Una mujer de espectacular belleza. Este hecho evidente no acaba de explicar por qué la cámara se ha enamorado locamente de Cameron Díaz. Pues su debut en La máscara fue, ciertamente, amor a primera vista.
Era una película diseñada para el lucimiento de las muecas de Jim Carrey, a lo que se sumaban unos entonces novedosos efectos especiales de morphing. Pero quizá lo que más llamó la atención en La máscara fue la presencia, ciertamente secundaria, de una mujer rubia de sonrisa encantadora que respondía al exótico nombre de Cameron Díaz. Esta chica, por cuyas venas corre una mezcla de sangre inglesa, alemana, cubana e india cherokee, se metió al público en el bolsillo en cuanto asomó el rostro a la pantalla. Al amor que por ella mostró el celuloide, siguió sin solución de continuidad, el de los espectadores. Chuck Russell, el director que la descubrió en La máscara, tiene claro el secreto del éxito de Cameron: belleza aparte, la clave es su encanto y sentido del humor. "Es atractiva para los hombres y para las mujeres", asegura Russell. "Por la misma razón las mujeres piensan que Mel Gibson es estupendo y los hombres pueden imaginar que disfrutarían contando con su amistad."
La carrera de Cameron Diaz (Long Beach, California, 1972) aparece como un manojo de contradicciones, o de paradojas si se quiere. La menor de dos hermanas, antes de hacer cine se dedicó a la pasarela; pero no se convirtió en una Claudia Schiffer, por poner un poner. Le gustan las bromas picantes y el lenguaje subido de tono, y su modo informal y algo desastrado de vestir, choca con la imagen de ella vestida impecablemente para una gala. El modo inteligente en que ha llevado su carrera profesional contrasta con una vida sentimental inestable (entre sus novios han estado Matt Dillon, Vincent D'Onofrio y Jared Leto). No tiene una formación académica como actriz, y sin embargo su nombre ha sonado varias veces para el Oscar. Aunque no ha tenido hasta el momento un papel de protagonista absoluta, la conocen los espectadores del mundo entero. Su aspecto de rubia angelical no le ha impedido participar en películas de intenciones decididamente gamberras. Los hermanos Farrelly supieron explotar como nadie esa faceta en Algo pasa con Mary: el ejemplo paradigmático lo constituye el célebre gag del "fijador de pelo"; el éxito del personaje de Mary consistía en que es la chica con que todo hombre soñaría, y que estaba por encima de la zafiedad del reparto masculino que la pretendía. Su dulzura y fragilidad le ayudaron a terminar en tablas su duelo actoral con Julia Roberts en La boda de mi mejor amigo; de hecho, en la escena del karaoke, en que sabemos sus nulas condiciones para la canción, se lleva todas nuestras simpatías.