Muy pronto logró el éxito con películas románticas que
ensalzaban su enorme belleza. Sin embargo, la tragedia le golpeo con saña y
fuerza insuperable, hasta que su vida se truncó prematuramente cuando sólo
tenía 43 años.
Su papel de emperatriz Sissi la convirtió en estrella
internacional. La perfección delicada de rostro y de su figura, la azul
candidez de su mirada y la gracia de sus maneras juveniles cautivaron al
público más refinado de finales de los años 50 del siglo XX. Ella era la
reencarnación en celuloide de la la mítica emperatriz, arquetipo de una época
ideal perdida para siempre en el recuerdo, unos años alegres, prósperos y
rebosantes de romanticismo. Desde entonces fue siempre favorita del público.
Nacida en Viena (Austria) el 23 de septiembre de 1938,
Rosemarie Magdelena Albach-Retty procedía de una familia de artistas, pues su padre era el
actor teatral Wolff Albach-Retty, hijo a su vez de Rosa Retty, apodada la "Sara
Bernhard austriaca". La madre de Romy, Magda Schneider, también era actriz y se
hizo famosa por el papel de Christine en la excelente película Amoríos, de Max
Ophüls. El matrimonio tuvo otro hijo, Wolf, pero al poco tiempo se acabó
separando. Romy pasó parte de su infancia en un internado de monjas, en donde cogió
afición por el teatro y el cine; y su actor famorito era Orson Welles. Cuando
regresó a casa su madre se había casado de nuevo, y ella quiso entonces
estudiar en la Academia de Bellas Artes. En 1938 su madre comenzó a rodar la
película Lilas blancas, y el director ofreció a Romy un papelito pequeño para
encarnar a su hija. Fue el debut de la actriz, con tan sólo 15 años, y lo hizo
realmente bien. Tanto que le empezaron a ofrecer papeles en películas, que su
madre escogía con meticulosidad, y así dos años depués le ofrecieron el papel
de la emperatriz Elizabeth de Austria en Sissi. Su trabajo esmerado y el
atractivo de la joven hicieron un tándem extraordinario y el film fue todo un
bombazo. A los pocos meses, el mismo director, Ernst Marischka, rodó con ella
Sissi emperatriz (1955) y El destino de Sissi (1956), pero al cabo de los años
todavía volvería a repetir personaje hasta en otras dos películas más: Forever
My Love (1962) y, diez años después, Ludwig (Luis II de Baviera), dirigida por
Luchino Visconti. Se entiende que con esas cinco películas, el personaje de
Elizabeth de Austria haya quedado tan ligado a la bella actriz vienesa.
Con veinte años, Romy Schneider conoció a Alain Delon en el
rodaje de Christine (1958), remake de Amoríos, la película más famosa de su
madre. Ambos se enamoraron y vivieron una relación en París. Más tarde, tras
algunos rodajes, como los de Boccaccio 70 o Le combat dans l'île, Romy recibió
una carta de su adorado Orson Welles para que trabajara con él. Romy vio así
cumplido un sueño desde niña y marchó rauda a Estados Unidos para rodar El
proceso. También en Estados Unidos rodaría ese mismo año y el siguiente The
Victors y Préstame a tu marido, esta última con Jack Lemmon. Aunque con
seguridad su mejor papel en Hollywood fue el de la inolvidable Annemarie de El
cardenal, dirigida por su paisano Otto Preminger. La actriz recibió por el
papel una nominación al Globo de Oro. De vuelta en Francia se puso a las
órdenes de Clive Donner en la comedia ¿Qué tal, Pussycat? (1965), con guión de Woody Allen. Cuatro años más
tarde volvió a coincidir en la pantalla con quien fuera su amante, Alain Delon,
en la lograda La piscina, de Jacques Deray. Tres años antes la actriz se había
casado con el empresario Harry Meyern, con quien tuvo a su hijo David.
Seguidamente rodó estupendas películas con el director
Claude Sautet y el actor Michel Piccoli. En 1970 Las cosas de la vida y en 1971
Max y los chatarreros, genial muestra de cine negro. Y al año siguiente volvió
a coincidir con Delon en El asesinato de Trotsky, del controvertido Joseph
Losey. Durante los 70 rodó en general películas de calidad, aunque de temáticas
a veces insanas e inquietantes. Así son ejemplos de esos años: Ella, yo y... el
otro (1972), Mado (1976), Una vida de mujer (1978), las tres con Sautet. En
1975 filmó Lo importante es amar (1975) e Inocentes con manos sucias (1975), y
además se divorció de Meyern y volvió a casarse con el guionista Daniel
Biasini, aunque el matrimonio tampoco duró. Cuatro años después su ex marido
Harry Meyern se ahorcó, lo cual supuso un durísimo golpe para Romy, quien
comenzó entonces a beber y a tener serios problemas de insomnio, unidos a
depresiones continuas.
Sin embargo, la tragedia no había hecho más que comenzar.
Tras rodar Fantasma de amor (1981), con Marcello Mastroianni, Romy fue operada
de irgencia en un riñon, debido a un incipiente proceso cancerígeno. Y entonces
al poco tiempo la desgracia se cebó brutalmente de nuevo: su hijo David, de 14 años, muere
tras pasar toda la noche ensartado en la verja de su casa. Terrible. La actriz
se encerró un un hotel y no salía para nada. Alain Delon la visitaba a menudo
pero sin mucho éxito... La mañana del 29 de mayo de 1982 la actriz fue encontrada
muerta (presumiblemente de un infarto) sentada en el escritorio de su cuarto. Su corazón, de tan
sólo 43 años, no aguantó tanto dolor.