Puede que las películas del británico Mike Leigh se caractericen por su esfuerzo en describir a la gente de la calle y sus problemas cotidianos más o menos graves, pero esta loable inquietud no es nada corriente en el cine, sobre todo plasmada con el talento único que él exhibe.
Michael "Mike" Leigh nació el 20 de
febrero de 1943 en Brocket Hall, Welwyn, en Hertfordshire, Inglaterra, en el
seno de una familia de origen judío. Mudado a Broughton, en Salford,
Lancanshire, coincidió en las aulas con Les Blair, que sería director como él,
y que le produjo su primer largo para cine en 1971, Bleak Moments, que se convirtió en una especie de isla en su
carrera, pues su siguiente trabajo estrenado en salas no llegó hasta 1988.
Estudió teatro en Londres gracias a una
beca en la Real Academia de Arte Dramático, además de pasar por otras
prestigiosas instituciones de formación artísticas, como la Camberwell School
of Art y la Central School of Art and Design. En la East 15 Acting School, donde afinó sus habilidades como
director de actores, fue donde conoció a quien sería su esposa y madre de sus
dos hijos, Alison Steadman. Con ella se casó en 1973, pero se divorciarían en
2001. En la actualidad Leigh vive con la diseñadora de vestuario Charlotte
Holdich.
Su carrera profesional arrancó en los escenarios
en la década de los 60. Tuvo ocasión de trabajar con profesionales de prestigio
como Peter Hall y Trevor Nunn en la Royal Shakespeare Company. Su experiencia
en textos ajenos le ayudaría a configurar su propio mundo interior, que tendría
que ser expresado de un modo muy particular. Y es que la forma de contar
historias de Mike Leigh es profundamente personal, y se forjó cuando se
dedicaba al teatro. Amante de las obras de Samuel Beckett y Harold Pinter, entre
otros, empezaría a crear sus propias historias por medio de una técnica que
combinaba la imaginación de distintos personajes, la escritura de posibles
situaciones que los relacionaban, y la improvisación con los actores que los
representaban mediante ensayos. El resultado depurado y plasmado en papel
serviría para configurar un texto más o menos definitivo, al que en teatro o
cine los actores deberían básicamente ceñirse en última instancia. Huelga decir
que esta forma de trabajar le sirve para crear un núcleo de espléndidos intérpretes
que se sienten muy a gusto con él, y algunos repetirán con asiduidad su
colaboración. La lista incluye a Jim Broadbent, Timothy Spall, su esposa Alison
Steadman, Lesley Manville, Imelda Staunton, Brenda Blethyn, David Thewlis, Ruth
Sheen, Sally Hawkins, Marion Bailey, Peter Wight...
En los 70 y los 80 le surgió la
posibilidad de hacer trabajos para la BBC en televisión. Allí los cortos y
telefilmes que realizó mostraban su predilección por un realismo cotidiano, que
compatibilizaba atrapar la vida misma con cierto sentido del humor nada
estridente, como puede verse en Sin pelos
en la lengua (1987), modélica en tal sentido. Esto y la muerte de su padre
a mediados de los 80 que le marca profundamente, marcarán el rumbo de su
carrera. Cinematográficamente se sentirá inspirado por John Cassavetes, su Shadows de 1959 terminaba precisamente
con la significativa frase "La película que acaban de ver es fruto de una
improvisación". Y aunque resulta tentador emperentarle con su compatriota
Ken Loach, se diferencia de este cineasta en su mayor mesura, política y de
composición de los personajes, aunque sufran desgarrones interiores y puedan
enfrentarse en sus vidas a importantes crisis. Por ello se comprende que
algunos estudiosos citen a Yasujiro Ozu como referencia, y que el mismo Leigh
diga que Jean Renoir y Satyajit Ray se cuentan entre sus cineastas favoritos.
1988 es un año importante de apuesta por
el cine como medio para contar sus historias, con la técnica descrita. A Grandes ambiciones de ese año sigue La vida es dulce (1990), de irónico
título, y ligada a la tradición del absurdo, lo que aún le aleja del gran
público. Con Naked. Indefenso (1993)
da su primera campanada, las andanzas de un cínico inmoral gustan en Cannes, y
el film gana los premios de dirección e interpretación, ésta para David
Thewlis. El terreno está listo para quizá su mejor película, Secretos y mentiras (1996), con estas
historias de familia que parecen la vida misma ganará la Palma de Oro en ese
mismo festival. Y no sólo eso, sino que Hollywood le otorga su particular
bendición, el film logra cinco nominaciones a los Oscar, incluida la de mejor
película. Leigh ya no será un extraño a estos premios dorados, aunque nunca ha
ganado una estatuilla, acapara personalmente siete nominaciones como director o
guionista.
Leigh ha puesto el listón tan alto, que
con la ligera Dos chicas de hoy
(1997) decepciona un poco. Sorprende con su siguiente trabajo, Topsy-Turvy (1999), pues se trata de un
inusual biopic del tándem de obras musicales que componían Gilbert y Sullivan,
con un diseño de producción de lujo para recrear los finales londinenses del
siglo XIX. En el fondo no se aleja tanto de sus temas favoritos, las
vicisitudes de los protagonistas en su vida ordinaria, a lo que se suma el
mundo de los escenarios que al fin y al cabo es el mundo cotidiano de Leigh.
Todo
o nada (2002) es otra formidable muestra de cómo
Leigh es capaz de plasmar situaciones corrientes de una familia, haciéndolas no
sólo creíbles sino, lo que es mucho más difícil, interesantes, capaces de
subyugar al espectador. El cineasta británico critica el individualismo feroz y
la tendencia a encerrarse en uno mismo, y apunta ya la cuestión del aborto, que
ocupa el núcleo de El secreto de Vera
Drake (2004), ganadora del León de Oro en Venecia, una mirada ambigua al
caso real de una mujer que "ayudaba" a mujeres embarazadas a realizar abortos
clandestinos. La esquizofrenia de esta práctica que compatibiliza con su papel
de madre de familia ejemplar sobrecoge.
Se vuelve más optimista Leigh en sus últimos
trabajos. El título de Happy. Un cuento
sobre la felicidad (2008), es elocuente, así como el seguimiento de una
mujer rebosante de optimismo, muy diferente a su cenizo profesor de
autoescuela. Sally Hawkins, que interpreta a la feliz Poppy, fue premiada en el
Festival de Berlín. Mientras que Another
Year (2010), a pesar del patetismo de algunos personajes, pinta con trazos
vigorosos la unidad de un matrimonio, y la posible felicidad de su hijo, que
empieza a salir con una mujer que le conviene.
La cuestión religiosa está más bien
ausente del cine de Leigh, pero la abordó en los escenarios con su obra "Dos
mil años", de 2005, donde sigue a una familia judía de izquierdas laica, a la
que contraría que uno de sus componentes más jóvenes sienta atracción por la
religión. Asegura el cineasta que él personalmente es espiritual, pero no
religioso.