Se cuentan con los dedos de una mano los directores
españoles que han ganado un Oscar. Uno de ellos es Fernando Trueba: crítico,
guionista, director, productor, presidente de la Academia... Lo que se dice un
hombre de cine.
Aunque con una filmografía desigual, es indudable que
Fernando Trueba ha sabido granjearse el favor de la crítica y al menos de parte
del público. De marcada ideología de izquierdas, no se corta la lengua a la
hora de hacer declaraciones y alinearse políticamente. Hombre descreído, aún
suenan en la memoria de todo cinéfilo las palabras que pronunció al recoger el
Oscar en 1994: "Me gustaría creer en Dios, pero yo sólo creo en Billy Wilder".
En fin, al menos no eligió a Edward D. Wood Jr, Lucio Fulci o Rob Zombie como objeto de
adoración.
Nacido en Madrid el 18 de enero de 1955, Fernando Rodríguez
Trueba quiso ser pintor cuando era pequeño, aunque luego olvidó esos deseos
infantles y se matriculó en la Facultad de Ciencias de la Información para
estudiar Imagen y Sonido. Pero las ganas de estudiar no le duraron mucho y se
lanzó de lleno a lo que en ese momento le ocupaba la cabeza: el cine. En 1974,
con diecinueve años, comenzó a colaborar como crítico cinematográfico en La
Guía del Ocio, ocupación que mantuvo durante cinco años. Después empezó a
colaborar con el diario El País y en 1981 llegó a fundar una revista de cine,
Casablanca, de la que fue director durante dos años. Durante esos años formaba
parte de un grupo de amigos en donde estaban, entre otros, Óscar Ladoire,
Antonio Resines o Carlos Boyero.
Con ellos rodó cortos como Óscar y Carlos 82 o En legítima defensa. Su
primer largometraje, precisamente titulado Ópera prima (1980), creó cierto
estilo -fresco, moderno, desenfadado-, que luego vino a llamarse "comedia
madrileña" y del que formaron parte otros realizadores, como Fernando Colomo.
El film fue muy bien recibido por el público y obtuvo varios premios de la
crítica. Eran los años de la movida de la capital, los años de Tierno Galván,
del destape y el desenfreno, de la droga y el punk, de los pantalones rojos y
las chaquetas de cuero negro o de pana marrón.
Tras rodar el documental Mientras el cuerpo aguante (1982),
Trueba repitió estilo con su siguiente comedia, Sal gorda (1983), sobre un
pianista en horas bajas. Por esos años además conoció a quien se convertiría en
su compañera sentimental, Cristina Huete. Su siguiente film marcó también una
nueva época en su filmografía, ya que significó su colaboración con el
productor Andrés Vicente Gómez. Sé infiel y no mires con quién (1985) le
consagró sin duda en el panorama cinematográfico español, con el sello de su
propia productora Fernando Trueba P.C. Se trata de una comedia, sobre la
infidelidad, con innegable y ritmo y meritorias actuaciones del nutrido reparto.
El mismo año cambio sin embargo de registro por vez primera y se trasladó, como
era de esperar, a los años del franquismo, para rodar El año de las luces,
protagonizado por Jorge Sanz y Maribel Verdú. En 1988 fue nombrado presidente de
la Academia española de cine, cargo que ocupó únicamnte ese año. Luego, tras el
thriller fallido El sueño del mono loco (1989), rodaría la comedia que le
consagraría internacionalmente.
Con Belle epoque (1992) Trueba regresó de nuevo al pasado,
en concreto a los años de la Segunda República española. La película reunió a
un grupo de jovencísimas actrices que llegarían a convertirse en estrellas de
la pantalla, como Penélope Cruz, Ariadna Gil, Maribel Verdú o la más veterana
Miriam Díaz Aroca. El director recuperó su estilo de comedia rápida y
desenfadada, dentro de una buena recreación costumbrista de aquellos tiempos
"felices". El resultado no estaba mal, aunque se trata de una película muy
ligerita y para muchos fue una auténtica sorpresa que lograra ganar el Oscar a
la mejor película extranjera. Ya conocido mundialmente, se decidió a volar a
Estados Unidos, para rodar en inglés una comedia, esta vez sí, al más puro
estilo Billy Wilder. Two Much (1992) es divertida, tiene ritmo y el guión de
enredo amoroso es bastante redondo. Además contó con intérpretes de gran
repercusión, como Melanie Griffith, Daryl Hannah o Danny Aiello. El film
también es recordado porque unió sentimentalmente a Antonio Banderas con
Melanie Griffith.
El siguiente proyecto de Trueba también
fue ambicioso. La niña de tus ojos (1998) es una película hecha con un gran
esfuerzo de producción, que recreaba la alemania nazi, y donde volvió a
destacar la pizpireta Pe. Trueba ganó con el film nada más y nada menos que
siete premios Goya. Dos años después, el director daría rienda suelta a otra de
sus grandes pasiones: el jazz. En concreto reunió a un nutrido grupo de
intérpretes de jazz latino, como Michel Camilo, Jerry González o Gato Barbieri
y rodó el documental Calle 54. Peor le fue con El embrujo de Shanghai (2002),
malograda adaptación de una novela de Juan Marsé. Volvió más tarde al mundo de
la música con el documental El milagro de Candeal (2004), en donde contaba la historia
de una favela brasileña y del cantante Carlinhos Brown. Lo último que ha
estrenado el director es El baile de la Victoria (2009), sólido drama ambientado en
Chile, que ha contado con el protagonismo de Ricardo Darín.