Los 50 y los 60 fueron los años dorados de esta rubia y
bella actriz. Se llamaba Marilyn, pero tuvo que cambiar el nombre para que su
intensa luz propia no quedara menguada por el brillo estelar de la Monroe.
Malilyn Pauline Novak nació el 13 de febrero de 1933 en
Chicago. No le gustaba hablar mucho del origen del apellido, y se le atribuye
que en cierta ocasión dijo que "soy checa, pero polaca, bueno, no importa, es
mi apellido". Hija de maestros, no fue muy buena estudiante, y en cambio ya
adolescente demostró buena mano como modelo. Incluso consiguió una beca para
formarse mejor en este campo. Algo no le debía gustar de esta dedicación, pues
lo cierto es que durante años ejerció trabajos variopintos, como dependienta de
una tienda, asistente dental, y portavoz de una oficina de empleo. Pero quizá
se dio cuenta de que su belleza y su elegancia eran dones que debía emplear en
la profesión de modelo, pues recayó en ella. Y justo cuando se mudó a Los
Ángeles para trabajar, le ofrecieron un papelito sin crédito en The French
Line (1954), una película protagonizada por
Jane Russell.
La gran oportunidad cinematográfica vendría de la mano de
Columbia, que hizo pruebas a muchas actrices en busca de un recambio a Rita
Hayworth, que a la vez pudiera ser
vista como la "nueva Marilyn", una respuesta al deslumbrante brillo de Marilyn
Monroe. Y sí, curiosamente fue Marilyn Novak la escogida, pero enseguida
propusieron un cambio de nombre, Kit Marlowe. La actriz, razonable y tozuda a
la vez, aceptó el cambio de nombre de pila, pero insistió en que se quedara el
apellido de sus ancestros. Finalmente sería conocida artísticamente como Kim
Novak.
1954 marca el debut en el cine de Kim, La casa número 322, donde compuso con chispa y picardía a la chica de
un gángster. Fue a las órdenes de un director cuyo apellido rimaba con su nuevo
nombre de pila: Richard Quine, con el que tuvo una feliz asociación, pues con
este cineasta repitió en Me enamoré de una bruja (1958) y La misteriosa dama de negro (1960).
Como rubia de cascos ligeros, se prestaba a estar presente
en una comedia de enredo como Phffft!
(1954), donde coincidió por primera vez con Jack Lemmon. Y en esta vena, aunque
más ácida, trabajaría diez años más tarde a las órdenes de Billy Wilder en Bésame,
tonto.
Pero lo cierto es que la Novak deslumbraba con su belleza,
era como un imán en la pantalla, que quedaba bien sin tener que hacer grandes
esfuerzos, allí donde se lo propusiera. Lo que no quiere decir que no
aprendiera o se tomara poco en serio la profesión actoral, pues tomó clases
cuando Harry Cohn la contrató en Columbia, y al parecer se las tuvo que costear
de su propio bolsillo. En el género dramático la vimos por primera vez en
deslumbrante Technicolor en Picnic
(1955), película de Joshua Logan que le valió una nominación a los premios
Bafta. Ese mismo año también entraba en un drama sobre la drogadicción, El
hombre del brazo de oro, junto a Frank
Sinatra, con quien repitió en Pal Joey (1957).
Pero seguramente el papel por el que es más recordada la
rubia actriz es de De entre los muertos (Vértigo), de 1958, donde sufrió las excentricidades del mago del suspense, que
la hizo arrojarse a las aguas de la bahía de San Francisco varias veces, no
satisfecho con la toma, o tal vez llevado por cierto ramalazo sádico que se atribuía
al director. Fuera como fuere, el papel de mujer misteriosa que cautiva a un
vigilante James Stewart, para suicidarse ante sus ojos, con la extraña
reaparición, emocionó a cinéfilos y estudiosos de todo el mundo. De su trabajo
con Hitchcock, Kim dijo que lo que más le gustaba era que "dejaba muchas
puertas abiertas allí, muchas pistas que no se sumaban a la película en la
forma que pensabas". La estela de mujer con secretos sería aprovechada dos años
después en La misteriosa dama de negro.
Los sesenta dieron papeles importantes a la Novak, como Servidumbre
humana (1964), según la novela de W.
Somerset Maugham, donde se atrevía a retomar un papel hecho treinta años antes
por Bette Davis en Cautivo del deseo.
1965 fue destacado, más que por su papel en The Amorous Adventures of Moll
Flanders, por su romance con el actor Richard Johnson, con el que estuvo
fugazmente casado, poco más de un año. Antes había dado que hablar su aventura
interracial con Sammy Davis Jr., que no llegó a buen puerto. Finalmente encontraría
la estabilidad sentimental con Robert Malloy, un veterinario con el que se casó
en 1976, y con quien continúa en la actualidad, aunque no han tenido hijos.
Interesante fue también su incursión de cine dentro del cine en La
leyenda de Lilah Clare (1968), a las
órdenes de Robert Aldrich.
A partir de aquí, su estrella declinó.
Hizo pocos títulos de interés en los 70, y en los 80 era un rostro más de esos
repartos de viejas glorias en filmes basados en novelas de Agatha Christie en El
espejo roto (1980). Lo más
destacado fue su fichaje para la serie televisiva Falcon Crest donde, guiño al pasado, su personaje se llamaba
Kit Marlowe, el nombre que estuvo a punto de asumir cuando empezó en el cine. Y
en 1990 haría The Children, junto a Ben Kingsley, adaptación de una novela de Edith Wharton, su
último papel destacado en la pantalla.