Jean-Luc
Godard destaca por ser uno de los directores más polémicos del cine moderno.
Pionero de la Nouvelle Vague francesa, está considerado un maestro del arte de
las imágenes.
Nacido en París (3 de diciembre de 1930), es
de origen suizo (su padre era un médico protestante y su madre, hija de
banqueros). Estudió Etnología en la Universidad de la Sorbona y fue un
reconocido crítico cinematográfico de Cahiers du cinéma. En 1954 debutó como
documentalista con Opération Béton, y
dirigió a continuación cuatro cortometrajes. Su ruptura con la sintaxis
tradicional del Séptimo Arte le hizo célebre en todo el mundo, influyendo en
otros cineastas contemporáneos. Puede decirse que tras Godard, las reglas del
lenguaje fílmico han quedado prácticamente abolidas; de ahí que tenga tantos
detractores como partidarios.
Es un autor anárquico, antiguo
marxista-leninista y de formación existencialista. Agresivo y de obra desigual,
Jean-Luc Godard posee un estilo muy singular: continua improvisación, enorme
inventiva e imaginación, con reflexiones insolentes, alogicismo y encuadres
anticonvencionales. También se observan ciertas digresiones deliberadas, amargo
sentido del humor, sorpresas constantes y hallazgos formales con referencia a
la cultura autóctona del cine. Su tono amoral llega hasta la provocación y el
cinismo, con escenas gratuitas de exhibición intelectual y anatómica, y con
letreros y citas de culto minoritarias, que a veces irritan al público. Todo
ello lo hallamos en su extensa obra (Al
final de la escapada, Una mujer es
una mujer, Pierrot, el loco, Masculin-Féminin, Origen USA, Deux ou trois
choses que je sait d'elle, La
chinoise (La China), Week-End),
que ha sido premiada en varias ocasiones.
A través de sus películas se aprecia también
cierta rebeldía romántica y una búsqueda del equilibrio inestable entre el
personaje central y el mundo que le circunda y su íntima evolución (Une femme mariée y Vivir su vida). Para algunos teóricos, su estética está influida
por el famoso "montaje de atracciones" de Eisenstein y el pop-art. Antes del
citado Pierrot, el loco (1965),
Godard tenía una devoción por el cine de Hollywod, pero dentro de una gran
libertad de interpretación de los géneros. En la segunda etapa de su obra, el
cine está entre el arte y la vida, lo intelectual se presenta como opuesto al
espectáculo pequeño-burgués de Hollywood; pues en los títulos de crédito no
pone "dirigido por" sino "composée par" o, a veces, ni figura. Jean-Luc Godard
entiende el film como un mosaico de fragmentos de vida que él se limita a
juntar.
Con su crítica acerba y pesimista incide en el
absurdo, como método de demolición del orden establecido. Así, Godard ofrece en
sus filmes estudios psicosociológicos y acaso filosófico-existenciales que
resultan muy difíciles de ser comprendidos por el gran público, quien, a veces,
se queda en la escabrosidad del tema o en la obscenidad de las imágenes. Es
posible que este autor vaya más allá, pero debido también a su peculiar
lenguaje cinematográfico -o anticinematográfico tradicional- apenas logra una
comunicación eficiente con el espectador. Por eso muchas de sus cintas resultan
pedantes, aburridas e incluso producen enfado o cierto hastío en el público
convencional.
En cuanto al significado, la influencia de su
cine habrá que buscarla mejor en los valores que destruye o pone en entredicho
sin ningún pudor. Matrimonio, familia, moralidad, religión, vida social,
sentido patriótico, autoridad, política de partido, educación... son derruidos
por medio de las historias que cuenta, sin proponer ningún orden nuevo. Se
evidencia también un predominio de lo espontáneo, de hacer las cosas o actuar
por mero placer, superando lo que para este autor son prejuicios y cohíben el
desarrollo natural de la persona.
Después del Mayo francés, Jean-Luc Godard se
dedicó al cine militante -al margen de la industria, asociado con Jean-Pierre
Gorin en el "Grupo Dziga Vertov"-, dentro de su dialéctica materialista e
incidiendo en el escándalo y la acción revolucionaria. En 1979, desengañado de
los postulados del 68 y tras una etapa de experimentación en vídeo, volvería a
su obra tradicional (Sálvese quien pueda,
la vida, 1979), reflexionando sobre sus temas habituales y métodos de
creación (Pasión (1982)), al propio
tiempo que evocaría los principios de la Nueva Ola francesa -que con François
Truffaut ayudó a crear- en su película Nouvelle
vague (1990). Recientemente, tras su singular Histoire(s) du cinéma, recibió un Oscar de Hollywood honorífico por
su carrera.