Persona con inquietudes. Alma
artística en búsqueda de la felicidad. Actuar, dirigir,
escribir sus recuerdos, son actividades que han servido a Liv Ullmann
para represar ideas y tantear en su trayectoria vital, las cuestiones
importantes. Muchas personas han sido importantes en su existencia,
pero sin duda una responde al nombre de Ingmar Bergman.
Liv Johanne Ullmann nació el 16
de diciembre de 1938 en Tokio, Japón, la segunda de dos
hermanas. Pero que nadie se engañe, es una actriz noruega por
los cuatro costados, a la que la profesión de ingeniero de su
padre, que le obligaba a viajar con frecuencia, llevó a ver la
luz por primera vez casualmente en el país del sol naciente.
De su alumbramiento su madre recordaba dos cosas: la imagen de un
ratoncillo corriendo por el suelo del hospital, lo que interpretó
como señal de buena suerte, y el comentario de la enfermera
diciendo "me temo que es una niña, ¿prefiere informar
usted misma a su marido?". El dolor la sacudió a edad muy
temprana, sólo contaba con seis años cuando su padre
murió por un tumor cerebral, casi al mismo tiempo que su
abuelo paterno, prisionero en el campo de concentración de
Dachau, todo ello en plena Segunda Guerra Mundial.
Para conocer la vida temprana de la
actriz y directora resulta imprescindible su libro de memorias
"Changing", publicado en 1976. Recordaba Ullmann en dicho libro
que su escritura había sido puramente casual, resultado de
responder a un periodista pelmazo, que le preguntaba en qué
andaba ocupa últimamente, que estaba preparando una
autobiografía. No era cierto, y no sabe muy bien por qué
tuvo esa salida, pero al poco de publicarse la entrevista, le
llovieron ofertas por los derechos, y tuvo que ponerse manos a la
obra, y eso que la tarea le resultaba muy ardua, pese a sus deseos
fervientes de acometerla. Y es que eran años de mucho trabajo
actoral, donde viaja continuamente, de Noruega a Estados Unidos. El
libro resulta sorprendentemente íntimo, una suerte de
confidencias al lector de sus anhelos de felicidad, de modo que se
entrelazaba su vida personal, como hija, madre, esposa, compañera,
el trabajo de actriz, y el sentido que encontraba a la existencia
humana.
Siendo pequeña, Liv acometía
producciones teatrales en la escuela. También disfrutaba con
las películas, y menciona como títulos que la marcaron
Candilejas y Milagro en Milán. "Las vi diez o
veinte veces y el encanto era real cada una de las veces. Héroes
y heroínas. Gente que era buena o mala. Casi nunca gente
aburrida y ordinaria como la que conocía en Trondhjem",
afirmaba. No era muy buena estudiante, y a veces simulaba estar
enferma para eludir las clases. Pero destacaba su imaginación
y le encantaba leer, "los libros siempre han sido seres vivos para
mí", escribió.
Cuando Ullmann vio que su vocación
le llevaba a prepararse para ser actriz, tal planteamiento no cayó
bien en su familia. Había cierto pedigrí entre la
parentela, con algún familiar que había sido incluso
parlamentario, de modo que la dedicación al mundo de la
farándula no era bien vista, se consideraba en general una
tacha en el pabellón del clan, sobre todo por línea
paterna. En cualquier caso, Liv dejó la escuela con 17 años.
Estudiaría interpretación en Inglaterra, en Londres,
tomando clases de Irene Brent. Ese año, y el siguiente en
Oslo, haciendo sus primeras audiciones para teatro, tuvieron algo de
penoso, la joven Liv experimentó la soledad y el fracaso en
sus esfuerzos para lograr papeles. Pero al fin vendría la
alegría de un contrato que le llevó a Stavenger, y la
posibilidad de interpretar en los escenarios a la mismísima
Ana Frank. Su composición sería muy aplaudida por la
crítica, que afirmaba que "era Ana Frank". Y es que ella
misma tenía la sensación, que siempre llevaría a
sus papeles, de que no estaba fingiendo, sino que era el personaje
que tocaba representar. En esa época quedaba pues demostrada
no sólo su belleza, sino su capacidad para meterse en la piel
de otras personas. Siempre estaría vinculada al trabajo, con obras que la hicieron brillar, como "Casa de muñecas" de Ibsen.
Mientras, en cine tendría su
primer papel de entidad en 1960, en Joven escapada, de Edith
Carlmar, sobre una pareja de enamorados cuya relación no es
bien vista por la familia de él; la película tampoco
sería bien vista por gran parte de la parentela de Ullmann,
entre otras cosas porque ella aparecía desnuda en algunas
escenas. Según la actriz, un tío abuelo llegó a
pedir al director de Oslo Cinemas que suspendiera la proyección
del film en sus cines.
En 1960 Liv se casa con el psiquiatra
noruego Hans Jacob Stang. Ella da a entender en sus memorias la
inmadurez de ambos cuando refiere su timidez al ir a compra sus
anillos para la boda, por no decir abiertamente a la mujer que les
atendía que eran para ellos. "Seguridad", sentimientos
como de "hermano y hermana", así describe Liv un
matrimonio que duraría cinco años. De hecho, adujo ante
el consejero matrimonial, como causa de su divorcio, la frustración
de que "sólo eran amigos". Entretanto prosigue una exitosa
carrera de actriz de teatro y cine. En 1962 trabaja con quien sería
su amiga, Bibi Andersson, en Kort är sommaren. Cuando
surja en 1966 la oportunidad de que ambas trabajen juntas con Ingmar
Bergman en Persona, Liv no dudará un momento. Surgirá
entre ella e Ingmar una intensa relación profesional y
afectiva con altibajos emocionales pero grandes logros artísticos,
y el nacimiento de una hija, Linn. El director aseguró en su
libro "Linterna mágica" que entonces "nos alcanzó
la pasión a Liv y a mí" y describió el
testimonio de Ullmann en "Changing" sobre su relación como
"amorosamente correcto. (...) Luchamos contra nuestros demonios lo
mejor que pudimos". En sus años de convivencia en la isla de
Fårö ruedan La vergüenza (1968), Pasión
(1969), Gritos y susurros (1972), Secretos de un matrimonio
(1973). Como es habitual en el cine Bergman, sus problemas en la vida
real se reflejan como en un espejo en su cine, el título de
Secretos de un matrimonio es bastante significativo. El final
de su relación no significó "the end" en su
fructífera colaboración artística, vendrían
después filmes como Cara a cara (1976) -por el que fue
nominada al Oscar- El huevo de la serpiente (1977), única
película rodada en inglés de Bergman, mirada a a la
Alemania que se convirtió en nazi, y Sonata de otoño
(1978), tremenda disección de la relación de una madre
y su hija, donde daba réplica a Ullmann la mismísima
Ingrid Bergman en un film que unía a los dos Bergman más
famosos del mundo, que no guardaban parentesco pese a la coincidencia
de apellidos. Encuentros privados (1996) e Infiel (2000),
filmes que muestran la faceta de Ullmann como directora, se basaban
en guiones de Bergman, y por supuesto encontraban inspiración
en su experiencia común donde se habían alternado amor
y odio, a los dos les interesaban los mismos temas, aquello que
entreteje el tapiz de la existencia humana. Finalmente Saraband
(2003), joya que cierra la filmografía de Bergman como
director, y que se rodó en Fårö, retomaba a los
personajes de Secretos de un matrimonio.
En la década de los 80, Ullmann
sigue trabajando activamente, aunque quizá sus filmes bajan en
interés e intensidad. Además de contraer segundas
nupcias con Donald Richard Saunders, está en títulos de
interés humano como El chico de la bahía (1984)
y Gaby, una historia verdadera (1987).
En 1991 trabaja para quien había
sido su habitual director de fotografía, Sven Nykvist, en
Oxen. Pero claramente en los 90 lo que más destaca en
Ullmann es su decisión de ponerse detrás de la cámara.
Su debut es Sofie (1992), y le sigue Cristina, hija de
Lavrans (1995), adaptación de la famosa trilogía de
su compatriota Sigrid Undset. Luego vendrían las ya mentadas
historias bergmanianas. Prácticamente retirada en la
actualidad, aceptó el papel de abuela en I et speil i en
gåte (2008), adaptación de una novela de otra
popular escritora noruega, Jostein Gaarder.