Para aquellos que
vivieron los 80, Kim Basinger es toda una leyenda. El paso del tiempo le ha
sentado muy bien, pues ha ido creciendo como actriz al tiempo que "la que
tuvo, retuvo" un atractivo pocas veces visto en una pantalla. Consiguió
callar la boca a quienes la calificaban de "cara bonita" y
"sex-symbol", y ha demostrado ser mucho más. En la actualidad, se ha reconvertido
en secundaria de auténtico lujo.
Nacida el 8 de diciembre de 1953, en Athens (Georgia), Kimila
Ann Basinger, Kim para los amigos, es hija de Ann, bailarina y modelo, y Don,
músico de jazz reciclado en empresario, que había participado en el Desembarco
de Normandía. Desde pequeña estudió ballet, y siempre fue extremadamente
tímida, hasta el punto de que sus progenitores llegaron a pensar que era
autista, y estaba a punto de desmayarse cuando la profesora la hacía salir a la
pizarra.
Pero Basinger se distingue por su gran fuerza de voluntad, y
aunque también sufre agorafobia -miedo patológico a los espacios abiertos-
consiguió superarse a sí misma poco a poco y presentarse a concursos de belleza
durante su adolescencia. Acabó siendo elegida Miss Georgia, lo que le abrió las
puertas de las agencias de modelos, y el camino para triunfar en el campo de la
publicidad.
Tras estudiar interpretación en la Neighborhood Playhouse,
se trasladó a Los Ángeles con la intención de triunfar en el cine. Hizo sus
pinitos en alguna serie televisiva y debutó en el cine en 1981 con Hard Country, de David Greene. Aunque no
había visto jamás una película de 007, fue reclutada para interpretar a una de
las chicas Bond más explosivas que se recuerdan en Nunca digas nunca jamás, la cinta 'no oficial' de la saga en la que
Sean Connery interpretó por última vez el papel que le hizo famoso.
Durante el rodaje de Ella
siempre dice sí se enamoró de su compañero de reparto, Alec Baldwin, con
quien Basinger, divorciada del maquillador Ron Britton, permaneció unida muchos
años, y tuvo una hija, Ireland Eliesse. Se separó de Baldwin en 2001.
A mediados de los 90, su carrera se estancó, tras ser
denunciada por incumplimiento de contrato por negarse a rodar Mi obsesión con Helena, de Jennifer
Lynch, pues aunque había firmado el contrato se olió que iba a ser un desastre.
Llevaba casi tres años en dique seco cuando leyó el guión de L.A. Confidential, pero curiosamente lo
tiró a la basura. "Jamás interpretaré a una prostituta", dijo. Pero
después pensó que la historia que había leído no estaba mal, y decidió aceptar.
Fue una decisión afortunada, pues realizó uno de los mejores trabajos de su
carrera como Lynn Bracken, meretriz de lujo que imitaba a Veronica Lake.
Consiguió con toda justicia el Oscar a la actriz de reparto.