Actor desco-co-co-co... munal, Derek Jacobi ha descollado en teatro, televisión y cine, pero siempre será recordado por su composición imperial en la mítica serie de la pequeña pantalla Yo, Claudio.
Derek Edgar Jacobi nació el 22 de octubre
de 1938 en Leytonstone, Londres, Inglaterra. Era el hijo único del gerente de
unos almacenes y de una secretaria, ambos de ascendencia alemana.
A edad muy temprana salió a la luz su
inclinación por la interpretación, pues con sesis años hizo el doble papel de
"Príncipe y mendigo" en el grupo de teatro de la biblioteca local. En el
instituto Leyton County también se sumaría al club de teatro, conocido como
"The Players of Leyton". Antes de graduarse en el instituto ya había compuesto
a Hamlet en el English National Youth Theatre, estaba claro que ahí había un
actor nato. De modo que cuando obtuvo una beca para estudiar historia en la
Universidad de Cambridge, siguió centrado en su faceta de intérprete, hasta el
punto de que su composición de Eduardo II fue correspondida con una invitación
del Birmingham Repertory a sumarse a sus filas, una vez licenciado.
El papel de Enrique VIII impresionó a uno
de los gigantes de la escena y la pantalla británicas, el gran Laurence Olivier,
que decidió apadrinar la carrera del joven actor. Da idea de la confianza que
Olivier tenía en él el hecho de que le proposiera ser uno de los ocho miembros
fundadores de la Compañía Nacional de Teatro creadapor él. Precisamente el
apoyo de Olivier permitió a Jacobi debutar en el cine. Sería en Othello (1965), donde los dos trabajaron
juntos, Olivier como el moro de Venecia, y Jacobi como Casio. Cinco años
después el propio Olivier le dirige en Tres
hermanas. Y casi seguidas, rodará dos filmes que adaptan sendas obras de
Frederick Forsyth: Chacal (1973) y Odessa (1974).
De todos modos, y aunque no dejará de
hacer incursiones en películas, Jacobi será conocido sobre todo como actor en
los escenarios y en la pequeña pantalla. Shakespeare se convierte en su gran
especialidad, en todos los medios. Y se convierte en rostro inmensamente
popular gracias a Yo, Claudio (1976),
una de las mejores series televisivas de todos los tiempos. Basada en la obra
de Robert Graves, la composición del emperador romano tartaja que hizo Jacobi
se convirtió en un clásico instantáneo de la pequeña pantalla.
En 1980, actuando en Broadway, Jacobi fue
víctima de lo más terrible que le puede ocurrir a un actor sobre el escenario:
el pánico escénico. A pesar de su veteranía se quedó agarrotado, y durante dos
años no pudo volver a actuar en vivo. Por fortuna pudo integrarse en 1982 en la
Royal Shakespeare Company, donde demostró que seguía siendo dueño de su
talento. Premios como el Tony, el Olivier y el Helen Hayes eran la prueba de
ello, sus composiciones shakespereanas o de Cyrano de Bergerac fueron muy
celebradas. En televisión interpretaría a Adolf Hitler en Inside the Third Reich (1982) y estuvo en la dickensiana Little Dorritt (1988). Y se ve que
Graham Greene le gustaba, pues estuvo en El
factor humano (1979) de Otto Preminger, y en la televisiva El décimo hombre (1988).
Si el dicho "la historia siempre se
repite", Jacobi puede ser un ejemplo de ello, pues si él fue apadrinado por
Laurence Olivier, él apoyó las aproximaciones shakespereanas del prometedor
Kenneth Branagh. El actor estaría presente en tres películas de Branagh, Enrique V (1989), Morir todavía (1991) y Hamlet
(1996).
Lo cierto es habitualmente la presencia
en películas de Jacobi ha sido siempre en roles secundarios, y lo mismo se
apuntaba a grandes superproducciones -Gladiator
(2000), La niñera mágica (2006), Underworld: Evolution (2006)- que a
películas tan extrañas como la infumable española Arritmia (2003). Sí tuvo un papel protagonista en El amor es el demonio (1998), sobre el
pintor irlandés y homosexual Francis Bacon. Precisamente Jacobi es también
homosexual, y convive desde hace casi 30 años con el también actor Richard
Clifford, con el que formalizó su unión civil una vez se aprobó la ley
correspondiente en el Reino Unido.
Este grandísimo actor fue nombrado
caballero en Reino Unido y Dinamarca, y sigue más activo que nunca. En los
escenarios ha sido alabado su reciente trabajo en "El rey Lear", y en cines
tiene pequeños papeles en títulos de la entidad de El discurso del rey y There
Be Dragons.