Desenfado, sofisticación, profesionalidad, talento. Apelativos que definen a una de las actrices más grandes de todos los tiempos.
"Un carácter realmente fuerte", con esas breves palabras definía John Wayne a Katharine Hepburn, una mujer que durante toda su vida ha tenido una merecida fama de individualista y liberal. Sus papeles de chica lista, alocada, de rostro anguloso y aire desgarbado, con una sorprendente determinación e ingenio, han hecho más por la mujer que todas las propagandas feministas habidas y por haber. Y es que Kate se convirtió muy pronto en icono de un tipo de mujer dominadora del género masculino, dueña de tan arrebatador magnetismo que cualquier hombre caía de rodillas ante ella, incluido Cary Grant (que ya es decir). Ostenta el récord de haber ganado cuatro Oscar -de un total de 12 nominaciones-, pero también el de no haber ido a recoger ninguno de ellos: "Para mí los premios no son nada, mi premio es el trabajo", decía con suficiencia. Y es que, como aseguraba Bogart, su compañero de reparto en La reina de África, "Kate hace lo que le viene en gana".
Nacida en Hartford (Connecticut) el 12 de mayo de 1907, comenzó a interesarse en la interpretación en la Universidad. Tras algunos intentos fallidos en las escena, debutó en el cine en 1932 con Doble sacrificio. El director George Cukor se dio cuenta al instante del diamante que había descubierto. Y ese fue el imparable despegue de una carrera que puede dividirse en tres etapas.
A partir de ese momento su salud debilitada no le permitía ya demasiadas incursiones en el cine. Su último trabajo fue en Un asunto de amor (1994), el remake del clásico Tú y yo, protagonizado por Warren Beatty y Annette Bening. Kate vivió retirada en su casa de Old Saylbrook, en Connecticut, hasta su fallecimiento, acaecido el 29 de junio de 2003, cuando la genial actriz tenía 96 años.