Enamoraba en la pantalla. Su aspecto delicado y algo infantil, casi aniñado, despierta ternura. Pier Angeli vio cumplido su sueño de ser estrella, pero el precio pagado, al menos en apariencia, fue demasiado alto.
Anna Maria Pierangeli nació en
Cagliari, en la italiana isla de Cerdeña, el 19 de junio de
1932. El mismo que su hermana gemela Maria Luisa. A ambas les
encantaba el cine y soñaban con ser actrices. Y ambas lo
consiguieron, aunque fue Anna Maria, que como nombre artístico
escogió su apellido partido, Pier Angeli, la que logró
la fama, aunque a costa de una costa vida, pues murió de una
sobredosis de barbitúricos en Beverly Hills, California, el 10
de septiembre de 1971, sin llegar a cumplir por tanto los 40 años.
Le sobrevive a fecha de hoy su gemela, que también cambió
de nombre y como actriz responde al de Marisa Pavan. Verdaderamente
su rostro dulce y, munca mejor dicho, angelical, no hacían
prever una vida atormentada hasta el punto de su trágico y
prematuro final.
El debut actoral de Angeli no pudo ser
mejor, pues tuvo un papel protagonista en una historia de amores
adolescente junto a Vittorio De Sica, su maestro en Mañana
será tarde (Léonide Moguy, 1950). Repetiría
con el mismo director y distinto personaje en un film de título
parecido, Mañana será otro día (1951),
tan buena fue la acogida del otro. Al año siguiente le
requirió un cineasta que pronto sería famoso, Fred
Zinnemann, en Teresa, donde era justo este personaje, la novia
que acoge a un veterano de guerra de vuelta a casa. Era su primer
trabajo en inglés, aunque también tenía frases
en italiano. También transcurría en Italia El
milagro del cuadro (Richard Brooks, 1952), donde estaba perfecta
como la chica ingenua enredada en los robos de cuadros de dos famosos
ladrones. Con Brooks volvería a repetir en Flame and the
Flesh (1954), junto a Lana Turner.
En Tres amores (1953), en donde
le dirigía Vincente Minnelli, coincidió con Kirk
Douglas, con quien mantuvo un romance. Según el actor, ella le
enseñó una oración larga en italiano que decía
"E una cosa triste, bisogna lavorare per vivere, eh?", o sea, "Es
triste tener que trabajar para ganarse la vida, ¿eh?".
Douglas aseguraba estar muy enamorado de la actriz, y que tenía
planes de boda, aunque advertía que su madre le mantenía
alejado de ella, y luego llegó a calificar el idilio en sus
memorias "El hijo del trapero" como "fantasía boba":
le encantaba su impetuosidad y dejó escrito de ella que
"parecía una cría que siempre reía, a mis ojos
era una criatura angelical". Se casaría con Victor Damone en
1954, con el que tuvo un hijo y del que se separó en 1958. El
matrimonio con Armando Trovajoli duró un poco más, de
1962 a 1969, y también le dio un hijo, pero acabaría
también en divorcio. La leyenda asegura que amó a James
Dean, muerto aún más joven que ella, con 23 años.
Con Fernandel hizo en francés
Mademoiselle Nitouche (1954), y estuvo en el debut de Paul
Newman en las pantallas, El cáliz de plata, del mismo
año. Volvió a estar con la carismática estrella
en el drama pugilístico Marcado por el odio (Robert
Wise, 1956). A partir de aquí comienza paulatinamente el
declive. Hace junto a Danny KayeLoco por el circo (1958), y
aunque está junto a Richard Attenborough -S.O.S., Pacífico
(1959), Amargo silencio (1960)- y Stewart Granger -Sodoma y
Gomorra (1962)-, no son filmes memorables. Su presencia es fugaz
en La batalla de las Ardenas (1965), y poco hay que decir de
su intervención en spaghetti-westerns como Por mil dólares
al día (1968), por no decir de su aparición en la
erótica cinta de miedo Las endemoniadas (1970). Cierra
su filmografía un film de ciencia ficción de medio
pelo, Octoman (1976), estrenada después de su prematura
muerte.