Tiene
48 años y una treintena de películas a sus espaldas de lo más variado, desde
que pusiera de moda allá por el lejano 1989 la etiqueta de "cine independiente
americano". De vez en cuando anuncia que va a dejar las películas para
dedicarse a pintar. Pero me da la impresión de que no conviene tomar tales
declaraciones demasiado en serio. Este hombre vive del cine. Y no sólo porque
le pague las facturas.
Steven Andrew Soderbergh nació en
Atlanta, Georgia, Estados Unidos, el 14 de enero de 1963. Sus ancestros
provienen de Suecia -de hecho el apellido auténtico es Söderberg-, y ambos
progenitores se dedicaban a la enseñanza. De hecho siendo un chavalín Steven y
familia se trasladaron a Baton Rouge, Luisiana, en cuya universidad estatal el
padre había sido fichado como decano de educación. Allí estudió en una escuela
aneja a la institución universitaria y cobró afición a la realización de
películas, rodó cortos en Super 8 con las cámaras que usaban los estudiantes.
El camino natural parecía ser para Soderbergh emprender estudios superiores en
la Universidad Estatal de Luisiana. Pero la llamada de Hollywood para intentar
una carrera como cineasta fue más fuerte, y para allá se fue el futuro
director.
Inicialmente Soderbergh aceptaba trabajos
de diverso fuste para ganarse la vida, mientras ejercía de montador de
películas por libre. Aquello no debía dar para vivir, pues volvió a casa, eso
sí, no dejaba de rodar cortos y escribir guiones. 1986 sería el año del
despegue de Steven y debe agradecérselo a la banda de rock Yes, que le encargó
un documental sobre uno de sus conciertos; y en efecto, Yes: 9012 Live le valió una nominación al Emmy. Al año siguiente
filma el corto Winston, de algún modo la semilla de Sexo, mentiras y cintas de vídeo (1989), la película que le pone en
el mapa y le concede la Palma de Oro en el Festival de Cannes. Título enseguida
citado cuando se habla de cine independiente americano, se trata de un film de
personajes desorientados, con frágiles relaciones afectivas, y todo ello
presentado de un modo moderno y juvenil que hizo fortuna. El reparto de
desconocidos también empezaría a sonar a partir de entonces, se trataba del
trío formado por Andie MacDowell, James Spader y Peter Gallaher.
A partir de este momento la carrera de
Soderbergh lo es todo menos previsible. Cambia de estilo, de género, de
enfoque. Se vuelve experimental, opta por el clasicismo, hace cine comercial,
luego se convierte en autor... Usa el color y el blanco y negro, rueda en
digital cámara en mano en plan barato, o acepta los millones que le pone en el
bolsillo Hollywood, incluso rueda en español las andanzas del Che, o estrena
películas como Bubble directamente en
internet. Tiene un control completo de la fotografía, aunque por razones contractuales
siempre firma con el seudónimo de Peter Andrews.
No es fácil decir que obtenemos una
imagen nítida, clara y coherente, uniendo los "puntos" que serían películas
como Kafka -un biopic "kafkiano" poco
usual en blanco y negro, que parece homenajear a El proceso de Orson Welles-, El
rey de la colina -título casi dickensiano en los años de la Depresión-, la
trilogía de Ocean's Eleven -cine de
robos muy comercial con un reparto de estrellas que tira de espaldas, empezando
por Brad Pitt y George Clooney-, Un romance
muy peligroso -puro cine negro-, Traffic
-su título más logrado, una mirada poliédrica al problema de la droga, por el que ganó el Oscar como director-, Erin Brockovich -con el Oscar para Julia
Roberts-, Solaris (2002) -un remake
que los amantes del cine de Andrei Tarkovsky no le perdonarán nunca-, Full
Frontal, Bubble y The Girlfriend Experience -trío de "raritas"- o su segmento
"Equilibrio" de Eros -compartiendo
créditos con Michelangelo Antonioni y Wong Kar Wai nada menos-. Y sin embargo,
es innegable que aquí tenemos a un artista, capaz además de empatizar con el
espectador.
Lo que sí está claro es que Soderbergh
siempre está explorando, buscando su sitio en el cine. Tuve ocasión de
conversar con él en 2011, cuando acababa de rodar su díptico sobre el Che
Guevara, que lo es todo menos convencional, empezando por la estructura, está
vertebrado el primer film en torno a una entrevista al Che. Y me explicaba que
"es complicado hacer vaticinios sobre por dónde van a ir las cosas. Lo que sí
puedo decir, es que en Estados Unidos hay una especie de curioso paralelismo
entre lo que ocurre en la economía y en el cine. La clase media está
desapareciendo, crece el número de gente que tiene mucho dinero, y el que tiene
poco. Y en el cine ocurre algo parecido, se hacen películas muy pequeñas o
grandes producciones." Por aquel entonces la crisis no era el azote que es hoy,
pero está claro que algo detecta el cineasta en la sociedad, que tiene que ver
con las personas, y que resulta muy claro en su último film, Contagio. Allí los miedos, el egoísmo
propiciado por el instinto de supervivencia y el primar a los seres queridos,
conviven con dificultad con actitudes más altruistas ante una epidemia de
enormes dimensiones que azota al mundo entero.
Soderbergh estuvo casado
con la actriz Betsy Brentley entre 1989 y 1994, y fruto del matrimonio tuvo una
hija. En 2003 volvió a casarse con la periodista Jules Asner, divorciada como
él.