La metáfora del titular es poco apropiada, porque
Medem no es ni de lejos un mafioso, pero su carrera recuerda a la de aquellas
fascinantes figuras gangsteriles de los años 30, que irrumpían con fuerza,
llegaban a la cima del mundo, y luego caían estrepitosamente. Llegó a tener de
su parte a la crítica, al público y hasta al mismísmo Steven Spielberg, pero
ahora parece que la gente cambia de acera cuando se lo cruza por la calle. Ésta
es la historia de un cineasta que hace gala de una narrativa originalísima,
técnicamente brillante, que tiene el talento suficiente para resurgir (confiemos
en que así sea) algún día del pozo sin fondo en el que se haya actualmente.
Julio Medem Lafont nació en San Sebastián, el 21 de octubre
de 1958, y aunque pasó muchos años en ésta ciudad, pronto su familia se
traslada a Madrid, donde estudia en Nuestra Señora del Pilar, colegio
marianista de enorme prestigio que ha tenido alumnos como Alberto Cortina o
José María Aznar. Pronto, Medem descubre su afición al cine, gracias a una
cámara de super 8 de su padre, con la que éste rodaba los grandes
acontecimientos familiares, y que Julio solía coger a escondidas para rodar imágenes
de su hermana Ana. El chico era un gran deportista, considerado una promesa del
atletismo, que estuvo a punto de conseguir una beca para las olimpiadas.
Licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad del País
Vasco, en lugar de ejercer decidió regresar a su localidad natal, donde se
adentra en el mundo del cine, primero como crítico del periódico "La voz de
Euskadi". De formación cinematográfica completamente autodidacta, rodó diversos
cortos: El ciego, El jueves
pasando, Fideos, Martín,
etc.
Finalmente escribe el guión de un largometraje, Vacas, y decidido a encontrar financiación como sea, viaja
a Madrid donde se pasea por todas las productoras posibles, pero se lo rechazan
con la excusa de que se trata de una película inclasificable, de argumento
extraño, y sobre todo muy poco convencional. Estaba a punto de abandonar la
ilusión de llevar Vacas al cine,
cuando recibió una llamada de Sogetel, empresa que acababa de formarse, que
había decidido darle luz verde al proyecto. Protagonizada por Carmelo Gómez y
Emma Suárez, narra las vivencias de dos generaciones desde la Segunda Guerra
Carlista hasta la Guerra Civil, desde el punto de vista de las vacas.
El film -posiblemente su mejor trabajo hasta la fecha-
sorprendió gratamente y recibió muy buenas críticas, sobre todo por la
singularidad narrativa del debutante realizador. De nuevo con los dos actores
citados, y con Nancho Novo, otro actor recurrente de su filmografía, Medem
rueda La ardilla roja, sobre un tipo a
punto de suicidarse que ayuda a una motorista accidentada que ha perdido la
memoria. El film no obtuvo el reconocimiento crítico de su predecesora, pero
entusiasmó a los ejecutivos de DreamWorks, y por lo visto nada menos que Steven
Spielberg llegó a llamar a Medem para proponerle que filmara para ellos La
máscara del zorro, con Antonio Banderas, ya
que les entusiasmaba la idea de un director español. Pero Medem no se ve en una
cinta tan alejada de su estilo, y acaba desistiendo, y centrándose en Tierra, que en principio también iba a estar protagonizada
por Banderas. Por desgracia, éste no para de trabajar en Hollywood, y la
preproducción se alarga, hasta que Medem le sustituye por Carmelo Gómez, de
nuevo emparejado con Emma Suárez. Ángel, exterminador de plagas, sufre un
desdoblamiento de personalidad, y se debate entre el amor de dos mujeres.
A continuación Medem logró llegar al gran público español,
con Los amantes del círculo polar, en la
que da rienda suelta a sus particulares recursos estilísticos, con los que
logra ocultar la falta de sustancia de la trama. Aunque se pone de moda, Medem
evidencia ya en este momento su
mayor problema, sigue siendo un realizador a seguir, es cada vez mejor a nivel
técnico, pero parece agotado como guionista. Esta peligrosa tendencia se
confirma desgraciadamente con Lucía y el sexo, errática, gratuita, morbosa, y sobre todo vacía, a
pesar del buen hacer de Paz Vega, que se consagró como actriz. Nominada para
once Goya, gana finalmente dos: música y actriz revelación, Paz Vega.
El film más polémico de Julio Medem fue La pelota vasca, documental bienintencionado sobre el terrorismo y
la violencia en el País Vasco, en el que el director quiso ofrecer una visión
poliédrica del asunto, mediante entrevistas a más de 70 personajes. Medem logra
un trabajo técnicamente impecable y fresco, pero no consigue entenderse con los
políticos del Partido Popular, que no aparecen en la cinta, se le notan sus
simpatías por los nacionalistas, y provoca indignación cuando en un montaje
paralelo alterna imágenes de una viuda de un ertzaintza, asesinado por ETA,
con las de la esposa de un etarra que viaja a ver a su esposo preso. Medem
decidió abandonar un film complementario de ficción que iba a titularse Aitor.
La piel contra la piedra, y dejar la
temática vasca.
La trágica muerte de su hermana Ana en accidente de coche le
inspira para la película Caótica Ana, un
homenaje a su memoria protagonizado por una joven pintora de estilo algo hippy
(Manuela Vellés). Pero es un film anárquico que acaba de reafirmar la
decadencia absoluta del cineasta, que insiste en las imágenes de sexo
explícito, y que llega a realizar un delirante alegato en contra de la Guerra
de Irak, en una vergonzosa secuencia -que encima pretende ser poética- en la
que la protagonista defeca encima de un alto cargo estadounidense que manda
tropas al conflicto. Esta vez, la jugada 'no cuela'. Recibe unas críticas
nefastas, y el público no acude a los cines.
Medem se desconcierta por completo. Hasta ahora le han reído
las gracias, y no acaba de entender por qué su película, muy en la línea de sus
inmediatas predecesoras, no convence. "Tengo que
asumir que mi película no guste, estoy acostumbrado a ello y no me preocupa.
Pero sí recibo mal las agresiones y esta agresión ha sido muy fuerte. Ha habido
gente que se ha vuelto loca contra mí, han dicho cosas muy duras. Ciertos
jueces (críticos), que no son muchos pero tampoco pocos, han entrado muy fuerte
con la intención de machacarme". Medem no oculta su decepción por el
hecho de que en los Goya no recibiera ni una sola nominación. "Me hizo daño, yo no esperaba nada para mí con todo lo que
me había caído ya encima, pero sí confiaba en alguna nominación para Manuela
Vellés, o la fotografía, o la música o la dirección de arte".
Por desgracia Medem (qué buen director sería si tuviera un
señor guión), no acaba de encontrar el camino. Le echa la culpa del fracaso de Caótica
Ana a que el público español no le
comprende, y decide dar un giro radical a su carrera -o lo que él entiende como
tal- con Habitación en Roma,
rodada en inglés -aunque las protagonistas también tienen alguna frase en
español o ruso, y hay algo de italiano-. Pero esta versión lésbica de la
chilena En la cama, sobre una
rusa y una española que pasan una noche de pasión sexual tras conocerse
fugazmente en Roma, sigue siendo lo mismo: mucha carne y poca 'chicha'
intelectual. Se supone que Medem estaba dispuesto a asumir las críticas -que
son tan malas como las de Caótica Ana- pero esperaba un gran éxito comercial por lo tórrido de la propuesta
y su explícito tráiler. Pero el film es un absoluto desastre. A pesar de que la
prensa y la televisión le dedican una enorme atención, el golpe fue rotundo. En
su primer fin de semana en España le supera en recaudación hasta Viaje
mágico a África, producción española en 3D
de escasísimo interés. Los datos de taquilla son humillantes: se estrenó con la
cifra nada desdeñable de 130 copias, pero la media de recaudación de cada una
de ellas fue de 1.609 euros.
Medem tiene pendiente de rodar un film titulado Pericles y Aspasia,
en la que Pericles cuenta a Eurípides mientras se dirigen en un barco a la
guerra del Peloponeso, su historia de amor con Aspasia, una joven que acumula
la belleza de Afrodita y la sabiduría de Atenea. Para esta historia basada en
hechos reales, Medem pasó un año documentándose sobre la Grecia del siglo V
antes de Cristo. Pero el film debía ser una gran superproducción financiada con
los beneficios que se suponía que iba a obtener con Habitación en Roma,
por lo que de momento ha quedado totalmente aparcado.