F. Murray Abraham
86 añosPremios: Oscar (1) Ver más
Cualquier cosa menos mediocre
“Mediocres del mundo, yo os absuelvo de vuestra mediocridad”. Esta frase de su personaje de Antonio Salieri en “Amadeus”, que le dio el Oscar, no puede aplicarse a F. Murray Abraham, un actor talentoso que ha desarrollado una increíble carrera de más de 50 años.
Murray Abraham, más tarde conocido como F. Murray Abraham –la F la tomó para honrar a su padre, Fahrid–, nació en Pittsburgh, Pensilvania, en 1939. Su padre era sirio, y su abuelo paterno sacerdote de la iglesia ortodoxa griega en Antioquía. Mientras que su madre era una de los catorce hijos de una familia de inmigrantes italianos. El mayor de tres hermanos, los tres crecieron en la ciudad texana de El Paso, donde ejercían de monaguillos en la iglesia de St. George Antiochian. Antes de estudiar y dedicarse a la interpretación, trabajó en una fábrica textil de una familia procedente del Líbano.
Se formó en el Texas Western College y en la Universidad de Texas en Austin, mientras desarrollaba su cualidades actorales, y allí su exotismo le permitió interpretar a un indio comanche en una obra teatral. Completaría sus estudios para actor en Nueva York en el HB Studio de Uta Hagen. Y se casaría muy pronto en 1962, con la que sería la mujer de su vida, Kate Hannan, madre de sus dos hijos, que falleció en 2022.
Su primera vez en la pantalla fue con un papel menor de ujier en El detective y la doctora (1971), que protagonizaban George C. Scott y Joanne Woodward. Siguieron en la década de los 70 títulos memorables, como el de uno de los jefes de Al Pacino, en Sérpico (1973), a las órdenes de Sidney Lumet, La pareja chiflada (1975), comedia de Herbert Ross con Walter Matthau, y la cinta de investigación periodística sobre el Watergate Todos los hombres del presidente (1976), donde era un policía. No fueron composiciones inolvidables, tal vez muchos otros actores lo habrían hecho igual de bien, pero estaba claro que era una presencia especial, su profesionalidad estaba siendo demostrada una y otra vez. De todos modos resultaba frustrante no avanzar más allá, y tener que completar sus ingresos en el mundo publicitario. Hasta el punto de que en 1978 decidió dejar de actuar, y era Kate que traía un sueldo a casa, mientras que él era amo de casa, cuidando de los niños.
Por suerte los 80 se mostraron más propicios. De entrada, Brian de Palma contó con él para componer al gángster Omar Suárez en El precio del poder (1983), y de nuevo coincidiendo con Al Pacino una década después de Sérpico. Aunque indudablemente la película que lo cambió todo fue Amadeus (1984), donde Milos Forman llevaba a la pantalla la obra de teatro de Peter Shaffer sobre la supuesta envidia de Antonio Salieri al genio musical de Wolfgang Amadeus Mozart, encerrado en un tipo tosco e incluso grosero. Abraham logró el Oscar al mejor actor, y logró que despegara su carrera, algo que no pudo decir el otro actor que tenía una oportunidad de oro, Tom Hulce. Ambos compartían momentos sublimes, como el de la composición del Réquiem. La interpretación del actor de 45 años fue tan poderosa que se le abrieron las puertas de grandes papeles, sobre todo en teatro, pues la edad y el físico mandaban, pero en los escenarios pudo hacer clásicos de Shakespeare –“Ricardo II”, “Otelo”, “El mercader de Venecia”– Chejov –“Tío Vania” o Becket –“Esperando a Godot”–.
En cine y televisión sería un actor requerido para buenos roles secundarios. Así, estuvo en El nombre de la rosa (1985), adaptación de la novela de Umberto Eco , como inquisidor enfrentado a Sean Connery. De Palma volvió a acudir a él en la fallida adaptación de una célebre novela de Tom Wolfe, La hoguera de las vanidades (1990). Ha hecho cine de acción y aventuras con Arnold Schwarzenegger –El último gran héroe (1993)– e incluso una adaptación libre y poco afortunada de Julio Verne –Viaje al corazón de la tierra (1994)–, pero también ha estado a las órdenes de Woody Allen en Poderosa Afrodita (1995), con Mira Sorvino, actriz con la que volvió a coincidir en Mimic (1997), de Guillermo del Toro. A veces trabajaba a destajo, en 1999 igual estaba con Los Teleñecos en el espacio, que en series televisivas bíblicas.
El nuevo milenio le volvió a unir a Connery como profesor universitario en Descubriendo a Forrester (2000), bajo la dirección de Gus Van Sant. Los hermanos Joel y Ethan Coen le requirieron para A propósito de Llewyn Davis (2013) y Wes Anderson para la muy coral El Gran Hotel Budapest (2015).
A partir de la tercera temporada, estuvo en la trepidante serie de espías Homeland, como uno de los jefazos de la CIA, y por tanto de la bipolar agente Carrie Mathison. No ha hecho ascos a los relatos seriados de la pequeña pantalla, como demuestra su presencia en Chimerica (2019), The White Lotus (2022), El gabinete de curiosidades de Guillermo del Toro (2022) y Caballero Luna (2022).
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