No es un director muy prolífico, pero se toma muy en serio
esto del cine. Desde su primer largometraje se convirtió en uno de los
cineastas más prestigiosos de nuestro país.
La carrera como cineasta de Montxo Armendáriz es algo
atípica, pues comenzó a consolidarse más bien tardíamente. De hecho no rodó su
primer largometraje hasta los 34 años, pero, eso sí, Tasio llevaba ya su sello personal y llamó mucho la
atención de la crítica. Después fueron llegando otros trabajos hasta completar
un total de siete, todos ellos también escritos por él y en general de
meritoria calidad.
Nacido en Olleta (Navarra) el 27 de enero de 1949,
Armendáriz se trasladó a los seis años a Pamplona y comenzó su vida profesional
como profesor de electrónica en el Instituto Politécnico de la capital navarra.
Su interés por el cine le llevó a experimentar rodando algunos cortometrajes,
casi siempre de estilo documental, entre los que destacan Paisaje (1980) y Carboneros de Navarra (1981). Tres años después, de la mano del productor
Elías Querejeta, llegó su primer largometraje, Tasio, la historia de un hombre humilde que intenta
ganarse la vida como carbonero y luego como cazador furtivo. El aire documental
de la cinta era notorio, pero también su acercamiento al terruño, su sentida
mirada al paisaje y a la vida de la gente del campo. Ese intimismo es uno de
sus temas predilectos, aunque sin dejar de lado el ambiente de la sociedad y su
implicación en las personas.
Su preocupación social se vertiría en otras películas
posteriores, como 27 horas (1986), que
trata el tema de la drogadicción y que cosechó la Concha de Plata en el
Festival de San Sebastián. Fue un primer escalón, porque la Concha de Oro le
llegó cuatro años más tarde con Las cartas de Alou, un film de temática muy social y que versa sobre el
delicado tema del racismo en España. Con él, Armendáriz cosechó además el
premio Goya y el premio del Círculo de Escritores Cinematográficos al mejor
guión original. De temática social, pero esta vez centrada en la desorientación
moral y vital de la juventud, es también Historias del Kronen (1995), en la que el guionista y director adapta con
sentido crítico la novela de José Ángel Mañas, sobre un grupo de jóvenes que
malgastan alocadamente sus vidas en la noche madrileña. La Academia y el CEC
volvieron a darle a Armendáriz el premio al mejor guión.
Pero aún tenía que dar lo mejor de sí el director navarro. Secretos
del corazón (1997) es sin duda su mejor
película hasta la fecha, un drama muy intimista que profundiza con gran
sensibilidad en la inocencia infantil y narra el proceso de maduración de un
chaval (fantástico Andoni Erburu) y su descubrimiento del mundo de los adultos.
La película, con un guión trabajado y sutil, está muy lograda y fue galardonada
merecidamente con varios premios internacionales, además de ser seleccionada
para representar a España en los Oscar.
En 1999 Puy Oria y Montxo Armendáriz fundaron su propia
productora Oria Films, y dos años después produjeron la siguiente película del
director, Silencio roto. El film,
bastante sólido, recreaba el mundo de los maquis, guerrilleros que siguieron
luchando contra el franquismo tras finalizar la Guerra Civil española. Más
tarde Armendáriz volvió a sus inicios rodando un documental, Escenario
móvil (2004), que sigue la vida itinerante
de un músico por diversos conciertos. Y un año más tarde volvió a adaptar una
novela de éxito en Obaba, basada
en los diversos relatos unitarios de "Obabakoak", libro escrito por Bernardo
Atxaga. El film, interpretado por un grupo de excelentes actores, destaca por
su costumbrismo. Armendáriz prepara en estos momentos su próximo film, No
tengas miedo, que tratará sobre las
consecuencias del abuso infantil.