Por 25 pesetas, nombres de grandes actrices españolas que han triunfado en el cine a nivel internacional, por ejemplo: Victoria Abril. Musa de Vicente Aranda y de Pedro Almodóvar, ha hecho carrera exprimiendo su imagen de mito erótico en películas subidas de tono. Pero no le debe todo a su físico, si no fuera por su gran capacidad interpretativa no estaría considerada una de las grandes del cine español. Sin duda, se seguirá hablando de ella cuando hayamos muerto.
Nacida en la capital de España el 4 de julio de 1959, Victoria Mérida Rojas pasó la mayor parte de su infancia en Málaga. Desde muy pequeña estudió ballet clásico, y su profesora le animó a presentarse a todo tipo de pruebas para el cine y la televisión. Debutó en la serie Los libros, seguida de la comedia Fascinación, y una aparición episódica en la romántica cinta Robin y Marian, donde era la reina Isabel, esposa de Juan Sin tierra, aunque apenas se la puede ver en pantalla unos segundos. "Comparado con el gran esfuerzo que tenía que hacer para bailar, rodar películas me pareció el mundo de la holgazanería. No sentía dolor físico, sino que sólo tenía que limitarme a decir lo que ponía en el guión. Me resultó muy fácil", comentó la actriz.
En 1976 es reclutada para el célebre concurso televisivo "Un, dos, tres... responda otra vez", donde era una de las "secretarias", distinguibles por sus gafas redondas. Junto con Lydia Bosch y Silvia Marsó, Victoria Abril -que se ocupaba de contabilizar el dinero ganado por los participantes con sus respuestas- se convirtió en una de las más populares.
Divorciada del futbolista chileno Gustavo Laube, tuvo dos hijos con el prestigioso director de fotografía Gérard de Battista, Martín y Félix, con los que se fue a vivir a finales de los 80 en París. "Me fui porque no pueden fotografiarlos y hacer de ellos unos imbéciles, hasta que se lo merezcan. Estuve a punto de morir por dejar atrás a la prensa con ellos y casi tuve un accidente en coche, como la princesa ésa". También estuvo unida sentimentalmente al productor francés Pierre Edelman. Muy integrada en la industria del cine galo, no para de rodar allí títulos como Felpudo Maldito, Casque bleu, La mujer del cosmonauta o ¡Mamá, preséntame a papá!, de desigual calidad.
La intérprete madrileña llegó a trabajar a las órdenes del japonés Nagisa Oshima, en Max, mi amor, encarnando a una sirvienta. Victoria Abril emprendió también la aventura americana con Jimmy Hollywood, de Barrry Levinson, pero los malos resultados artísticos y de taquilla, y el hecho de que el inglés de la actriz no sea tan bueno como su francés o su italiano, dieron al traste con sus aspiraciones en la meca del cine.