Más que el corazón dividido, él lo tiene ampliado. Vive a
caballo entre Francia y España, sus dos hogares. Se considera un tipo
afortunado y querido en ambos. Su carrera cinematográfica tiene mucho que ver
en esto. El tipo sabe cómo dejar al espectador sin habla. A ser malo no le gana
casi nadie. Pero el villano también tiene su corazoncito y gusta de demostrar
que también puede enamorar al espectador.
Después de nacer un día tan lotero como el 22 de diciembre,
Sergi López se podía haber dedicado a los juegos de azar, pero no ha sido el
caso. Nació en 1965 en Vilanova i la Geltrú (Barcelona). Con 16 años dejó los
estudios y se fue a Francia para estudiar interpretación, cosa que hizo en
París. Afirma que realizó esos estudios por el teatro, que al cine entró de
casualidad cuando Manuel Poirier se fijó en él para darle el papel protagonista
en el drama romántico La petite amie
d'Antonio (1992). Se puede decir que entonces fue cuando a Sergi le tocó el
gordo de la lotería. Con los años confiesa que está encantado con su vida
gracias, entre otras cosas, a su profesión.
Lo del gordo no sólo viene porque Manuel ayudó a Sergi a
descubrir su destino, sino porque se fijó en él. Desde entonces y hasta la
fecha, han trabajado juntos en
nueve películas, incluida la reciente Le café du pont. Poirier es un gran cineasta y a Sergi le debe
trabajos tan estupendos como el de Western
(1997) y La curva de la felicidad
(2002). El director galo suele poner a Sergi en personajes españoles, algo que
no ha importado al actor, que nunca se ha olvidado de sus raíces. De hecho,
desde que debutara en territorio patrio con la película de Ventura PonsCaricias (1998), ha alternado sus
trabajos a los dos lados de los Pirineos, así como sus participaciones en
títulos hechos a lo largo y ancho del continente como demuestra su malvado
Sneaky de Negocios ocultos (2002),
donde se las vio con Chiwetel Ejiofor y Audrey Tautou a las órdenes de Stephen
Frears.
Sin embargo, el mayor reconocimiento se puede decir que lo
ha recibido en Francia, en cuanto a que allí ha sido donde ha recibido el
máximo galardón cinematográfico, el César. Fue gracias a su papel de psicópata
en la comedia Harry, un amigo que os
quiere (2000), que le valió también el máximo premio de cine europeo. Y es
que al tipo le pega ser el malo de la película, ya sea en una comedia, en un
drama o en un thriller. Y aunque demuestra que puede ser un hombre tierno y
entrañable como en Una relación privada
(1999) o El cielo abierto (2001), el
público tiende a relacionarlo con el malo malísimo, o al menos con el tipo
atormentado, casi deprimido.
No se puede culpar al público por tender a encasillar a
Sergi en los personajes más oscuros, porque el tipo los borda. Su
interpretación de marido maltratador en Sólo
mía (2001) le sirvió para optar a su primera nominación al Goya. Su
siguiente nominación vino de la mano del súper malísimo comandante Vidal en El laberinto del fauno (2006). A pesar
de este éxito en la villanía, al que parece que sólo le puede hacer sombra Luis
Tosar, López se empeña acertadamente en hacer de todo. Curiosamente, su paisana
Isabel Coixet lo escogió para ser la víctima y no el verdugo en su Mapa de los sonidos de Tokio (2009).
Por todo ello, Sergi es un
tío inmensamente feliz, aunque tiene muy claro que no todas las alegrías vienen
del trabajo. Así que presume orgulloso de amigos, familia y especialmente de su
novia y sus hijos, que son fundamentales para que el malo entre los malos con
tendencia a la depresión, esté radiante después de que se oiga: "¡corten!".