
metafísicos bastante originales, como se observa en su célebre El año pasado en Marienbad (1961), según
el texto de Robbe-Grillet. Sus filmes experimentales, sobre la mezcla del
pasado y el presente con la propia imaginación proyectiva de los personajes, le
han convertido en un realizador singular, cuya coherencia interna es
inimitable, como sucede en el citado Marienbad
y con Hiroshima, mon amour (1959), basado
en un duro relato de la Duras.
En este sentido, comentó: "Mis películas son
un intento, aún muy tosco y primitivo, de acercamiento a la complejidad del
pensamiento, de su mecanismo... Todos tenemos dentro imágenes, cosas que nos
determinan y que no son una sucesión lógica de actos perfectamente encadenados.
Me parece interesante explorar ese mundo del subconsciente, desde el punto de
vista de la verdad, si no de la moral".
Cultiva el montaje dialéctico del cine
soviético, influido a nivel estético por el marxismo; y también por el
surrealismo, como se hace patente en el "automatismo psíquico" de André Breton.
Para Resnais, el arte cinematográfico es montaje: selección y ordenación de los
planos, ritmo y organización del contrapunto audiovisual y combinatoria
espacio-temporal, trabajando con extrema meticulosidad y rigor los guiones
técnicos.
Dentro de su habitual sobriedad, incurre, a
veces, en un erotismo demasiado explícito que quiere ser simbólico
(especialmente en la referida Hiroshima),
insistiendo en un tema que viene a ser una constante de su cine: el combate
denodado de los protagonistas contra la muerte. Al respecto, también había
manifestado: "La muerte es el país al que se llega cuando se ha perdido la
memoria".
Su postura política inconformista y
anticolonialista, apreciada mejor en Muriel
(1963), le llevó a una crisis ideológica tras el Mayo francés. De ahí la
espaciada obra de Resnais, perfectamente construida y reflexiva, la cual
resulta amoral no pocas veces en su tratamiento: La guerra ha terminado (1966) y Stavisky
(1974), con guiones del disidente comunista Jorge Semprún.
Su cine es, pues, un motivo para aproximarse
al mecanismo del pensamiento humano (Je
t'aime, je t'aime, 1968) y para exponer su particular visión del mundo,
siempre polémica, como sucede en la conductista Mi tío de América (1980). Cosmovisión que parece desvelar un fondo existencialista
claramente ateo, mostrado sobre todo en Providence
(1976).
No obstante, su poética personal, con
reminiscencias de Marcel Proust y la "nouvelle roman", abriría nuevas
posibilidades a la narrativa fílmica, cuya influencia se ha dejado notar en
otros autores. En las décadas de los 70 y los 80, Alain Resnais aún seguiría
trabajando en la experimentación semántica e iconográfica, rompiendo con la
lógica espacio-temporal.