A pesar del pedigrí familiar, nadie ha regalado nada a
Lola Dueñas, que se ha labrado pasito a pasito su carrera actoral. Entre sus
cualidades sobresale lo fácilmente que traspasa la frontera entre drama y
comedia sin que aquello suene forzado.
María Dolores Dueñas Navarro, más conocida como Lola Dueñas,
nació en Barcelona el 6 de octubre de 1971. El mundo de la farándula nunca le
fue ajeno, pues su padre, Nicolás Dueñas, es actor, y su madre, María Navarro,
es representante de artistas como Isabel Pantoja. Este bagaje tuvo que pesar,
pues Lola decidió estudiar interpretación en Institut del Teatre de Barcelona.
A lo largo de la década de los 90 intervino en algunos
cortometrajes, pero aquello no fue gran cosa la verdad. Su suerte cambiaría en
1998, año en que tiene el papel de Cristina en la película generacional Mensaka, que adaptaba una conocida novela de José Ángel Mañas;
la película fue tan importante para ella como para sus jóvenes compañeros de
reparto, Gustavo Salmerón, Tristán Ulloa, Adrià Collado, Laia Marull, María
Esteve y Guillermo Toledo, y le valió el galardón de la actriz revelación de la
Unión de Actores. Ese mismo año, la incipiente carrera de la actriz se vio
enriquecida por su presencia en la serie televisiva Periodistas y en la miniserie Entre naranjos. Aunque desde luego, si de destacar su trabajo en
tele se trata, Dueñas es conocida principalmente por su papel de la doctora Susana
Ramos en Policías, en el corazón de la calle, pues intervino entre 2000 y 2002 en más de 60
episodios.
Lola Dueñas puede ser muy divertida, tiene un aire risueño
un poco a lo Verónica Forqué. Y no obstante se mueve como pez en el agua en
dramas de jóvenes desorientados y sin rumbo, que no quieren ser comos sus
mayores, pero que puede que repitan sus errores aumentados. Después de probarlo
en Mensaka, hizo lo propio con Marta
y alrededores (1999), Las razones
de mis amigos (2000) y Piedras (2002). Se le daban pues, bien, las películas
corales, donde no era protagonista.
Más importante que Piedras fue Pedro. Pedro Almodóvar. El manchego se le apareció por así decir a
la actriz, que la convocó para Hable con ella (2002). No era el papel principal, pero ahí estaba,
de modo que su Sole, la hermana de Raimunda-Penélope Cruz de Volver cuatro años después era una composición mucho más
jugosa, que supo aprovechar sobradamente. Una tercera colaboración tendría
lugar en Los abrazos rotos (2009).
Y tan asociada parece ya la actriz con Almodóvar que ha sido fichada por David Planell
para actuar en La última de Almodóvar, donde el director quiere aprovechar esto en clave de comedia y sin
ninguna intervención, que se sepa, del cineasta de La Mancha.
La actriz tenía desparpajo para la comedia, véase la
despiporrante Días de fútbol (2003), o Fuera
de carta (2008)... y para el drama. De
hecho este nadar entre estas dos aguas sin parecer histérica o poco natural fue
muy bien aprovechado por Alejandro Amenábar en Mar adentro (2003), donde era la mujer cautivada por Ramón
Sampedro, hasta el punto de colaborar por amor en su suicidio. Bordaba un papel
de mujer sencilla, que sigue las bromas del tetrapléjico, y que a la vez es una
sufridora nata. En esta misma línea le vino al pelo a Lola Dueñas hacer Yo,
también (2009), donde describía la singular
relación entre su personaje y Daniel, que tiene síndrome de Down, al igual que el
actor que lo interpretaba, Pablo Pineda. Justamente las dos últimas películas
supusieron para Dueñas sendos premios Goya en la categoría de mejor actriz.
Además, ganó la Concha de Plata por Yo, también. Quizá es la primera vez que se puede decir que Lola
Dueñas lideraba un reparto -"es el papel protagonista más gordo que me han dado
en mi vida", confesaba con sencillez-,y con su desparpajo hacía creíble su tencontén
romántico con Pineda, que no es actor profesional, y que también rebosaba
naturalidad.
"Cuánto mayor me hago más lo pienso y voy más allá. Con mala
gente no quiero trabajar", ha declarado la actriz, que de momento sigue soltera.
Parece tener en mente en la declaración recogida su mala experiencia profesional
con Javier Rebollo, que la dirigió en Lo que sé de Lola (2006) y en varios cortos, pues afirmó en el diario
El País que a pesar de su trabajo desinteresado, el cineasta no le envió ni un
ramo de flores. No obstante, si se le pregunta en concreto, comenta, "nunca voy
a decir nada malo de él".