Ficción, documental, ¿qué más da? Para José Luis Guerín el cine es arte, y él un artista que filtra el mundo a través de la mirada personalísima de su cámara.
José Luis Guerín nació en Barcelona en 1960. De formación
autodidacta, y siempre interesado por la estética, comenzó a rodar cortos con
su cámara de Súper 8 en 1975, para luego pasar a los 16mm. Su afán de aprender
también le llevaría a la enseñanza, pues Guerín es profesor de cinematografía
en la Universidad Pompeu Fabra en su ciudad, y allí ha impulsado la carrera de
cineastas con su misma sensibilidad.
1983 marcó su debut como director de largometrajes gracias a
Los motivos de Berta, que evidencia lo
que será una constante en su filmografía, su condición de autor personalísimo,
que acomete las películas que desea, que nacen en su mundo interior, no son
encargos de terceros. Su film, rodado en blanco y negro y con una adolescente
de protagonista que vive en una población rural, invitaba inevitablemente a las
comparaciones con El espíritu de la colmena, una de las obras maestras indiscutibles del cine
español. En cualquier caso era un trabajo riguroso, de ritmo pausado y
contemplativo, que invitaba a pensar, además de en Víctor Erice, en el cine de
Robert Bresson. Desgraciadamente, tendría muy poca difusión. El hecho de que la
idea de la cinta partía de los diarios de adolescente que Guerín coleccionaba
resulta premonitorio de su interés por el documental, aunque no un documental
cualquiera, sino de aquel que se ha dado en llamar documental de ficción.
Que su cine es especial, y difícil de analizar, lo reconocía
el propio Guerín en una entrevista a la revista Dirigido, donde afirmaba: "La
crítica sólo puede existir si se deriva de un análisis previo, que es lo que
generalmente no hay. Lo que me preocupa es cuando se eliptiza un análisis y se
deja sólo la crítica, generalmente no entiendo nada, y creo que hay tanto falta
de espacio como pereza mental en algún caso."
El siguiente largo de Guerín tardará siete años en llegar, y
como todo su cine, sería un apetitoso bocado para los amantes del cine más
exquisito. Innisfree era una película
casi mágica, que proponía un viaje a la localidad irlandesa donde John Ford
rodó El hombre tranquilo. El
lugar en la actualidad parecía hacerse eco de los fantasmas fílmicos de antaño
que todavía rondarían el lugar.
Otro salto en el tiempo, siete años 'again', y nuevamente
tenemos un documental creativo y 'fantasmal', que surge a partir de las viejas
películas familiares de Gérard Fleury, que desapareció en los años 30. Tren
de sombras jugaba con presente y pasado, y
la posibilidad de que el celuloide desvele secretos largamente ignorados.
Las grandes obras se gestan despacio, o dicho de otra forma,
Guerín no tiene prisa en rodar aceleradamente. Debe surgir la idea, y entonces
se pondrá a la obra. Y precisamente unas obras dan pie a su siguiente film, de
2001, En construcción, donde sigue el
levantamiento de un edificio en el antiguo barrio chino. Con horas y horas de
material filmado, y atento a cómo afecta a las vidas de las personas la
construcción, entrega un arriesgado y hermoso film sobre la cotidianeidad,
donde juega a recrear la realidad con los protagonistas de la misma. La
película ganaría el Goya al mejor documental, y el Premio Especial del Jurado
en el Festival de San Sebastián.
En estos momentos la categoría fílmica de Guerín está
firmemente establecida. Su cine se dirige a una "inmensa minoría", pero ésta la
acoge con pasión, espera ilusionada sus nuevos trabajos. En la ciudad de
Sylvia (2007) también tiene aire
documental, pero desde luego cuenta con actores. Sin embargo la trama que se
desarrolla por las calles de Estrasburgos, la ciudad de Sylvia, es mínima,
apenas se pronuncias algunas frases, las imágenes del artista que sigue a la
joven se bastan en una propuesta estéticamente hermosa, pero que exigen el
esfuerzo comprometido del espectador. La película acudiría a la Mostra de
Venecia, y daría pie a otra obra más experimental, Unas fotos en la ciudad de
Sylvia y, prolongando aún más el encadenamiento de obras, a la reciente Guest, donde el periplo promocional del film en distintos
festivales de todo el mundo da pie a una mirada a gente diversa, y a
reflexionar una vez más acerca de la delgada, inexistente línea divisoria entre
ficción y documental.