Dices
el nombre de John Williams, y te dan ganas de ponerte a tararear. Hasta el
espectador con menos oído tiene en su memoria cinéfila los temas principales de
películas inolvidables, como la saga de La
guerra de las galaxias, En busca del
arca perdida, o incluso los violines de La
lista de Schindler. Más de un centenar de partituras para el cine le
convierten en leyenda.
John Williams nació en Long Island, en
Nueva York (aquí dan ganas de cantar con Frank Sinatra "New York, New York") el
8 de febrero de 1932. No tuvo que irse muy lejos para tomar gusto a la música,
pues su padre era percusionista en la CBS Radio y formaba parte del Quinteto de
Raymond Scott. Él empezó a tocar el piano con 7 años, y con el firme propósito
de ser concertista se traslado con la familia a Los Ángeles con apenas 15 años; el padre entonces trabajó esporádicamente para el cine. Ya por
entonces le gustaba dirigir grupos musicales, pues estaba al frente de su
propia banda de jazz. Con un talento poco común, a los 19 años estrenaba en
público una sonata para piano compuesta por él mismo.
Lo suyo no era sólo afición o saber de
oído. Estudió muy en serio en UCLA y en Los Angeles City College, quería
aprender a dirigir orquestas. Entre los maestros que le tutelaron se encuentran
Robert Van Eps y Mario Castelnuovo-Tedesco. Como trabajaba en serio y aquello
era claramente su vocación, durante el servicio militar dirigió una orquesta en el
ejército del aire. Su formación no la considera acabada nunca, de modo que
recibe más inputs en la neoyorquina escuela Juilliard, de la mano de la mítica Rosina
Lhevinne. En la Gran Manzana se gana la vida tocando jazz en clubs, pero
Lhevinne le anima a que no deje de crear su propia música. Regresará a Los
Ángeles, y Hollywood encontrará en él a un compositor con el talento de un
gigante.
Pero no todo fue llegar y besar el santo.
Lo que sí es verdad es que pudo trabajar junto a los compositores
hollywoodienses más importantes, nombres de la talla de Bernard Herrmann,
Alfred Newman o Dimitri Tiomkin. Él tocará el piano, y hará trabajos de
arreglos en Fox y Columbia, donde trabaja con André Previn. Incluso conoce ahí
a su esposa, la actriz y cantante Barbara Ruick, su esposa hasta que fallece en
1974. Con ella tuvo tres hijos. En 1980 contraerá segundas nupcias con Samantha
Winslow, con la que vive en Boston.
Williams hará mucho trabajo en tele,
apareciendo en los créditos como Johnny Williams, a finales de los 50 y
principios de los 60. Sus primeros trabajos en cine de entidad son El señor de Hawaii (1963) y Código del hampa (1964). Suya será la
partitura de la popular serie televisiva Perdidos
en el espacio (1965). William Wyler le permite dar a su película Cómo robar un millón (1966) el requerido
tono de comedia sofisticada de ladrones. En 1968 logra su primera nominación al
Oscar por El valle de las muñecas.
Será un habitual de las estatuillas doradas, cuenta en su haber con 5 Oscar de
47 nominaciones. El primero será en 1972 gracias a su trabajo de adaptación del
musical El violinista en el tejado. Trabajar para el cine reconocerá que puede ser agónico, y que no dejas de estar en manos de los grandes estudios, pero él logrará una posición ciertamente privilegiada.
En los 70 su nombre queda asociado al
cine de catástrofes, sus partituras vibrantes de animada orquestación encajan
perfectamente en La aventura del Poseidón
(1972), El coloso en llamas (1974) y Terremoto (1974). También es la década
en que conoce a un tal Steven Spielberg, un director para el que compondrá la
mayoría de las bandas sonoras de sus películas. La cosa empieza con Loca evasión (1974) y sigue con la
mítica, popular y pegadiza música de suspense y terror de Tiburón (1975), su primer Oscar por una partitura original para el
cine. Gracias a su feliz colaboración con Spielberg tendrá el Oscar por E.T., el extraterrestre (1982) y La lista de Schindler (1993). 26
trabajos cuenta, por ahora, con este director.
Para George Lucas, compondrá la música de
La guerra de las galaxias (1977),
oscarizada, y se asociará a la saga de Indiana Jones. También es sobresaliente
su trabajo en la saga Superman
(1978). Fuera de la órbita spielbergiana y luciana está la jugetona música de Solo en casa (1990) y secuela, su
memorable partitura de Las cenizas de
Ángela (1999), su incursión en el mundo Rowling en dos títulos de Harry
Potter (2002 y 2004), y la música de aire oriental para Memorias de una geisha (2005).
A punto de cumplir los 80 años, tiene dos
nominaciones al Oscar por sendos trabajos con Spielberg, en Las aventuras de Tintín: El secreto del
Unicornio y War Horse (Caballo de
batalla). Sobre la envergadura de su aportación al cine de Spielberg da
idea este comentario sobre su colaboración en Encuentros en la tercera fase: ""John
se convirtió en algo más que un mero compositor de alquiler. Fue un colaborador
creativo en todas las fases de postproducción, y se pasó los días enteros
durante quince semanas en el estudio de mezclado y en las salas de edición". Por
supuesto, su próximo trabajo es para su fiel patrón, en el biopic de Lincoln. Más allá del cine tiene 50
composiciones, incluidas distintas fanfarrias para las Olimpiadas, y los
especialistas le sitúan en el movimiento neorromántico, con influencias de
Richard Wagner.