Para Mel Brooks lo
único importante es hacer reír, aunque esto suponga romper cualquier regla
fílmica o llevarse por delante la coherencia de la película. Ha triunfado en el
cine, el teatro y la televisión; de hecho ha ganado el Oscar, el Tony, el Emmy
y hasta un Grammy.
Nacido el 28 de junio de 1926, Melvin Kaminsky procede de una
familia judía. De niño tenía una estatura muy pequeña, por lo que era
maltratado por sus compañeros de clase. "Soy un pequeño genio, aunque
preferiría no ser un genio y ser grande y normal", comentó en una ocasión.
Tras acabar sus estudios en el instituto, Estados Unidos se
involucró en la Segunda Guerra Mundial, y él se alistó en el ejército, donde
formó parte de un equipo especializado en retirar minas antipersona.
Curiosamente fue entonces cuando comprobó su potencial cómico al parodiar en la
emisora del ejército los mensajes de propaganda nazi que difundían las radios
alemanas.
Descubrió que su verdadera vocación era hacer reír, y al
término de la contienda se convirtió en cómico en diversos locales, en los que
sobre todo triunfaba cuando hacía chistes sobre estrellas del cine. De ahí pasó
a la televisión, como escritor de gags para programas de éxito como "Steve
Allen Show". Con Buck Henry creó Superagente 86, parodia de las películas de James Bond que se convirtió en
uno de los grandes clásicos de las telecomedias.
En el cine debutó con The
Critic, un corto animado concebido por él y dirigido por Ernest Pintoff,
que fue premiado con un Oscar, en donde parodiaba el cine de arte y ensayo.
Poco después entregaría su primera película como director, Los productores (1968), en la que un empresario arruinado se aliaba
con un contable para enriquecerse poniendo en marcha el peor musical de todos
los tiempos. La idea es asegurarse de que el primer día cierre el telón, para
poder huir con el dinero de los inversores, por lo que conciben un absoluto
espanto, un musical sobre el genocidio nazi titulado "Primavera para
Hitler", que pondrá en escena un director gay. La cinta, protagonizada por
Zero Mostel y Gene Wilder, horrorizó a la crítica, que se cebó con ella, pero
fue un tremendo éxito de público -lo que se convertiría en una constante en la
carrera del realizador-, y además, Brooks ganó el Oscar al mejor guión
original.
Su siguiente trabajo, El
misterio de las doce sillas, ácida sátira del régimen de la Unión Soviética, adapta la novela "Ilya Ilf, Yevgeni Petrov", del propio
Brooks. En 1974 el cineasta estrenó dos parodias surrealistas, la del cine del
oeste, Sillas de montar calientes, y
la del cine de terror, El jovencito
Frankenstein, su mayor éxito, con gags memorables como el del ciego (Gene
Hackman) a punto de quemar y acabar con el monstruo en su intento de colmarle
de atenciones al ser su único visitante en mucho tiempo, o las apariciones del
jorobado Igor:
-¿De quién era ese cerebro?
-De A. No sé qué.
-¿A. no sé qué?
-A. Normal.
Divorciado en 1961 de Florence Baum, con la que había tenido
3 hijos, Brooks se unió a la actriz Anne Bancroft, la legendaria Mrs. Robinson
de El graduado, hasta la muerte de
ésta en 2005. Con ella osó protagonizar Soy
o no soy, infame e innecesaria revisión de uno de los clásicos por
excelencia de la comedia, Ser o no ser,
del maestro Ernest Lubitsch. Parafraseando la deliciosa cinta original se puede
decir que Brooks hizo con Lubitsch "lo que Hitler con Polonia".
A pesar de este gran resbalón, y de que Brooks recurre a un
humor mucho más facilón que el de los grandes clásicos del género cómico, es de
rigor reconocer que suele tener gracia. Sobre todo hacen reír
sus películas de los 70, como Máxima ansiedad,
divertida parodia de las películas de Alfred Hitchcock o La última locura, una comedia muda en la que curiosamente el único
que llega a hablar es el mimo Marcel Marceau, y que cuenta con la presencia de
grandes figuras de la época, como Paul Newman, James Caan, Liza Minnelli y Burt
Reynolds.
El problema es la nefasta influencia que tuvieron sus
películas en la comedia americana, actualmente más en la línea del gag facilón
que en recuperar los guiones de hierro de los grandes, como Lubitsch o Billy Wilder.
En los 80, el cine de Brooks se va desinflando, con títulos
como La loca historia del mundo y La loca historia de las galaxias, cada
vez con gags más simplones y tirando hacia lo chabacano. Pero curiosamente, en
esta época empieza a interesarse por el cine serio, y produce dos
significativas cintas basadas en casos reales, El hombre elefante, una de las mejores películas de David Lynch, y Frances, con Jessica Lange.
Desgraciadamente, Brooks tiene que renunciar a que le incluyan en los títulos
de crédito para evitar que el público se las tome a broma.
En los 90 dirigió ¡Qué
asco de vida!, Las locas, locas
aventuras de Robin Hood y Drácula, un
muerto muy contento y feliz, que cada vez tenían menos gracia y no fueron
demasiado bien recibidas por el público.
Asegura que Anne Bancroft se convirtió en su 'Obi
Wan Kenobi' cuando le dio una idea estupenda, convertir su primer largometraje,
Los productores (1968), en un musical
de Broadway. No sólo fue un gran éxito, sino que ganó la friolera de 12 premios
Tony, de los cuales tres fueron a parar al propio Brooks: mejor musical, mejor
banda sonora y mejor libreto. Se versionó en otros países (en España
protagonizaron una resultona adaptación José Mota y Santiago Segura) y dio
lugar a una versión cinematográfica totalmente fallida. En cualquier caso no
deja de ser anecdótica esta vuelta de tuerca, pues una película da lugar a un
musical que a su vez inspira una nueva película, como ocurrió con La pequeña tienda de los horrores.