Vienés errante que se estableció en Berlín,
Estados Unidos y Reino Unido, Fred Zinnemann alcanzó un gran éxito con sus
películas, razón por la que una gran parte de la crítica las denostaba. Pero el
paso del tiempo ha puesto en su sitio a clásicos tan indiscutibles como Solo
ante el peligro, Julia o De aquí a la
eternidad. Sin duda, fue uno de los grandes directores
austriacos de la época dorada de Hollywood. De su mano debutaron actores
legendarios y otros lograron el Oscar. Les trataba a todos con tal cariño
maternal que le idolatraban. Su especialidad eran los personajes que tenían que
afirmar sólidas convicciones y principios, a pesar de tenerlo todo en su
contra.
Como Fritz Lang, Otto Preminger, Erich Von Stroheim, Josef
von Sternberg, también Fred Zinnemann nació en Viena, una de las capitales
europeas con mayor tradición artística, donde escribieron sus grandes obras
Mozart y Mahler. El 29 de abril de 1907 vino al mundo el futuro cineasta en el
seno de una familia judía -su padre era doctor-. De niño quería ser violinista,
pero acabó matriculándose en Derecho, en la universidad de su ciudad natal.
Puesto que no le acabó de gustar la abogacía, acabó viajando a Berlín,
contratado por el prestigioso fotógrafo Eugen Shuftan. Coincidió allí con
Robert Siodmak y sus compatriotas Edgar G. Ulmer y Billy Wilder, con quienes
debutaría en el cine, codirigiendo el legendario documental Menschen am
Sonntag, retrato de los ciudadanos de
Berlín durante su ocio dominical.
Deseoso de dedicarse al cine, Zinnemann acabó en Estados
Unidos, donde le acogió en su casa la actriz y guionista Salka Viertel, cuya
casa era famosa porque por allí pasaban celebérrimas figuras del Séptimo Arte,
como Greta Garbo y Sergei Eisenstein. El marido de su anfitriona, Berthold
Viertel, le dio trabajo como asistente de dirección en alguna de sus películas,
como Man Trouble. También hizo de extra
en Sin novedad en el frente, pero
criticó abiertamente el trabajo del director del film, Lewis Milestone, y le
acabaron despidiendo. Tras su paso por México, donde rodó el documental Redes, seguido de numerosos cortos, Irving Thalberg le
fichó para Metro Goldwyn Mayer, compañía que le dio la oportunidad de debutar
como director en el largometraje de ficción, con Eyes in the Night y Kid Glove Killer, dos subproductos de intriga. Su primer gran éxito
fue La séptima cruz, rodada en
1944, durante la II Guerra Mundial. Spencer Tracy era un fugitivo que ha
escapado de un campo de concentración alemán con otros seis individuos que han
vuelto a ser capturados y ejecutados.
Montgomery Clift rodó su primer largo de cine a las órdenes
de Zinnemann, Los ángeles perdidos, en
donde interpretaba a un soldado americano que ayudaba a un niño a buscar a su
madre, en el Berlín posterior al final de la guerra. También debutó con el
cineasta otro de los pesos pesados del celuloide, Marlon Brando, en Hombres. El actor encarnaba a Ken Wilocek, que tras perder
la facultad de caminar es enviado a un hospital de veteranos de guerra. El
director rodó muchas secuencias en un hospital auténtico, donde pidió a
pacientes reales que hicieran de extras. Fue el primer film en el que Zinneman
colaboró con el guionista Carl Foreman y el productor Stanley Kramer. Con Teresa, sobre la adaptación a la vida civil de un soldado,
impulsó la carrera de Pier Angeli, legendaria estrella italiana, que llamó la
atención en el papel de esposa del protagonista. El mismo año en el que rodó
esta cinta, 1951, Zinneman tuvo tiempo de rodar Benjy, corto documental sobre un niño con problemas
físicos, narrado por Henry Fonda, con el que el director ganó el primero de sus
4 Oscar -también obtuvo uno al director por De aquí a la eternidad y dos, como director y productor, por Un
hombre para la eternidad-.
Casado hasta su muerte con Renee Bartlett, con la que tuvo
un hijo, Tim -productor y director sin demasiada estrella-, Zinnemann se
convirtió en uno de los directores de mayor éxito de Hollywood a partir de
1952. Ese año dirigió Solo ante el peligro,
escrita nuevamente por Foreman y con Kramer de productor, que pretendían
denunciar la insolidaridad de los profesionales de Hollywood con las víctimas
de la Caza de Brujas. Filmado a tiempo real, este western sobre un sheriff
obligado a enfrentarse sin ayuda de nadie a los forajidos que llegan al pueblo,
relanzó la carrera de Gary Cooper como galán maduro. Éste padeció una dolorosa
úlcera de duodeno durante el rodaje, pero Zinneman le ayudó muchísimo para que
usara el dolor para expresar el sufrimiento psicológico del personaje. Al
final, el legendario actor ganó el Oscar.
Al año siguiente, Zinnemann revalidó el éxito masivo de Sólo
ante el peligro con otro de sus títulos más
populares, De aquí a la eternidad,
adaptación de una novela de James Jones, en la que el director relataba la vida
en Pearl Harbor, durante los días previos al bombardeo japonés. Nuevamente
contó con Montgomery Clift, como un antiguo púgil que tras ingresar en el
ejército se niega a combatir en los campeonatos militares, lo que le valdrá el desprecio
y un trato denigrante por parte de un comandante. El director fue presionado
por el productor Harry Cohn, muy reacio a que el protagonista fuera Clift, y
que por otra parte le hizo aceptar a Frank Sinatra. Zinnemann logró mantener a
Clift, y aunque tuvo que quedarse a su pesar con Sinatra, hasta entonces un
actor muy mediocre, logró reconvertirle con mucho esfuerzo en un gran actor,
hasta tal punto que ese año se llevó el Oscar al mejor secundario, uno de los
ocho que recogió la cinta, incluidos los relativos a película y director. El
reparto era uno de los más lujosos de todos los tiempos, pues el director contó
también con Burt Lancaster, Deborah Kerr, Donna Reed y Ernest Borgnine.
Convertido en una gran estrella, el realizador obtuvo buenos
resultados de taquilla con el musical Oklahoma, el drama Un sombrero lleno de lluvia, y la excepcional Historia de una monja, con Audrey Hepburn interpretando a un personaje
real, una monja que ejerció de enfermera en África. También fue un fenómeno de
masas otra historia sacada de la realidad, Un hombre para la
eternidad, con Paul Scofield como Tomás
Moro, en el papel de su vida, que le hizo ganador de uno de los seis Oscar que
avalaron al film.
Desde
que rodó Tres vidas errantes, Y llegó el día de la venganza y la
citada Un hombre para la eternidad, Zinnemann fue espaciando
progresivamente sus nuevos proyectos, pero siempre mantuvo muy alto el nivel.
En los 70 sólo dirigió dos grandes películas, Chacal -sobre el
intento de asesinato sufrido por De Gaulle a manos de un francotirador
profesional- y Julia (1977), adaptación de la novela autobiográfica de
Lilian Hellman, que supuso el debut cinematográfico de Meryl Streep, actriz que
acompañaba en la pantalla a Jane Fonda y Vanessa Redgrave. Su último trabajo
fue Cinco días, un verano, sobre un triángulo amoroso,
ambientada en los años 30, que tenía como protagonista a Sean Connery. El
director falleció en Londres, el 14 de marzo de 1997, como consecuencia de un
ataque al corazón.