Jordi Mollà se esfuerza en buscar papeles muy
diferentes, y es capaz de rodar en español, catalán, francés e inglés. El cine
español se le ha quedado corto y últimamente se ha establecido como secundario
de Hollywood.
Nacido
el 1 de julio de 1968 en L'Hospitalet de Llobregat, Jordi Mollà i Perales se
preparaba para ser administrativo. "Pero algo dentro de mí me decía que tenía
que hacer otra cosa, que aunque me diera miedo, aunque pudiera ser
catastrófico, tenía que estudiar teatro e intentar ser actor". Decidió intentar
cumplir su sueño, y finalmente se matriculó en el Institut de Teatre de
Barcelona, aunque luego amplió su educación en Italia, Hungría e Inglaterra.
Empezó a actuar con la compañía catalana Teatre Lliure, además de intervenir
brevemente en la serie de la televisión autonómica La granja.
El
actor realizó su mejor trabajo en La buena estrella, de Ricardo Franco, donde
era Daniel, un tipo que maltrata a su novia tuerta, que tras quedarse
embarazada se refugia en casa de un carnicero estéril. Además de volver a
trabajar con Bigas Luna en la prescindible Son de mar, encarnar a Sapo,
sospechoso compañero de piso de Eduardo Noriega en Nadie conoce a nadie, y algún papel en
películas menores como el western Un dólar por los muertos o Segunda piel, debuta en Hollywood
con Blow,
durante cuyo rodaje hizo buenas migas con el actor Johnny Depp.
Mollà
es un artista polifacético que no se limita únicamente a actuar, sino que
también tiene inquietudes literarias, pues ha escrito las obras 'Agua
estancada' y 'Las primeras veces'. Es también autor de diversas creaciones de videoarte, y se
prodiga como pintor. Fue también director del film No somos nadie, crítica al mundillo
catódico, aunque asegura que en su casa no tiene televisor.
A pesar de que tiene una posición envidiable -no paran de llamarle
para rodar producciones de Hollywood- lo cierto es que Mollà acumula más
despropósitos que aciertos, con títulos 'gloriosos', como El cónsul de
Sodoma. Pero a él no parece preocuparle esto en absoluto.
"Me gustan los actores que han hecho trabajos que
pasan a la historia e interpretaciones para olvidar. Un actor que siempre da en
la diana es de un aburrimiento tremendo, es como un tenista que lo devuelve
todo", comenta Mollà. "No quiero compararme en absoluto con Marlon
Brando, pero creo que por esa misma razón ahora le recordamos tan grande y nos
dio trabajos tan descomunales". Efectivamente, equipararse a sí mismo con
Marlon Brando puede ser una comparación odiosa. Tiene pendiente de estreno el
film There Be Dragons, donde interpreta a un
secundario.