Es uno de los nombres más importantes del cine español en
la actualidad, no en balde ha producido más de un centenar de películas, de las
cuales ha dirigido quince. Está claro que le encantan las historias y los
enigmas, y plasmarlos en la gran pantalla.
Gerardo Herrero nació en Madrid el 28 de enero de 1953.
Licenciado en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid, una de sus
grandes pasiones era el cine -en 1980 rodó el corto Fotogramas salvajes-, y en 1987 fundó con Javier López Blanco la
productora Tornasol, cuyo nombre tintinesco da idea de las intenciones
aventureras de la compañía. Ese mismo año había dirigido su primer largo, Al
acecho, de escasa repercusión, y de cuya
experiencia tal vez extrajo la conclusión de que si era productor, podría
controlar proyectos propios, y respaldar los ajenos mientras respetaba la
creatividad de los cineastas, ello a condición de que le pareciera que tenían
algún interés. Así que empieza a apoyar a cineastas del otro lado del Atlántico,
su primera producción fue En la boca del lobo (1988), del peruano Francisco J. Lombardi, a quien
apoya dos años después en Caídos del cielo.
Como director hay que reconocer que Gerardo Herrero no pasa
de correcto, es un buen artesano en el mejor de los casos, donde destacan sus
miradas generacionales a jóvenes inmaduros que no acaban de sentar la cabeza -Las
razones de mis amigos (2000), El
principio de Arquímedes (2004)-, su retrato
de una madre con hijo drogata de Heroína (2005), y el thriller rodado en gran parte en inglés El
misterio Galíndez (2003).
Lo que está claro es que Herrero ha
sabido moverse a la hora de levantar dinero para sus proyectos, ya sea
consiguiendo financiación de los bancos, ya sea acudiendo a las ayudas
oficiales de las que es firme partidario, sosteniendo que existen en todos los
países, incluido Estados Unidos. "La gente no lo sabe pero algunas películas
que aparentemente han ido muy bien son deficitarias. Películas nacionales que
ganan dinero son cuatro o seis al año. El resultado es una industria inestable,
productores que vienen y se van, directores con una carrera intermitente. El
sistema de financiación del cine español está muy mal montado.", explicaba en
2010 en una entrevista en El Cultural,donde expresa su apoyo a la nueva Ley del
Cine en España. Su labor de despacho incluye su presidencia entre 1993 y 1994
de la Academia de Cine en España, y su presidencia entre 1997 y 1999 de la
Federación de Asociaciones de Productores Audiovisuales Españoles (FAPAE).
Además, hasta el año 2001 ocupó el puesto de Secretario General de la
Federación Iberoamericana de Productores Cinematográficos y Audiovisuales
(FIPCA).