Fue uno de los más
grandes. Raoul Walsh dirigió un centenar de títulos, con una media de calidad
impresionante. Aunque se movía como pez en el agua en cualquier género, lo
cierto es que destacó en el cine de aventuras y el western, terreno que conocía
de primera mano porque había llegado a ser cowboy. Supo siempre dar al público
lo que le gustaba.
Su padre, el irlandés Thomas Walsh, se fugó con tres de sus
hermanos de la cárcel en la que cumplían prisión por actividades subversivas
contra el gobierno británico. Emigraron los cuatro a Nueva York donde el 11 de
marzo de 1887 nació Albert Edward Walsh, nombre verdadero del futuro cineasta.
De pequeño le chiflaban las novelas de aventuras, sobre todo
si estaban ambientadas en paisajes exóticos. Antes de acabar el colegio se
embarcó en una nave que partía hacia Cuba. Desempeñó diversos oficios, como
domador de caballos en México o vaquero junto a la frontera con Texas. También
trabajó en un circo. Pero su hermano, George Walsh (Mi chica y yo) iniciaba su carrera como actor de cine, y le propuso
que se fuera con él para probar fortuna también en el mundo de la actuación.
Así, el joven Raoul Walsh se estrenó en el cine interpretando
a un conductor de la mafia en The
Detective's Stratagem, de 1913. Durante los dos años siguientes se prodigó
en personajes secundarios, hasta que el gran David W. Griffith le reclutó como
ayudante de dirección para la legendaria cinta El nacimiento de una nación, donde Walsh también interpretaba a
John Wilkes Booth, el hombre que disparó contra el presidente Lincoln.
Raoul Walsh contrajo matrimonio en 1916, con Miriam Cooper,
actriz habitual de Griffith en títulos como Intolerancia,
con la que adoptó a dos hijos, antes de divorciarse diez años más tarde.
Posteriormente estaría unido a Lorraine Miller y Mary Simpson, ajenas al mundo
del cine.
Debutó como director en 1913 con The Pseudo Prodigal, y posteriormente rodó con William Christy
Cabanne The Life of General Villa,
para la que llegó a ir a México para filmar material del propio Pancho Villa.
Uno de sus éxitos primerizos fue el drama Perdida
y encontrada. Durante la época del cine mudo, Raoul Walsh ya destacaba en
el terreno del cine de aventuras con títulos como El mosquetero de Nueva York. Su mentor, Griffith, le contrató para
la productora que había cocreado, United Artist, donde Walsh dirigió a Douglas
Fairbanks en El ladrón de Bagdad (1924).
Aunque tuvo que rodarla en poco tiempo por razones comerciales, Walsh demostró
su habilidad para rodar un film con ritmo dinámico y mucha acción en grandes
decorados.
Su primer film sonoro fue El mundo al revés, comedia musical con Victor McLaglen. Fue también
el responsable de uno de los títulos más renovadores de la época, En el viejo Arizona, primer western
sonoro, que usaba la nueva técnica en exteriores. Por desgracia, mientras
conducía por California, en busca de localizaciones, una liebre se cruzó en su
camino, y el cineasta sufrió un aparatoso accidente. Como consecuencia del
mismo perdió el ojo derecho, por lo que a partir de ese momento siempre
aparecía en público con un parche. El film tuvo que terminarlo Irving Cummings.
Regresó al cine con la superproducción de Fox La gran jornada, en la que unos pioneros
viajan en caravana hacia el oeste. Le ofreció su primer papel protagonista a un
joven entonces totalmente desconocido, un tal Marion Morrison. Pero su nombre
no acababa de gustarle, así que se le ocurrió cambiárselo por John Wayne, con
el que el intérprete haría historia.
Raoul Walsh fue también uno de los 36 profesionales de la
pantalla que en 1927 fundaron la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas
de Hollywood, junto con colegas como Cecil B. DeMile, actores como Harold Lloyd
y Mary Pickford, y productores como Jack Warner e Irving Thalberg.
Se adentró en el cine de gángsteres con El arrabal, aunque pronto repetiría en la temática con Los violentos años 20, protagonizada por
uno de los puntales del género, James Cagney, y el entonces prometedor Humphrey
Bogart. Walsh volvería a recurrir a Cagney, otra vez de mafioso en la
legendaria Al rojo vivo, y a Bogart, como
camionero accidentado en La pasión ciega,
y como atracador enamorado en la memorable El
último refugio, que consagró al emblemático actor.
Uno de sus mayores éxitos fue Murieron con las botas puestas, donde Errol Flynn interpretaba al
legendario general Custer. A pesar de los roces con el actor, volverían a
colaborar juntos en títulos como Gentleman
Jim.
A Walsh le encantaba experimentar cambiando de género
algunas de sus películas. Así, pasó al western la citada El último refugio, en Juntos
hasta la muerte. Por su parte, convirtió su comedia La pelirroja en el musical One
Sunday Afternoon.
Uno de los mejores actores de todos los tiempos, Gregory
Peck, protagonizó dos de los grandes relatos de aventuras de Walsh, El hidalgo de los mares, donde era un
capitán de la época napoleónica, y la inolvidable El mundo en sus manos (1952), una joya con Peck como Jonathan
Clark, capitán de una goleta que comercia con pieles, enamorado de una condesa
rusa. El gran Gary Cooper trataba de resistir las embestidas de los semínolas
en Tambores lejanos. Y 'el Rey',
Clark Gable, fue a sus órdenes un fugitivo en Un rey para cuatro reinas -cuyo título jugaba con el apodo del
protagonista-, un caballero que compra a Yvonne de Carlo, en La esclava libre, y un soldado
confederado reciclado en vaquero, en Los
implacables.
Al parecer Walsh estuvo a punto de morir con las botas
puestas, aún en activo, pues según Norman Mailer, le sacaron de su lecho de
muerte para que pudiera dirigir la adaptación de su emblemática novela Los desnudos y los muertos. Pero Walsh
se recuperó por completo por mucho que Mailer le viera tan mal, sobrevivió 22
años más, y se despidió a lo grande del cine con Una trompeta lejana, modélico western otoñal rodado cuando el
género daba sus últimos coletazos.
Retirado del cine, Raoul Walsh falleció a los 93 años, el 31
de diciembre de 1980, en Simi Valley (California).