Tenía talento para interpretar todo tipo de papeles, pero brilló con
frescura especialmente en las desopilantes comedias románticas de los primeros
60.
Para muchos
Doris Day será siempre la compañera inseparable del galán Rock Hudson. Con él
rodó tres de sus películas más románticas y recordadas, y desde luego ambos
conforman una de las parejas más compenetradas y divertidas de la historia del
cine. Sin embargo, Doris Day también supo lo que era el drama, y de veras, y
destacó inigualablemente como cantante, pues poseía una voz preciosa, límpida,
de perfecta dicción y en consonancia con el atractivo de su rostro siempre
vívido y luminoso, siempre sonriente.
Doris Mary
Anne Kappelhof nació el 3 de abril de 1924 en Evanston (Ohio). Era la segunda
hija de un matrimonio de inmigrantes alemanes, que se divorciaron siendo Doris
todavía una niña. Al parecer su nombre de pila fue elegido por su madre en honor
a la actriz de cine mudo Doris Kenyon. Muy pronto demostró la pequeña que lo
suyo era el espectáculo, y para cumplir sus sueños de ser bailarina desembarcó
en Hollywood con tan solo doce años. Sin embargo, un año después se dañó las
piernas en un accidente de tráfico, por lo que tuvo que renunciar al baile. Se
decidió a tomar clases de canto y poco a poco fue adquiriendo una dicción
maravillosa, hasta debutar en una actuación a los 17 años. Se cambió su
apellido alemán por el de Day, al parecer debido a que la primera canción que
interpretó en público fue "Day After Day". En 1941 se casó por primera vez,
pues con tiempo vendrían otros tres matrimonios más. Su voz empezó a hacerse
notar y empezó a cantar en las Big Bands de Jimmy James, Bob Crosby y sobre
todo en la de Les Brown. Con esta última grabó un tema para la banda sonora de
la película Sentimental Journey (1946). Y dos años después debutó en la gran
pantalla de la mano de Michael Curtiz, en el musical romántico Romance on the High Seas.
Empezó a
triunfar enseguida, pues su belleza, su alegría y su voz, tenían un gancho
innegable. En 1949 protagonizó It's a
Great Feeling y en 1950 acompañó a Kirk Douglas en el magnífico drama sobre
el mundo del jazz El trompetista, en
donde dio buena cuenta de su maravillosa voz en canciones como "With a Song in
My Heart" o "I May Be Wrong". Ese mismo año demostró sus dotes de comediante en
Tea for Two y en el musical The West Point Story, junto a James Cagney. Volvió más tarde a reunirse con Curtiz por tercera vez en la comedia
musical I'll See You in My Dreams. En
1952 formó pareja con el bailarín Ray Bolger en la dulce April in Paris y un año después fue Calamity Jane en el musical Doris Day en el oeste (terrible título
impuesto en España), donde le acompañó el especialista Howard Keel. En 1955
compartió cartel con James Cagney en Quiéreme
o déjame, delicioso musical romántico. Doris Day encandilaba con esos
papeles alegres y optimistas, en donde las canciones y el amor dominaban la
trama. Sin embargo, también sabía interpretar papeles dramáticos, como hizo en Siempre tú y yo (1954), con un gran
Frank Sinatra y sobre todo con El hombre
que sabía demasiado (1956), dirigida por el maestro Alfred Hitchcock. En la
memoria del cinéfilo y casi de cualquiera quedan las notas de la canción de una
sufriente Doris Day cantando "Qué será, será." para recuperar a su hijo... La
canción ganó el Oscar.
Doris Day
prosiguió con su optimista carrera con filmes como Juego de pijamas (1957) o
Enséñame a querer, con el galán Clark Gable. Y en pleno auge le llegó su
colaboración con Rock Hudson. Ambos formaron un dúo difícil de igualar en
películas para el recuerdo como Confidencias
de medianoche (1959), Pijama para dos
(1961) y No me mandes flores (1964).
Entre discusiones siempre triunfaba el amor. Entre medias rodó uno de los pocos
thrillers de su filmografía, Un grito en
la niebla, junto a Rex Harrison y John Gavin. Y en 1967 se atrevió incluso
a protagonizar nada menos que un western, Desafío
en el rancho, dirigido en calve de comedia por uno de los alumnos
aventajados de John Ford, Andrew V. McLaglen. Ese mismo año rechazó el papel de
Mrs. Robinson en El graduado
(finalmente interpretado por Anne Bancroft). En sus memorias, Doris Day
explicaba que su decisión se debió a motivos morales. En 1968 protagonizó su
última película, antes de retirarse para siempre del cine, El novio de mamá (1968).
El fin de su carrera coincidió con una historia no del todo alegre. Al morir su tercer marido, Martin Melcher, la actriz se quedó de piedra al descubrir que él y su socio, Jerome Bernard Rosenthal, que a su vez había sido su abogado desde los años 40, habían dilapidado su fortuna, y la habían dejado en la ruina y cubierta de deudas. Doris Day presentó una demanda contra Rosenthal y ganó el juicio. La actriz recibió entonces cerca de 20 millones de dólares. No sabemos si esa historia fue el motivo de su adiós, pero lo cierto es que nunca más regresó a la gran pantalla.