Sólo le han hecho falta tres películas para
convertirse en el director de mayor prestigio del cine español. Se podría
comparar con la tortuga de la fábula que va lenta pero cuenta con la seguridad
de quien sabe que ganará la carrera. Su ritmo "trepidante" es de un
largometraje por década, y el de los 2000-2010 se fue al traste, así que ni
eso. La espera suele merecer la pena.
Víctor Erice
nació en Carranza (Vizcaya), el 30 de junio de 1940. Desde muy niño, queda
fascinado por el cine . "Comencé a ver películas en los años 40, de John Ford,
Howard Hawks, Michael Curtis, Victor Fleming. Pero no sabía quiénes eran,
escogíamos las películas por los actores, no por los directores. Siempre era
una decisión de los niños. En aquella época, el encuentro con el cine era una
experiencia pública. Hoy, los niños descubren el cine en la televisión, es una
experiencia privada. Creo que eso hace una gran diferencia".
Estudió Ciencias
Políticas y Derecho, antes de matricularse en el Instituto de Investigaciones y
Experiencias Cinematográficas, donde se licenció en 1963. Tras varios cortos se
produce su primer encuentro con el productor Elías Querejeta, que le contrata
para el film colectivo Los desafíos,
que consta de tres segmentos. El suyo -sobre el encuentro entre tres españoles
y un soldado americano- es muy superior al de los que dirigen Claudio
Guerín y José Luis Egea.
El avispado
Querejeta se fija en su talento y decide producirle su primer largometraje, El
espíritu de la colmena,
de 1973, con guión coescrito con el crítico de cine Ángel Fernández Santos. El
propio productor y los técnicos quedan fascinados por la meticulosidad del
cineasta, pero a la vez están absolutamente desconcertados. ¿Qué tienen que ver
las imágenes de unos hombres jugando a las cartas con la secuencia de una
proyección en un cine? ¿Forman parte de la misma película? ¿Cómo piensa
montarlas? Una vez finalizado el montaje, todo cobra sentido, y una fuerza
lírica sin precedentes. Ana, una niña imaginativa y curiosa de un pueblecito
castellano de postguerra, acude a ver El doctor Frankenstein y queda obsesionada con el monstruo. Su
padre está tan dedicado a su trabajo que apenas tiene tiempo para ella... Para
Erice la secuencia más importante es aquella en la que la niña descubre al
monstruo en la pantalla. Rodó a la jovencísima Ana Torrent sorprendida
realmente por primera vez ante la presencia del monstruo de Frankenstein. El
realizador pretendía captar con la cámara el momento en el que alguien de corta
edad descubre el cine.
Como la pequeña
Ana no entendía porqué el resto de actores se llamaba de una manera, y cuando
empezaban a rodar, tenían otros nombres, Erice toma la decisión de que los
personajes se llamen igual que las personas que los interpretan.
"El título, en
realidad, no me pertenece. Está extraído de un libro, en mi opinión, el más
hermoso que se ha escrito nunca sobre la vida de las abejas, y del que es autor
el gran poeta y dramaturgo Maurice Maeterlinck. En esa obra, Maeterlinck
utiliza la expresión 'El espíritu de la colmena' para describir ese espíritu
todopoderoso, enigmático y paradójico al que las abejas parecen obedecer, y que
la razón de los hombres jamás ha llegado a comprender".
La cinta gana la
Concha de Oro en San Sebastián, y los críticos la aclaman como el gran
acontecimiento de la época del cine español. El personalísimo estilo de su
autor atrapa a los espectadores, pero tiene un problema: aquel que intenta
imitarle y hacer cine en la misma onda, corre el peligro de aburrir a las
ovejas.
10 años justos
tardó Erice en poner en marcha su segundo largometraje. Emparejado
sentimentalmente con la escritora Adelaida García Morales, un relato de esta
autora da lugar a El sur.
Si Ana Torrent había sido todo un descubrimiento, aquí contrata a una
adolescente, Icíar Bollaín, igual de impresionante en su debut en el cine. El
tema central vuelve a ser parecido, la infancia y la relación paternofilial. En
un pueblo del norte de España, una chica crece con la sospecha de que su padre
-completamente aislado- guarda un secreto.
A mitad del
rodaje, el productor -de nuevo Elías Querejeta- sufre graves problemas
financieros. Decide suspender la producción, y estrenar las secuencias ya
rodadas, como si fueran una película independiente. Esto decepciona
tremendamente al realizador, que no ve clara la jugada de Querejeta. Desde
entonces, se separaron profesionalmente.
La película de
los 90 de Erice fue El sol del membrillo, arriesgado documental sobre el pintor hiperrealista Antonio
López, mientras pinta un membrillero de su jardín que está a punto de dar
frutos. En esta ocasión, López detiene la cámara en el pintor -el film es lento
y dura 139 minutos- y su objetivo es captar el momento mismo en el que surge la
inspiración del artista.
Iniciada la
primera década del siglo XXI, Erice estuvo a punto de sacar adelante otro
proyecto, la adaptación de El embrujo de Shanghai, la novela de Juan Marsé. Pero produce
la cinta Andrés Vicente Gómez, el hombre detrás de comedias como Torrente, que pide concesiones comerciales al
realizador. Éste no está dispuesto a ceder un mínimo, con respecto a su visión
artística. Rodará la película tal y como él la ha imaginado o no hará nada. Al
final, abandona el proyecto y el productor le sustituye por Fernando Trueba,
que rueda una de las peores cintas de su filmografía.
Su corto Alumbramiento, de diez minutos,
forma parte del film colectivo Ten Minutes Older,
en el que intervienen otros doce maestros: Aki Kaurismäki, Jim Jarmusch, Wim
Wenders, etc. También rodó un mediometraje, La morte rouge,
que evoca su propia infancia, para que se estrenara con motivo de una
exposición que en Barcelona se le dedicó a él y al iraní Abbas Kiarostami.