Elena Anaya ha logrado ser una de las actrices de mayor éxito gracias a
su arriesgada carrera. Desde sus comienzos ha demostrado estar dispuesta a
hacer cualquier papel.
Lógicamente
le ha ayudado su gran belleza, esa profundísima mirada de ojos oscuros, grandes
y brillantes, y esa enorme sonrisa que resplandece en su rostro de contornos
cuadrados y proporcionados. Pero es indudable su gran naturalidad ante las
cámaras, su talento para dar credibilidad a sus personajes, por muy extraños o
rebuscados que sean. Pero no hay que creer que la actriz lo tuvo fácil, incluso
le costó llegar arriba más de lo normal.
Elena Anaya
nació en Palencia el 17 de julio de 1975. Desde muy joven vivió las
consecuencias de la separación de sus padres y quizá eso influyó en que no fue
una estudiante lo que se dice modelo. En concreto repitió dos cursos en el
colegio, 6º de EGB y COU. Vamos, que lo de hincar los codos no le iba. Por esa
época ayudaba a su madre en la limpieza y la cocina de una pensión de estudiantes.
Con 21 años decidió dejar su ciudad y marchó primero a Cádiz y, finalmente a
Madrid, en donde se presentó a las pruebas de acceso en la Real Escuela
Superior de Arte Dramático (RESAD). Pero no entró y se hubo de conformar con un
curso de interpretación impartido por el actor Manuel Morón, célebre por sus
papeles en El bola o Smoking Room. Por aquel tiempo se presentó a un casting
para la película África. Necesitaban una adolescente y el director Alfonso
Ungría se creyó que Elena tenía 15 años. Le dio el papel y cuando se enteró de
que era mentira mantuvo la misma decisión al considerar que los espectadores
también lo creerían. Posteriormente Elena volvió a intentar ingresar en la
RESAD y esta vez lo consiguió. Sin embargo, al poco tiempo fue expulsada por no
acudir a clase. El motivo en realidad era que estaba inmersa en el rodaje de su
segundo film: Familia, de Fernando León de Aranoa. Pero Elena no quería dejar
de formarse y acudió entonces a la escuela de interpretación de Juan Carlos
Corazza. Durante esos años siguió compaginando los estudios con apariciones en
diversas películas, como Lágrimas negras o la estupenda Las huellas borradas.
Además participó en varias obras de teatro.
El escalón
que necesitaba en el mundo del cine se lo dio Julio Medem, al ofrecerle en 2001
el papel de Belén en Lucía y el sexo. Elena Anaya convenció con su rol de "Lolita"
y consiguió una nominación al Premio Goya. Ya como un rostro conocido empezó a
engrosar los repartos de películas de mayor entidad, como los dramas Sin
noticias de Dios (2001) o Rencor (2002). El propio Pedro Almodóvar solicitó su
presencia en Hable con ella (2002). Pese a tratarse de un papel muy secundario,
Elena no pudo negarse al director manchego. En 2003 rodó la comedia criminal, a
la española, Dos tipos duros, con Antonio Resines y Jordi Vilches. Llegó
entonces el momento de dar un salto de calidad en su carrera: salir de España.
Tras rodar un cortometraje en Estados Unidos, el director Stephen Sommers la
ficha para ser una de las novias de Drácula en la película de acción Van
Helsing. Y en Inglaterra rueda seguidamente un thriller con Gary Oldman
titulado Dead Fish. Y de la acción Elena pasa luego a formar equipo terrorífico
con el español Jaume Balagueró. Con el rodó Frágiles, acompañada de Calista
Flockhart.
Volvió más
tarde a dar otro salto en su carrera de éxitos, al menos de cara a su popularidad,
con su papel de la malévola Angélica de Alquézar en Alatriste, donde se las hacía
pasar canutas a Unax Ugalde. Y tras protagonizar la desdeñable comedia Miguel y
William, volvió a hacer alarde de su internacionalidad participando en el estupendo
y violento thriller francés Mesrine, parte 1: Instinto de muerte, junto a Vincent Cassel. Y después de ponerse de nuevo a las órdenes de Agustín Díaz Yanes en la
fallida Sólo quiero caminar, se arriesgó de lo lindo en Habitación en Roma, decepcionante
film lesbiano-erótico de Medem. Elena Anaya dejaba muy claro que estaba
dispuesta a hacer de todo y a que la vieran haciéndolo. El caso es que fue
noticia, claro. Seguidamente marchó nada menos que a Egipto para rodar el drama
romántico Cairo Time, junto a Patricia Clarkson. Y en 2010 Almodóvar se lanzó a
por ella para, esta vez sí, otorgarle un papel principal en su próximo film: La
piel que habito.