Sus características cejas pobladas hacen que no pase
desapercibido. Es uno de los motivos por los que es un secundario que deja
huella en el espectador. Cuando era joven quiso cumplir varios sueños a pesar
de ser consciente de su dificultad. Tras su consecución, inevitablemente se
siente un triunfador.
Peter Gallagher nació el 19 de agosto de 1955 en Nueva York,
después de un parto difícil como él mismo narra. El médico "informó a mi madre
de que tenía el cordón umbilical retorcido alrededor del cuello y le dijo que
ellos habían hecho todo cuanto podían. Las cosas pintaban mal. Así que el
doctor le sugirió a mi madre que se tomara un trago, se fumara un cigarro y que
rezara. Hizo las tres cosas y nací ileso", recuerda divertido Gallagher. Seguro
que ésta fue la primera e inconsciente vez que se sintió el tío más afortunado
del mundo. A día de hoy, Gallagher sigue sintiéndose así, pues se dedica a todo
aquello que le apasiona. Afortunadamente, trabaja en cine, teatro y televisión,
al tiempo que saca algún que otro ratillo para no abandonar la música. Puede
que no sea el actor más famoso del mundo, pero es un tipo que está encantado
con lo que hace.
La carrera cinematográfica y televisiva de Peter Gallagher
es extensa aunque no siempre marcada por títulos de calidad. El actor se ha
caracterizado especialmente por interpretar papeles secundarios y/o
protagonizar títulos sin mucha repercusión. Pero sigue siendo un sueño hecho
realidad para él. Su primer contacto con el teatro fue en el colegio. Desde
entonces nunca dejó la interpretación. Cuando se matriculó en la Universidad de
Tufts, continuó dedicándose a ello como aficionado, hasta que comprendió que
nunca podría prescindir de la interpretación en su vida. Dejó de lado sus
estudios de economía, pero no abandonó todo lo que había conseguido en la
universidad, donde formó un grupo musical. Decidido a no dejar ni la música ni
la interpretación, se dio entre seis y siete años de plazo para poder ganarse
la vida como actor. Tuvo muchísima suerte, porque no tuvo que esperar tanto
tiempo. Después de presentarse a varios castings multitudinarios, consiguió
papeles en distintos musicales como "Grease", donde interpretó a Danny Zuko. En
sus comienzos consiguió aunar interpretación y música, y aunque a día de hoy se
gana la vida como actor, no ha dejado de lado su faceta musical, que ha dado
como fruto algún que otro disco. Su carrera en el teatro tendría como
reconocimiento una nominación al Tony por su trabajo como secundario en "Long
Day's Journey into Night". Aún así, Gallagher siempre ha querido ampliar
horizontes y después de participar en una par de productos televisivos,
consiguió un papel para la película Forjador
de ídolos (1980). También en esta ocasión pasó un casting con numerosos
candidatos, por lo que se siente muy orgulloso de su participación en esta
cinta de corte musical que dirigió Taylor Hackford. Desde entonces, su trabajo
se desarrolló indistintamente entre las tablas, la pequeña pantalla y el cine.
Cuando echa la vista atrás Peter se siente afortunado de
haber podido trabajar con grandes del oficio, a pesar de que su filmografía
contiene títulos y personajes que no son memorables. Él es consciente de que su
carrera, al igual que otras, ha tenido altibajos, pero no hay quien le quite el
placer de haber trabajado para grandes como Robert Altman en El motín del Caine (1988), El juego de Hollywood (1992) y Vidas cruzadas (1993). También puede
presumir de haber trabajado para Neil Jordan en El hotel de los fantasmas (1988) o los hermanos Coen en El gran salto (1994), donde además
secundó a Paul Newman.
Lo que podría denominarse el primer papel de trascendencia
en la filmografía de Gallagher llegó de la mano del gran Steven Soderbergh y su
debut como director en Sexo, mentiras y
cintas de vídeo (1989). El cineasta lo eligió para interpretar al abogado
adúltero protagonista, y repitió con él posteriormente en Underneath (1995). Poco antes de unirse nuevamente con Soderbergh,
encarnó al antigalán en la divertida y original comedia que protagonizó Sandra Bullock, Mientras dormías
(1995). Un año después protagonizó junto a Catherine Zeta-Jones -una desconocida por aquellos tiempos- una producción televisiva sobre el Titanic.
Sin embargo, ese mismo año participaría en otro título de mayor calidad, que
dirigió Sam Mendes: American Beauty
(1999). Gallagher se convirtió en el irritante rey de la venta inmobiliaria que
tenía un idilio con el personaje de Annette Bening para chanza de Kevin Spacey.
En un cambio radical de registro, en 2003 fue fichado para interpretar al
cabeza de familia Sandy Cohen en la serie juvenil O.C. Era el típico personaje que caía bien inevitablemente dada su
buena voluntad y simpatía, por lo que contribuyó a aumentar su popularidad.
Superado con creces el plazo que se había dado Gallagher
para ganarse la vida como actor y conseguido el sueño de no abandonar la
música, el actor ha hecho más cosas, como debutar como guionista junto a Joan
Cusack en el drama musical The Cabinet of
Dr. Ramirez (1991). Todo esto no le ha llevado a descuidar el terreno
personal. En 1983 se casó con la directora de producción Paula Harwood con la
que tiene dos hijos, Jamey (1990) y Kathryn (1993). Otro gran orgullo de este
hombre de mirada clara enmarcada en el espesor de sus pobladas cejas.