Actor fetiche de
Jean-Pierre Jeunet, Dominique Pinon tiene un físico particular que ha sabido
explotar para retratar a personajes bizarros y poco convencionales. Su cara
parece de goma porque es capaz de poner las muecas más estrambóticas.
Nacido en Saumur (Francia), el 4 de marzo de 1955, empezó
ofreciéndose a numerosos jóvenes realizadores para sus cortos. Su primer largo
fue el thriller La diva, donde
aparecía brevemente como sacerdote, y poco después fue uno de los vecinos de
Gérard Depardieu, en El regreso de Martin
Guerre. También intervino brevemente en Frenético,
de Roman Polanski, junto a Harrison Ford.
Entre sus primeros papeles destaca el antiguo conocido del
protagonista que le pide dinero para evitar la cárcel, en La leyenda del Santo Bebedor, de Ermanno Olmi. Además, desde los
años 80, Pinon se prodigó en el teatro, con gran éxito.
Dominique Pinon parecía destinado a interpretar secundarios
toda su vida hasta que en 1991 fue escogido por Jean-Pierre Jeunet y Marc Caro
para interpretar al protagonista, un artista de circo que se muda a un
sospechoso edificio en Delicatessen.
Su apariencia singular le venía al pelo a la atmósfera surrealista del film.
Puesto que demostró ser ideal para los personajes
estrafalarios de los realizadores, ambos le volvieron a reclutar para
interpretar a los clones de La ciudad de
los niños perdidos. A las órdenes de Jeunet en solitario fue un mercenario
en silla de ruedas en Alien Resurrección,
y realizó un trabajo memorable como ex novio celoso de una camarera, que se
pasa el día espiándola en el bar, en Amelie.
Desde luego, Jeunet no es capaz de dar un golpe de claqueta sin él, como si su
ausencia le fuera a dar mala suerte, pues le convirtió en tío del personaje de
Audrey Tautou en Largo domingo de noviazgo
y Fracasse, el tipo obsesionado con batir el récord de hombre bala, en Micmacs.
Por su parte, Caro también reclutó a Pinon para su fallido
debut en solitario, la cinta futurista Dante
01.
Fuera del particular universo de estos realizadores, la carrera
de Pinon no ha brillado de igual forma. A veces le han escogido realizadores
claramente influidos por la estética de Jeunet, como Javier Fesser, que le dio
el rol del superagente Fredy Mazas, en La
gran aventura de Mortadelo y Filemón, o los hermanos Esteban y José Miguel
Ibarretxe, que le hicieron cabo del ejército en Sabotage!, fallida comedia en tiempos de Napoleón. Otros españoles
le han dado papeles, como Álex de la Iglesia, en Los crímenes de Oxford, y el madrileño Grojo, en La luna en botella.