Es uno de los rostros
más reconocibles del cine argentino. Su especialidad son los intelectuales de
izquierdas, desencantados, pero Federico Luppi ha despuntado también como
asesino y en todo tipo de papeles.
Nacido el 23 de febrero de 1936 en la ciudad de Ramallo
(provincia de Buenos Aires). De joven ejerció diversas ocupaciones antes de ver
cumplido su sueño de dedicarse al teatro. Debutó en la gran pantalla con un
pequeño papel en El ídolo, de 1965,
aunque fue clave para su carrera El
romance del Aniceto y la Francisca, protagonizada por él, donde
interpretaba a un solitario que encontraba el amor.
Tras intervenir en numerosos títulos de éxito en Argentina
en los 70 y 80, como La patagonia rebelde
o No habrá más penas ni olvido, se
labró una sólida reputación internacional de la mano de dos grandes realizadores.
El primero es Adolfo Aristarain, que le dio uno de los papeles más importantes
de su filmografía en Tiempo de revancha,
donde dos tipos fingen un accidente para exigir a una multinacional una
indemnización, con trágicos resultados. El film tuvo éxito en diversos países y
entre otros reconocimientos obtuvo el primer premio en el Festival de Cine de
La Habana.
A continuación rodaron juntos Últimos días de la víctima, donde Luppi era un asesino a sueldo. El
actor participó también en su película Traición
y venganza, sobre una mujer amnésica perseguida por asesinos.
Su colaboración más notable se produce en la magistral Un lugar en el mundo, donde era un
profesor exiliado en un remoto valle, que entablaba una amistad con un
ingeniero español recién llegado (José Sacristán). Posteriormente, Aristarain
le ha dirigido en La ley de la frontera
-donde era un bandido- ,Martín (Hache)
-en la que interpretaba a un director de cine que trataba de conectar con su
hijo- y Lugares comunes -en la
que dio vida a un profesor universitario que lucha por la justicia social-.
El otro destacado realizador que adoptó (con muy buen
criterio) a Luppi como actor fetiche es el mexicano Guillermo del Toro, a quien
el actor dio un espaldarazo al convertirse en protagonista de su ópera prima, Cronos, donde era un anticuario que
encontraba un artilugio dorado del siglo XVI. Una vez consagrado, Del Toro
volvió a recurrir a Luppi para convertirle en un profesor que hacía extraños
experimentos en El espinazo del diablo.
En El laberinto del fauno, el
argentino tenía una pequeña pero significativa intervención como el rey en un
mundo de fantasía imaginado por una niña para evadirse de su triste realidad en
la postguerra española.
El gran director y guionista John Sayles le dio el papel
principal en Hombres armados, en la
que Luppi bordaba el papel de veterano médico que decide buscar a sus antiguos
alumnos en un país latinoamericano en guerra.
Tras la implantación del corralito (polémica medida del
gobierno argentino que restringía la cantidad de efectivo que se podía sacar de
los bancos), Federico Luppi decidió abandonar su país e instalarse en España,
donde vive desde entonces, e incluso obtuvo la nacionalidad hispana. Tras
divorciarse de la madre de su primer hijo, y tener otro con una mujer uruguaya,
actualmente está unido a la actriz española Susana Hornos.
Actor asiduo al teatro, ha demostrado su valía en montajes
como "El guía del Hermitage", que se representó en diversas ciudades
españolas. También debutó como director con Pasos,
escrita por Susana Hornos, donde seis jóvenes en una ciudad de provincias
celebraban el fracaso del golpe del 23-F.
Entre sus últimos trabajos destacan Cuestión de principios, en la que es un
tipo que se resiste a vender a su superior un antiguo ejemplar de una revista
en la que sale una foto de su padre, y Sin
retorno, en la que hace de padre que busca justicia tras el atropello de su
hijo.