Filósofo
del Séptimo Arte contemporáneo, es uno de los grandes clásicos del cine francés.
Robert Bresson (Bromont-Lamothe, 25 de
septiembre de 1901 - París, 18 de diciembre de 1999) fue un autor riguroso,
coherente y profundo como pocos, de enorme austeridad expresiva, honda
espiritualidad y gran humanidad, que poseía la virtud de no parecerse a nadie y
de ser difícilmente imitable. Pintor y autor de un cortometraje (Les affaires publiques, 1943), trabajó
como ayudante del maestro René Clair.
La personalidad artístico-creadora de Robert Bresson
se iría confirmando película tras película, bastante espaciadas por su bajo
presupuesto y poca comercialidad, además de su cuidada elaboración, con un
alarde de lirismo y minuciosidad temática poco frecuentes. En su sencilla y
emotiva obra -plena de miradas y objetos- se evidenció una trascendencia que
casi se podía tocar. Desde su debut en 1943 con Los ángeles del pecado, el tema de la redención resultó el hilo
conductor de su cine, como pudo apreciarse en Diario de un cura rural (1951), Un
condamné à mort s'est échappé (1956), Pickpocket
(1959), El proceso de Juana de Arco (1962)
o Mouchette (1967).
Cristiano de tendencia jansenista, creía que
la gracia redime de sus faltas sólo a seres excepcionales en el momento de la
muerte, sea ésta buscada o aceptada como liberación. Su obra cinematográfica,
por tanto, estuvo fuera de las modas, debido también a su sufriente peregrinar
en busca de lo absoluto y de la gracia sobrenatural, que llegaba en ocasiones a
irritar al público, especialmente a los detractores que se había ganado este
singular creador.
En los filmes de Bresson, lo bello es
reemplazado por lo justo: "La pintura me ha enseñado que no se debían hacer
bellas imágenes, sino imágenes necesarias". De ahí que destruya las reglas
establecidas, y que el ritmo del montaje, la dirección de actores, la música y
el tono de los diálogos estén menos destinados a expresar una idea particular
que a asegurar, junto a los demás elementos de la puesta en imágenes, la trama
poética de la obra. Al tiempo que su escritura cinematográfica se simplifica,
como en Lancelot du Lac (1974),
recurre cada vez más al montaje, revalorizando su importancia dentro del cine
moderno. "Sólo en el momento en que las imágenes y sonidos entran en contacto,
en que se coloca cada cosa en su sitio, el film nace. Y es el film que, al
nacer, da vida a los personajes y no los personajes los que dan vida al film",
afirmaría el maestro galo.
Se distinguió como un artista solitario y nada
prolífico, ya que sólo realizó 13 largometrajes. Expuso sus principios
estético-filosóficos en unas "Notes sur le cinématographe" (1975), donde
definía dos tipos de películas: "Aquellas que emplean medios teatrales
(actores, puesta en escena, etc.) y se sirven de las cámaras para reproducir, y
aquellas que emplean los medios del cinematógrafo y se sirven de las cámaras
para crear". Por eso, habitualmente, utilizaba actores no profesionales,
elegidos entre sus amigos o en la misma calle por su fisonomía, a fin de
reflejar sin artificio la vida interior de los personajes que encarnan.
Obviamente, la estética de Robert Bresson -influida
por el maestro Carl Theodor Dreyer- parecía basada en una ascética, aunque a
veces resultaba algo amoral, como sucedió en Une femme douce (1968) o Le
diable, probablement (1977). También en su obra se apreció una clara
tendencia a la abstracción y a universalizar los temas que toca, basado en
novelas de Bernanos, Dostoiewski y Tolstoi, entre otros autores. Estuvo
retirado del plató desde 1983, cuando realizó El dinero.