"La creatividad es la única cura para la depresión",
dijo Vittorio Storaro. El hombre que ha pasado décadas impidiendo que se
depriman los cinéfilos de todo el mundo con su inigualable creatividad, pasará
a la Historia del Cine como uno de los más grandes directores de fotografía de
todos los tiempos. Su influencia en el cine actual es enorme, pues sus
películas, sobre todo Apocalypse Now, han contribuido a que hoy en día
el Séptimo Arte sea eminentemente visual.
Nacido el 24 de junio de 1940 en la capital italiana,
Vittorio Storaro era hijo de un humilde proyeccionista de cine que le inculcó
el amor por las imágenes. A los 11 años ya empezó a estudiar fotografía, en una
escuela técnica. A los 18 se convirtió en uno de los más jóvenes estudiantes
del Centro Sperimentale di Cinematografia, una de las escuelas de cine más
prestigiosas y antiguas de Europa. Cuando tenía 20 años empezó a trabajar como
asistente, y pronto asciende a operador de cámara. Una crisis en el sector
cinematográfico le mantiene alejado de la industria durante un tiempo, que
dedica a visitar museos de arte, y a estudiar los trabajos de los grandes
pintores de la historia, que tanto le inspirarían posteriormente a la hora de
crear imágenes.
En 1966, Storaro regresó al cine, como ayudante de cámara en
Antes de la revolución, la segunda
película del entonces jovencísimo Bernardo Bertolucci. En el drama Giovinezza,
Giovinezza aparece acreditado por primera
vez en solitario como director de fotografía. Tras El pájaro de las
plumas de cristal, una cinta de terror con
Dario Argento, Storaro filma a las órdenes de Bertolucci su primera gran obra
maestra visual, La estrategia de la araña, basada en un relato de Jorge Luis Borges, que él filmó dando
prioridad al color azul. Marcó además el principio de una gran amistad, ya que
desde entonces Bertolucci evita arriesgarse a filmar sin el hombre que ha
rodado sus más conocidas películas: El inconformista, El último tango en París, Novecento, La luna, El
último emperador, El cielo
protector y El pequeño Buda. Por su parte, Storaro siempre se ha sentido como
pez en el agua con su compatriota, pues le ha dado rienda suelta para
experimentar y crear planos irrepetibles.
El otro director clave en la carrera de Storaro fue Francis
Ford Coppola, que visitó el rodaje de El último tango en París. Ambos mantuvieron una animada conversación, durante
la cual el italoamericano le expresó su admiración, y le dijo que había visto El
conformista, había quedado deslumbrado, y
quería una iluminación similar para la segunda parte de El padrino. Le ofreció irse a rodarla con él a Estados Unidos,
pero contra todo pronóstico, Storaro decidió no aceptar. Él se había quedado
deslumbrado con la fotografía que había elaborado para la primera parte Gordon
Willis, y creía que no tenía que sustituirle. Efectivamente, Coppola acabó
reclutando de nuevo a Willis, aunque no se quitó de la cabeza la idea de
ofrecer otro proyecto a Storaro. Fue su primera elección para Apocalypse
Now, aunque le costó convencerle, ya que
éste le animó a volver a fichar de nuevo a Willis. "Se rodará fuera de Estados
Unidos y a Willis no le gusta desplazarse, ni tampoco rodar en exteriores",
tuvo que alegar Coppola, para vencer sus reticencias. Aún así, el italiano no
las tenía todas consigo. "Me preocupaba mucho tener que rodar una película
bélica, porque suelen salir muchos soldados, helicópteros, etc., que no pueden
esperar a que termines de preparar los focos y las cámaras. Además, la guerra
de Vietnam no era un tema que en nuestro país nos preocupara especialmente",
declaró Storaro. Por si fuera poco, no se encontraba a gusto a las órdenes de
un extranjero, por mucho que Coppola presumiera de sus raíces italianas. Al
final, éste le dio manga ancha para filmar, le ofreció un sustancioso contrato,
y aceptó que Storaro se llevara a sus técnicos habituales y que revelara todo
el metraje en el laboratorio de Technicolor de Roma, lo que en la práctica dio
muchos problemas, ya que la cinta se filmó en Filipinas y todo lo que se rodaba
se mandaba a la capital italiana desde donde tenía que ser otra vez devuelto a
Coppola, que tardaba una semana en saber si tenía que repetir algún plano.
En busca de inspiración, Storaro leyó 'El corazón de las
tinieblas', la obra original de Joseph Conrad en la que se basó el film, cuya
idea central le daría la idea que buscaba. Si el libro giraba en torno a la
superposición de una cultura sobre otra, él rodaría sus planos con luz
artificial superponiéndose a la luz natural. Además, le sacó mucho partido a la
luz anaranjada típicamente asiática. Aunque estaban previstas seis semanas de
trabajo, al final fueron 16, y el rodaje se convirtió en un infierno marcado
por un aluvión de dificultades inesperadas, como un tifón que destruyó los decorados,
o la inestabilidad del clima, que provocaba constantes cambios en los planes de
rodaje. Para colmo de males, a Coppola le afectó tanto lo que ocurría, que
cambiaba constantemente el guión, y acabó mandando que se filmaran imágenes que
no se sabía muy bien cómo encajarían en el film. A pesar de todo, el resultado
es sin duda una de las películas más vistosas y espectaculares jamás filmadas,
lo que se saldó con el primer Oscar recibido por Storaro. Posteriormente,
volvería a ganar la estatuilla por Rojos
y la citada El último emperador.
Al final de la aventura de Apocalypse Now, Storaro pasó un tiempo alejado del cine, tratando
de autoconocerse a sí mismo, y reflexionando sobre su oficio y el arte. Coppola
decidió volver a reclutarle para su proyecto experimental Corazonada, un musical sobre Las Vegas que supuso un
estrepitoso fracaso de taquilla. Con Coppola, Storaro también ha rodado 'Vida
sin Zoe', uno de los tres segmentos de Historias de Nueva York, y Tucker, un hombre y su sueño.
Además de realizar trabajos memorables para producciones variopintas, como Lady Halcón, Ishtar, Bulworth, Cachitos picantes, Dick Tracy, o El exorcista: El comienzo, Storaro mantuvo una colaboración regular con el
cineasta español Carlos Saura. Su relación profesional comenzó en 1995, con Flamenco, un monumental espectáculo visual y musical, sin
argumento. En la misma línea irían sus siguientes colaboraciones, Taxi, Tango
y Goya en Burdeos, de argumento
más bien mínimo, que sirve como mera excusa para que Saura deje una libertad
absoluta al director de fotografía.
Storaro
tuvo tiempo de plasmar su particular visión de la fotografía en el libro
'Escribir con la luz', imprescindible para todos aquellos que quieran seguir
sus pasos trabajando en el cine. Además, desarrolló el sistema Univision, que
tiene un formato de 2:1, que Storaro considera mejor que el 2.35:1 o el 1.85:1
que se usan habitualmente. Usó este sistema para rodar la serie televisiva Dune
(2000).