Aprendió a interpretar en las tablas, y a base de tesón y
talento se ha consagrado como uno de los actores treintañeros más solventes del
cine español. Se trabaja cada papel como si fuera el último, aunque le haya
tocado en suerte alguna comedieta de baja estofa. Óscar Jaenada aún hará correr
muchos ríos de tinta con sus interpretaciones.
Nacido en la localidad barcelonesa de Esplugues de Llobregat,
el 4 de mayo de 1975, Óscar Jaenada descubrió el cine de la mano de su abuelo,
que solía llevarle a ver todo tipo de películas. A los 13 años fue seleccionado
para interpretar en los escenarios una obra de Shakespeare, y aunque en
principio iba para ingeniero aeronáutico, finalmente se planteó hacer carrera
como actor.
Intentó recibir formación interpretativa, pero se sentía
incómodo en las escuelas, y decidió que se prepararía por su cuenta. Fundó con
Ángel Torner la compañía L'Endoll con la que representó en centros culturales
"Traficantes de placer", una obra de su propia cosecha, que protestaba contra
las injusticias de la sociedad moderna. Le siguen montajes de otras obras, casi
siempre de crítica social.
Decidido a jugarse el todo por el todo y triunfar o sucumbir
en el intento, se fue a Madrid con 23.000 pesetas que no le daban para alquilar
una casa, por lo que acabó durmiendo en los bancos de un parque. Al final
consiguió que le contrataran como camarero en un establecimiento madrileño,
donde conoció al director de reparto Luis San Narciso. Éste se dio cuenta de
sus posibilidades, y logró que le dieran pequeños papeles en las series A
las once en casa, 7 vidas y Compañeros. Debutó en el cine con un pequeñísimo papel en Aunque tú no
lo sepas, prometedor debut de Juan Vicente
Córdoba. A continuación sólo pudo obtener un rol secundario en la fallida
comedia Lisístrata y un papel
como director de cine, que enseguida fallecía, en Descongélate.
Su carrera empezó a ir bien cuando Achero Mañas reparó en su
talento y le dio el papel protagonista de Noviembre, donde interpretaba a un actor, Alfredo, en
constante rebeldía contra la sociedad y que funda su propia compañía. Jaenada
tenía muchas cosas en común con el personaje. Obtuvo una nominación al Goya, y
se dio a conocer al gran público.
Sin embargo, el reconocimiento no trajo consigo enseguida
papeles de interés. Le encasillaron paradójicamente en la comedia, tras la
discreta El juego de la verdad, y la
infumable bufonada sexual XXL. También fue uno de los protagonistas de
la serie Javier ya no vive solo,
con Emilio Aragón, donde era Marcos, joven profesor con traumas infantiles.
Cuando estaba a punto de perder toda esperanza en el cine
español, el director Jaime Chávarri le ofreció un reto a su altura, interpretar
al cantaor flamenco José Monge Cruz, más conocido como Camarón de la Isla, en Camarón. Pero él se resistía a aceptar el papel, sobre todo
porque no sabía cantar, hasta que su hermano le convenció de que era una buena
oportunidad. Para esta película, Óscar Jaenada tuvo que realizar una ardua
preparación del personaje, comparable en cierta medida y salvando las
distancias a los esfuerzos de grandes actores como Daniel Day-Lewis cuando rodó
Mi pie izquierdo o Jamie Foxx en Ray. Se
dejó el pelo largo, aprendió a palmear, y estudió a fondo la mirada y los
movimientos del auténtico músico, hasta el punto de que llegó a parecerse
muchísimo a su modelo físicamente.
Por su trabajo en Camarón, Jaenada obtuvo con toda justicia el Goya, y otros premios, como el del
Círculo de Escritores Cinematográficos (CEC), o el Fotogramas de Plata. Pero
tampoco en esta ocasión su trabajo le sirvió para que le involucraran en
grandes proyectos. Probó fortuna en el thriller, con Somne y Skizo,
totalmente fallidas a pesar de sus esfuerzos interpretativos. Tampoco acababan
de funcionar el film sobre las relaciones fraternales Días azules, el drama sobre la violencia terrorista Todos
estamos invitados, o la cinta de terror La
herencia Valdemar.