Sorprende
contabilizar los años que se dedicó al cine Grace Kelly: sólo seis. En ese
tiempo rodó un puñado de títulos legendarios, pero después su vida se convirtió
en una película de princesas y no le hizo falta regresar al celuloide. Desde
entonces no ha habido en la pantalla ninguna otra rubia delicada de rasgos tan
absolutamente perfectos como ella.
Nacida en Filadelfia (Pensilvania) el 12 de noviembre de
1929, Grace Patricia Kelly era hija de un empresario que había ganado tres
medallas de oro en remo en las Olimpiadas, y que pertenecía a una familia de
raíces irlandesas. Soñó desde pequeña con ser actriz, pero sus padres se
opusieron radicalmente a que se dedicara a esta profesión.
A pesar de todo, ella se escapó a Nueva York, donde se sacó,
trabajando como modelo, un dinerillo, que empleó en estudiar interpretación en
la Academia Nacional de Arte Dramático. En 1949 empezó a trabajar en los
teatros de Broadway, y posteriormente en numerosas series televisivas de la
época.
Pero ella tenía pasión por triunfar en la gran pantalla, que
era la primera división, por lo que se trasladó a California donde logró que
Henry Hathaway le diera un papel secundario en Catorce horas, donde era una chica a la que un policía echa de su
taxi. Llenaba tanto la pantalla que le ofrecieron el papel principal para su
segundo film, el legendario western Solo
ante el peligro, donde se casaba con el sheriff de un pueblecito, pero éste
no se podía ir con ella porque unos peligrosos forajidos se aproximaban.
Trabajó con el maestro John Ford en Mogambo, donde era una mujer que junto con su marido contrata los
servicios de un maduro cazador (Clark Gable) que organiza safaris, y que
mantiene una relación con una atractiva mujer (Ava Gardner). Por la cinta, Grace
Kelly obtuvo una candidatura al Oscar a la mejor secundaria. Lo ganaría
posteriormente, como actriz principal por La
angustia de vivir, donde bordó el papel de esposa de un alcohólico (Bing Crosby).
Al parecer Alfred Hitchcock no estaba demasiado convencido
con lo que había visto de ella en el cine cuando la convocó para una prueba
para interpretar a la esposa cuyo marido planea asesinar en Crimen perfecto. De todas formas, quiso
conocerla en persona y cuando se encontró con ella, quedó abrumado. Al parecer le
fascinaron sus gestos, su forma de moverse... Todo en ella le parecía único, y
supo que podía sacarle mucha tajada en el cine. Durante el rodaje, ella mantuvo un romance con su compañero de
reparto Ray Milland, que estaba casado, pero que incluso se planteó
divorciarse.
Quedó tan satisfecho el realizador británico con su trabajo,
que no dudó en darle el papel de la glamourosa editora de moda de La ventana indiscreta, junto con otro de
los favoritos del realizador, James Stewart. Con Stewart, un hombre fiel a su
mujer, no hubo ningún idilio, pero éste se permitió bromear sobre el
irresistible encanto de Kelly: "¡Que esté casado no quiere decir que esté
muerto!", dijo el actor.
Su tercera y última película con Hitchcock fue Atrapa a un ladrón, con el otro actor
adorado por el realizador británico, nada menos que Cary Grant. Algunos autores
cuentan que el príncipe Rainiero de Mónaco, que ya ocupaba el trono de Mónaco,
hizo una visita oficial al rodaje en la que conoció a la actriz, aunque según
otros testimonios la había visto por primera vez cuando ella acudió al Festival
de Cannes promocionando La angustia de
vivir. El caso es que Rainiero se enamoró de ella e hizo varios viajes a
Estados Unidos para conquistarla, mientras ella rodaba El cisne, donde interpretaba a una princesa, en un paradójico anticipo
de lo que la esperaba en su vida futura, y Alta
sociedad, otra vez con Bing Crosby, que sería su última película. En esta
versión musical de Historias de
Filadelfia, la actriz llegó a lucir el anillo con el que Rainiero le había
pedido que se casara con él.
En abril de 1956, la actriz contrajo matrimonio con
Rainiero, con un espectacular vestido de novia de la americana Helen Rose.
Convertida en Su Alteza Serenísima la Princesa Gracia de Mónaco impulsó el
turismo en Mónaco, así como la llegada de inversores y derrochadores en busca
de casinos. Nunca las doscientas hectáreas que mide el pequeño país estuvieron
tan en boga. Tuvieron tres hijos, Carolina, Alberto -actual soberano- y
Estefanía.
Hitchcock trató de rescatarla para el cine una vez más. Se
llegó a publicar en prensa que la princesa protagonizaría a sus órdenes Marnie la ladrona. El maestro del
suspense estaba dispuesto a todo, ella elegiría las fechas de rodaje, podía
vetar el reparto, lo que quisiera con tal de volver a tenerla como musa. La
princesa estaba muy entusiasmada con el proyecto y con la idea de volver a la
pantalla. Pero entonces, ¿qué falló? Rainiero se opuso radicalmente a que
filmara la película. A Hitchcock no le quedó otra que buscarse otra rubia, la
prodigiosa Tippi Hedren. El realizador se buscaría otras sustitutas rubias,
pero dicen que nunca recuperó la magia que sentía cuando dirigía a Kelly.
Un accidente, en la misma carretera en la que rodó
una de las secuencias clave de Atrapa a
un ladrón, truncó la vida de la princesa prematuramente, a los 52 años, el
13 de septiembre de 1982. Le acompañaba en el coche su hija Estefanía, que
salió ilesa. Los médicos del hospital de Mónaco que lleva su nombre trataron de
reanimarla en vano.