Intérprete de atípica trayectoria, capaz de hacer de
la versatilidad una forma de vida, Maggie Gyllenhaal era una actriz de culto,
pero un poco marginal, hasta hace muy poco tiempo. De la noche a la mañana se
ha convertido en protagonista de algún gran éxito de taquilla, y ha logrado la
ansiada nominación al Oscar.
Nacida el 16 de noviembre de
1977, la neoyorquina Margaret Ruth Gyllenhaal proviene de una familia muy
vinculada al cine. Maggie es la hija del director Stephen Gyllenhaal,
emparentado con la nobleza sueca, y firme seguidor de las teorías del filósofo
y teólogo Emanuel Swedenborg. Su madre, la escritora Naomi Foner, ha ejercido
como guionista y productora de títulos como Un lugar en ninguna parte. Su hermano pequeño, Jake Gyllenhaal, empezó en el
cine antes que ella y se ha convertido en un actor de rostro muy popular.
Estudiante ejemplar, Maggie
se licenció en Filosofía por la Universidad de Columbia con notas
sobresalientes. Después se matriculó en la Royal Academy of Dramatic Art, una
prestigiosa escuela de interpretación londinense.
Antes de terminar sus
estudios, su padre le ofreció la oportunidad de debutar como actriz en El
país del agua, Una mujer peligrosa y Cosecha propia. En las dos últimas integraba también el reparto su hermano Jake,
apenas un adolescente que acababa de debutar como hijo de Billy Crystal en Cowboys
de ciudad. Interpretó a la hermana de
Jake también en la pantalla en el surrealista film de culto Donnie Darko, de Richard Kelly.
La experiencia de rodar un
film "marciano" hizo mella en Maggie, que durante mucho tiempo escogía algún
papel secundario en filmes comerciales (Los chicos de mi vida, 40 días y 40 noches, La sonrisa de Mona Lisa), pero procuraba alejarse todo lo posible del
"mainstream". A la actriz se le dio especialmente bien rebuscar proyectos
indescriptibles, como Cecil B. Demente, de John Waters, o Secretary,
donde mantenía una insana relación sadomasoquista con su jefe, interpretado por
James Spader, otro asiduo a este tipo de películas.
Firme defensora del partido
demócrata, a Gyllenhaal le ha pasado factura alguna declaración política. Tras
los atentados del 11-S, desató la polémica al afirmar que "Estados Unidos ha
hecho cosas reprensibles y es responsable de alguna forma". Después de recibir
numerosas críticas, supo ser lo suficientemente sabia para rectificar, lamentó
haber sugerido que su país se mereciera semejante tragedia y sobre todo, se
arrepintió públicamente de haber hablado de ese tema durante las entrevistas
promocionales de una de sus películas.
En World Trade Center, Gyllenhaal tuvo la oportunidad de trabajar con uno
de los supervivientes de los atentados, Will Jimeno, y su mujer. Les dijo que abandonaría
el proyecto si no les parecía una actriz adecuada para el papel, pero éstos le
respondieron que estaban encantados con su presencia.
Tras intervenir en un
segmento del film colectivo Paris, je t'aime, y doblar por primera vez a un personaje de dibujos
animados en Monster House, Maggie
Gyllenhaal dio un giro a su carrera al aceptar un papel protagonista en una
superproducción, El caballero oscuro,
de calidad muy superior a la mayoría de filmes sobre superhéroes. Su impecable
trabajo como Rachael Dewes, novia del fiscal Harvey Dent (Aaron Eckhart), y
amiga de toda la vida de Batman (Christian Bale) la ha consagrado por completo
para el gran público.
Gyllenhaal se enamoró de uno
de los mejores amigos de su hermano Jake, el actor Peter Sarsgaard. Han tenido
una hija juntos a la que llamaron Ramona. En el cine, Maggie ha interpretado a algunas madres muy diferentes, la desquiciada granjera de La niñera mágica y el
Big Bang, y la mística y maniática
mujer de Un lugar donde quedarse.
Con
una carrera tan particular, no es de extrañar que haya tardado en llegarle a
Maggie Gyllenhaal la nominación al Oscar. Finalmente, ha conseguido una
candidatura al premio con su trabajo como periodista que intenta contar la
historia del cantante protagonista (Jeff Bridges), en Corazón rebelde; en esa
película, también es madre.