Kevin Spacey es
sencillamente uno de los grandes monstruos, posiblemente el más grande, del
cine actual. Sin esfuerzo aparente borda los personajes más difíciles, y tiene
tanta fuerza en pantalla que es capaz de darle fuste a producciones mediocres.
El menor de tres hermanos, Kevin Spacey Fowler procede de
South Orange, en Nueva Jersey, donde vino al mundo el 26 de julio de 1959. Su
madre era secretaria y su padre un redactor, que por necesidades de su trabajo
se mudaba constantemente con su familia, hasta que finalmente acabaron
establecidos en California. De niño, Spacey era bastante revoltoso, hasta el
punto de que sus progenitores decidieron enviarle a una academia militar,
aunque no sirvió de nada porque se fugó varias veces del lugar y al final le
expulsaron.
Empezó a centrarse cuando le matricularon en un centro del
Valle de San Fernando donde empezó a participar en el grupo de teatro, donde le
pusieron a hacer de Capitán Von Trapp, en una representación de "Sonrisas
y lágrimas". Había encontrado su camino, y decidido a hacerse actor
profesional se matriculó en el Juilliard School, de Nueva York, al tiempo que
actuaba como monologuista cómico.
Empezó con pequeños papeles sobre las tablas, primero como
mensajero en "Enrique VI", de William Shakespeare. A continuación
debutó en Broadway en "Fantasmas", de Henrik Ibsen, junto a Liv
Ullman.
A mediados de los 80 debutó en el cine como un ladrón en el
metro que aparece brevemente, en Se acabó
el pastel. Durante muchos años se limitaba a aparecer como secundario en
títulos como Armas de mujer, No me chilles, que no te veo, Mi padre o Bajo otra bandera.
Empezó a despuntar como John Williamson, el joven director
de la oficina donde trabajan los protagonistas de Glengarry Glen Ross (Éxito a cualquier precio), brillante
adaptación de la obra teatral de David Mamet, dirigida por James Foley, en
donde compartía la pantalla con gigantes como Al Pacino, Jack Lemmon, Alan
Arkin, Ed Harris... Nunca ha dejado los escenarios. Recibió un premio Tony, por
su interpretación del tío Loui, en "Perdidos en Yonkers", de Neil
Simon.
El gran año de Kevin Spacey es 1995. Entonces fue el
estafador lisiado Roger Kint, en Sospechosos
habituales, título de culto que dejó fascinados a los cinéfilos, y que le
valió su primer Oscar, al mejor secundario. Muy poco después, se consagraba por
completo como Juan Nadie, el frío asesino en serie de Seven. Puso como condición para participar en la cinta no salir en
los títulos de crédito del comienzo, para no crear expectativas que
condicionaran al público.
Ha tenido tiempo Spacey de hacer sus pinitos como
realizador. Tras la interesante La trampa
del caimán, dirigió Beyond the Sea,
una original biografía cinematográfica del cantante Bobby Darin, también
interpretado por él.
En los últimos años se ha dedicado mucho al teatro, sobre
todo tras ser elegido director artístico del teatro Old Vic, uno de los más
importantes de Londres, donde dirige a una compañía que actúa ocho meses al
año. Ocasionalmente, también interviene en los montajes como actor.
Esta dedicación no le ha impedido seguir apareciendo en
pantalla, por lo que fue el malvado Lex Luthor en Superman Returns, profesor que apuesta con un grupo de alumnos en
los casinos en 21: Black Jack y un
alto ejecutivo en Margin Call.
Se sabe que Kevin Spacey nunca se ha casado, pero muy poco
más. Se ha propuesto que nadie sepa nada de su vida privada y de momento lo
consigue, alegando razones profesionales. "No es que quiera crear un aura
de misterio, es que cuanto menos sepa el espectador sobre mí, más fácil me
resulta convencerle de que soy otra persona en la pantalla", explica el
actor. Vive en Los Ángeles, y es amiguete de otras estrellas de la pantalla
como Steve Martin, Sean Penn o Tom Hanks.